Ese ya no es el príncipe del Rap

Por @kurenai_alex

Para quienes somos fanáticos del cine, casi cualquier película resulta digna de verse. Contamos con una tolerancia suprema a una amplia variedad de contenidos, que pueden ir desde las películas de acción del estilo Hobbs & Shaw (David Leitch, 2019) hasta obras maestras de la cinematografía como Bronenósets Potiomkin (Sergei Eisenstein, 1925). Cada una de estas películas aporta una perspectiva distinta del significado del cine, y cubre la necesidad de un público.

En este sentido, no se puede observar una película de acción con la misma perspectiva crítica que se observa otro género, puesto que cada una cuenta con una intencionalidad diferente. Gemini Man, por ejemplo, se acerca mucho más a la línea de Hobbs & Shaw que a la de Bronenósets Potiomkin: sí, es una película de acción, bastante entretenida.

Con todos, pero absolutamente todos, los clichés de las películas del género de acción Ang Lee, con ayuda de Jerry Bruckheimer (y otros nombres que no aparecen en letras tan grandes) como productor, presenta la historia de Henry Brogan, un asesino profesional a cargo del gobierno estadounidense, quien después de una extensa y brillante carrera deshaciéndose de los malos decide retirarse para vivir en soledad, en su pacifica cabaña en medio del bosque. Pero, justo después de su último trabajo, descubre que ha sido engañado puesto que su último blanco, lejos de ser el temido criminal que le mostraron en el expediente, era un reconocido científico ruso que planeaba regresar a su país.

Es así que Henry termina envuelto en un nuevo caso: el suyo. Pues ahora que conoce el secreto la agencia hará lo que sea necesario para eliminarlo, aunque ello signifique enviarlo a él mismo a destruirse.

Sí, como mencioné, la película no cuenta con ninguna sorpresa, ni una chiquita. Desde el título ya se anunciaba la posible presencia de un doble; con la salida del trailer la idea quedó confirmada: Will Smith se enfrentaría a… sí, Will Smith, aunque treinta años más joven. Con un anticipo tan descarado del argumento lo único que el espectador podía esperar era una ingeniosa manera de mover la trama, o por lo menos, un montón de escenas de acción.

Will Smith in Gemini Man from Paramount Pictures, Skydance and Jerry Bruckheimer Films.

Ang Lee cumplió con lo segundo. Los movimientos de cámara desde luego pertenecen a los usos normales del género: encuadres abiertos, planos holandeses, además de planos contra planos para volver ágiles los enfrentamientos y brindarnos la ilusión de extrema movilidad, pero todos ellos cuentan con una maestría impresionante, que corrió a cargo de Dion Beebe. No existen errores de secuencia y los lugares aparecen retratando de forma sumamente estética cada uno de los escenarios filmados. Esta es una de las pocas películas en donde podemos ver a Cartagena como una hermosa ciudad turística en donde jamás se realiza ningún tipo de alusión a narcotráfico.

Asimismo, la secuencia en la Ciudad Amurallada y lugares anexos es la más impresionante de toda la película. Es precisamente en esos escenarios en donde Henry se encuentra por primera vez con su yo juvenil, desatando una vehemente persecución en la que si bien ambos persiguen fines distintos, sus actos decidirán quién de los dos es mejor. Una batalla de habilidades y conocimientos entre la experiencia y la juventud.

Por desgracia, esta persecución rebasa el resto de los enfrentamientos realizados a lo largo de la película, después de ver a los Smith persiguiéndose y atacándose con todas las herramientas y trucos disponibles, ya ningún otro encuentro parece interesante. Incluso la pelea final, en la que se supone llega el clímax de la historia parece más una justificación para terminar el filme que un verdadero enfrentamiento con la mente maestra detrás de todo el enredo.

Pese a esos defectos, algunos discretos huecos argumentales, o la premura para llevar de un lado a otro las escenas de acción, Gemini Man logra sostenerse como película de acción. Lo verdaderamente terrible es el CGI, aunque al inicio el joven Smith logra parecer creíble, pasada la mitad de la película da la impresión de que se les acabo el presupuesto o les dio pereza retocar al personaje, parece que estamos viendo las gesticulaciones de Caesar en Rise of the Planet of the Apes (Rupert Wyatt, 2001) y no al «príncipe de Bel-Air». Lo peor es cuando se les ocurre hacerle close up, porque casi podemos ver los pixeles que arreglaron.

Eso sí, la película bien puede entrar en el espectro de películas para sobre analizar, puesto que la idea principal de la pelea con el «yo», y el enfrentamiento con los errores del pasado y la visión del futuro siempre darán de qué hablar, pues como bien señaló Slavoj Žižek «el rostro es así el fetiche máximo, el objeto que completa (oscurece) la castración (inconsistencia, fatal) del gran Otro, el abismo de su circularidad».

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