La tumba de las luciérnagas

La obra maestra de Isao Takahata

Por kurenai_alex

La frialdad de los sentimientos humanos, la guerra, la pérdida de la inocencia y la comprensión del significado de la muerte a través de una conmovedora historia es lo que muestra Isao Takahata en: La tumba de las luciérnagas (Hotaru no haka).

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

Esta película del año 1988 es uno de los retratos más impresionantes, realizado en forma de animación, que muestra perfectamente las consecuencias de uno de los acontecimientos que paralizaron una parte del mundo: la Segunda Guerra Mundial, y su impacto a nivel económico, humanista y sociocultural. 

Desde las primeras escenas el corazón se paraliza con la visión de un pequeño de 14 años que pierde la vida en una estación de tren, mientras la gente camina indiferente o asqueada a su alrededor. Al verlo, los guardias, sólo pueden exclamar «otro muerto»; en una época en la que los muertos eran historia de todos los días ya no existía cabida para la sorpresa o la compasión. Pero, detrás de cada uno de los cadáveres que amanecían en las calles había una historia, y ese relato es el que transmite Takahata.

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

Seita, de 14 años, y su hermanita Satsuko de apenas cuatro años quedan desamparados luego de un bombardeo en la zona de Kobe. Su padre, oficial de la marina, se encuentra en el frente, y su madre pierde la vida al quedar malherida en un bombardeo. Así los dos pequeños quedan bajo el resguardo de su tía. Lo único que llevan consigo son las últimas reservas de alimentos que guardaban en casa y los kimonos de su madre, que tienen que vender para conseguir comida. Mientras tanto, a costa de tener que ocultar su propio tormento, Seita, intenta por todos los medios mantener la muerte de su madre en secreto para evitar que su hermanita se enfrente a ello. 

Durante la crisis es cuando se aprecia la verdadera naturaleza humana, y pronto la tía comienza a sentirse fastidiada por la presencia de los niños, que si bien no aportan nada al hogar, hablando en términos económicos, sí que consumen los escasos insumos con los que cuenta la familia. Cansado del acoso de su tía, Seita decide que lo mejor es vivir por su propia cuenta haciéndose cargo de su hermana. Por desgracia, el niño no alcanza a calibrar las consecuencias que pueden implicar sus decisiones. 

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

La tumba de las luciérnagas es un retrato particular que engloba de forma general la historia de miles de personas en los años 40. Si bien puede parecer una historia cruda y demasiado explícita para ser considerada cine infantil, lo cierto es que es precisamente por ello que resulta tan ilustrativa. Los Estudios Ghibli siempre se han caracterizado por plasmar en sus animaciones historias que no subestiman a los niños, sino por el contrario los conceptualiza como seres pensantes capaces de reflexionar acerca de todo tipo de situaciones, por medio de la animación. Pese a ello, en México, la clasificación de la película se mantiene en «no recomendada para menores de 12 años».  

La película de Takahata está basada en el libro de Akiyuki Nosaka, que lleva el mismo título. El autor de la novela intentó plasmar sus propias impresiones basándose por completo en los acontecimientos a los que se vio sometido en el período de la guerra, lo que convierte a esta historia en una reseña semi biográfica. Por ello, mas que centrarse en mostrar las escenas clásicas de los soldados muriendo en el frente, los mandatarios sufriendo desde sus oficinas o los colosales enfrentamientos entre los ejércitos, La tumba de las luciérnagas se encarga de realizar una fotografía de la indiferencia frente al sufrimiento ajeno desde un punto de vista íntimo y personal.

Con esta película los Estudios Ghibli, salieron por completo de los esquemas establecidos en sus producciones anteriores, (de hecho también en las que realizaron posteriormente). Pese a la crudeza del tema tratado, la paleta de color continúa con los esquemas regulares de Ghibli: colores cálidos y brillantes que contrastan con las trágicas escenas. El diseño de personajes cuenta con tintes más realistas, dejando de lado los dibujos de pieles pulidas y perfectas. 

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

Pese al reconocimiento mundial, los galardones recibidos y las críticas favorables, la fama que alcanzó la película entre el público se vio un tanto opacada por la popularidad que adquiriera Mi vecino Totoro, película de Hayao Miyazaki, lanzada también por Ghibli el mismo día que La tumba de las luciérnagas. De acuerdo con las declaraciones de ambos directores lo que intentaban era mostrar las contrastantes perspectivas de la vida infantil desde dos puntos de vista totalmente distintos; sin embargo, ello perjudico el impacto que podría haber generado la película de Takahata.

Mientras que Mi vecino Totoro se posicionó rápidamente en el gusto del público, La tumba de las luciérnagas se quedó rezagada por completo, sobre todo en cuanto a merchandising se refiere. Hoy la imagen de Totoro es el logotipo oficial de los Estudios Ghibli, y existen tantos artilugios de este personaje, que ha trascendido fronteras y generaciones, como granos de arena en el mar.  En las convenciones de animación, las tiendas especializadas y hasta en los centros comerciales podemos ver tazas, mochilas, peluches, ropa, gorras y demás artefactos misteriosos que se relacionan con el personaje. Totoro se ha vuelto tan conocido que incluso hizo su aparición en una película de Toy Story de Walt Disney Pixar. 

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

En cambio, el éxito que rodeó a la película de Takahata fue moderado, y no se acerca ni un ápice a la enorme cantidad de fanáticos que generó  la película de Miyazaki.

Desde luego ambas animaciones tienen su propio crédito y cuentan con distintos puntos a favor. No cabe dudad que Mi vecino Totoro es también una magnífica animación. Pero la historia que Takahata se atrevió a mostrar es de un estilo mucho más reflexivo, lo que obliga de cierta forma al espectador a enfrentarse con una realidad que continúa vigente hasta nuestros días y a la cual estamos acostumbrados a escapar; puesto que el tema del nacionalismo como pretexto para desencadenar las encarnizadas luchas entre iguales, la violencia, injusticia y el individualismo, no son situaciones que se hayan terminado con la Segunda Guerra Mundial    

En años recientes, con motivo de la conmemoración del 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, la NTV lanzó una versión de esta historia en live action, dirigida por Toya Sato. Y en 2008, Taro Hyugaji realizó su propia versión. Mas ninguna de las dos cintas fue capaz de lograr el efecto de la versión animada, que es por mucho una de las mejores películas realizadas por los Estudios Ghibli, una cinta reflexiva con tintes humanistas, y un retrato perfecto de la sociedad en general. 

Título: Hotaru no haka; País: Japón; Género: animación/drama; Director: Isao Takahata; Guión: Isao Takahata y  Akiyuki Nosaka (basados en la novela homónima)

En el hoyo

«A todo se acostumbra uno, a todo menos al trabajo»

Por kurenai_alex

Con la participación del director Juan Carlos Rulfo, la editora Valentina Leduc, y la conducción del cineasta Juan Antonio de la Riva, este jueves 24 de octubre se presentó En el hoyo, como parte de las conferencias Conversando con nuestros cineastas, realizadas en la Cineteca Nacional de México para acercar al público a los creadores del cine.

Carlos Rulfo y Valentina Leduc en Conversando con nuestros cineastas
Foto de Manuel Pineda

Grabada entre los años 2003 y 2005, En el hoyo es una producción mexicana que, de acuerdo con su director, trata de mostrar la parte humana dentro de las monumentales construcciones del segundo piso del Periférico, obra realizada por el gobierno del entonces Distrito Federal con la finalidad de agilizar la movilidad de los ciudadanos.

Desde el inicio la cámara de Rulfo se acerca a los constructores y su espacio de trabajo como un personaje más. No existe en la película la pretensión de mostrarnos de manera naturalista la realidad de quienes exponen sus vidas, con precarias formas de seguridad física y social, para concretar las construcciones que se les atribuyen a otros; la película, por el contrario, sumerge al espectador en las rutinas, los pensamientos, los deberes y las percepciones de los trabajadores.

Juan Antonio de la Riva en Conversando con nuestros cineastas
Foto de Manuel Pineda

Cada encuadre establece un diálogo entre el espectador, el personaje en pantalla y el ambiente en que se mueven. La estructura de la película nos lleva siempre a los escenarios detrás de lo evidente: quien construye la obra, pero también, quién es ese personaje detrás de su papel como constructor; pues al mismo tiempo que la cámara nos adentra en las entrañas del monstruo en construcción, nos lleva también a conocer la intimidad de quienes lo constituyen. El movimiento y el paso del tiempo son elementos visibles a través del avance de la obra, pero también en la relación construida entre los personajes, que fungen como protagonistas de la historia.

La edición del material contribuye enormemente a brindarle movilidad al metraje, los timelapse, las tomas aéreas, los encuadres desde puntos elevados, y los recorridos a lo largo de las zonas de trabajo ilustran además ese otro mundo que se encuentra detrás de las barreras de seguridad vial: un mundo que ignoramos por completo en nuestro papel externo a él.

En contraste con la cohesión que existe entre todos los trabajadores, que conocen sus funciones y las desempeñan con precisión, de acuerdo a las herramientas que poseen, vemos también el desastre detrás de las barreras. Los accesos viales saturados, el ruido de los cláxones, la molestia de transeúntes, conductores y policías de transito, enfurecidos contra los constructores pero al mismo tiempo completamente ajenos a ellos. El tiempo en la construcción se mueve distinto.

Es en este punto que la mezcla de sonido juega un papel clave. Construida con los sonidos de la propia construcción, es capaz de crear melodías que saturan el oído y nos ayudan a reconocer los silencios, incluidos en la película como otra capa de contraste: la contaminación auditiva en contraposición al silencio y la tranquilidad.

Sin duda esta es una película documental interesante y novedosa que trata de ofrecer una perspectiva más amplia de uno de los mundos existentes en esta caótica e inmensa ciudad sin caer en el dramatismo o en la sobre exposición de los temas lacrimógenos festivaleros.

Gemini Man

Ese ya no es el príncipe del Rap

Por @kurenai_alex

Para quienes somos fanáticos del cine, casi cualquier película resulta digna de verse. Contamos con una tolerancia suprema a una amplia variedad de contenidos, que pueden ir desde las películas de acción del estilo Hobbs & Shaw (David Leitch, 2019) hasta obras maestras de la cinematografía como Bronenósets Potiomkin (Sergei Eisenstein, 1925). Cada una de estas películas aporta una perspectiva distinta del significado del cine, y cubre la necesidad de un público.

En este sentido, no se puede observar una película de acción con la misma perspectiva crítica que se observa otro género, puesto que cada una cuenta con una intencionalidad diferente. Gemini Man, por ejemplo, se acerca mucho más a la línea de Hobbs & Shaw que a la de Bronenósets Potiomkin: sí, es una película de acción, bastante entretenida.

Con todos, pero absolutamente todos, los clichés de las películas del género de acción Ang Lee, con ayuda de Jerry Bruckheimer (y otros nombres que no aparecen en letras tan grandes) como productor, presenta la historia de Henry Brogan, un asesino profesional a cargo del gobierno estadounidense, quien después de una extensa y brillante carrera deshaciéndose de los malos decide retirarse para vivir en soledad, en su pacifica cabaña en medio del bosque. Pero, justo después de su último trabajo, descubre que ha sido engañado puesto que su último blanco, lejos de ser el temido criminal que le mostraron en el expediente, era un reconocido científico ruso que planeaba regresar a su país.

Es así que Henry termina envuelto en un nuevo caso: el suyo. Pues ahora que conoce el secreto la agencia hará lo que sea necesario para eliminarlo, aunque ello signifique enviarlo a él mismo a destruirse.

Sí, como mencioné, la película no cuenta con ninguna sorpresa, ni una chiquita. Desde el título ya se anunciaba la posible presencia de un doble; con la salida del trailer la idea quedó confirmada: Will Smith se enfrentaría a… sí, Will Smith, aunque treinta años más joven. Con un anticipo tan descarado del argumento lo único que el espectador podía esperar era una ingeniosa manera de mover la trama, o por lo menos, un montón de escenas de acción.

Will Smith in Gemini Man from Paramount Pictures, Skydance and Jerry Bruckheimer Films.

Ang Lee cumplió con lo segundo. Los movimientos de cámara desde luego pertenecen a los usos normales del género: encuadres abiertos, planos holandeses, además de planos contra planos para volver ágiles los enfrentamientos y brindarnos la ilusión de extrema movilidad, pero todos ellos cuentan con una maestría impresionante, que corrió a cargo de Dion Beebe. No existen errores de secuencia y los lugares aparecen retratando de forma sumamente estética cada uno de los escenarios filmados. Esta es una de las pocas películas en donde podemos ver a Cartagena como una hermosa ciudad turística en donde jamás se realiza ningún tipo de alusión a narcotráfico.

Asimismo, la secuencia en la Ciudad Amurallada y lugares anexos es la más impresionante de toda la película. Es precisamente en esos escenarios en donde Henry se encuentra por primera vez con su yo juvenil, desatando una vehemente persecución en la que si bien ambos persiguen fines distintos, sus actos decidirán quién de los dos es mejor. Una batalla de habilidades y conocimientos entre la experiencia y la juventud.

Por desgracia, esta persecución rebasa el resto de los enfrentamientos realizados a lo largo de la película, después de ver a los Smith persiguiéndose y atacándose con todas las herramientas y trucos disponibles, ya ningún otro encuentro parece interesante. Incluso la pelea final, en la que se supone llega el clímax de la historia parece más una justificación para terminar el filme que un verdadero enfrentamiento con la mente maestra detrás de todo el enredo.

Pese a esos defectos, algunos discretos huecos argumentales, o la premura para llevar de un lado a otro las escenas de acción, Gemini Man logra sostenerse como película de acción. Lo verdaderamente terrible es el CGI, aunque al inicio el joven Smith logra parecer creíble, pasada la mitad de la película da la impresión de que se les acabo el presupuesto o les dio pereza retocar al personaje, parece que estamos viendo las gesticulaciones de Caesar en Rise of the Planet of the Apes (Rupert Wyatt, 2001) y no al «príncipe de Bel-Air». Lo peor es cuando se les ocurre hacerle close up, porque casi podemos ver los pixeles que arreglaron.

Eso sí, la película bien puede entrar en el espectro de películas para sobre analizar, puesto que la idea principal de la pelea con el «yo», y el enfrentamiento con los errores del pasado y la visión del futuro siempre darán de qué hablar, pues como bien señaló Slavoj Žižek «el rostro es así el fetiche máximo, el objeto que completa (oscurece) la castración (inconsistencia, fatal) del gran Otro, el abismo de su circularidad».

Mercy Black

¿Dónde está mi posesión? ¿Dónde está mi posesión?

Existe una curiosa propensión en las salas de cine al momento de presentar una película: la pésima traducción de los títulos de filmes de otros países. Entiendo que sea imperativo llamar la atención del público para que asista a ver las películas, lo que no logro comprender es esa tendencia misteriosa a inventarse títulos. Este fenómeno se ve en películas de todos los tipos, en México, por ejemplo, basta recordar Cruzada (Kingdom of Heaven, 2005), Niñera a prueba de balas (The Pacifier, 2005), El engendro (The Astronaut’s Wife, 1999), Un muerto… pero de risa (Weekend at Bernie’s, 1989), o Loca academia de policía (Police Academy, 1984), sólo por mencionar algunos.

Sin embargo, el cine de terror es el que se lleva las palmas. Hemos visto títulos como El legado del diablo (Hereditary), La maldición de Thelma (Thelma), En el Vientre del Diablo (Malicious), El terror no espera la noche (Midsommar), Hijo de la oscuridad (Brightburn), ¿de verdad los encargados de poner los títulos para su exhibición creen que si no le ponen «mal», «diablo», «siniestro» o «endemoniado» la gente no irá a ver las películas? La última gracia de estos mordaces encargados de titular no es Anna: el peligro tiene nombre (Anna); sino Mercy Black a la cual se les ocurrió llamar La posesión de Mercy Black.

Bastante desilusionado sale uno de la sala después de ver que lo mejor de la película estaba en el trailer como para todavía tener que preguntarse a qué hora iban a poseer a alguien.

Mercy Black es otra de esas engañosas películas que juegan con los sentimientos de los amantes del terror. No sólo fue anunciada con la garantía de Blumhouse, productora que ha llevado a las pantallas películas como Paranormal Activity, Insidious o Sinister; también contaba con una premisa novedosa: un par de niñas decide asesinar a una tercera en el bosque como ofrenda para Mercy Black, un ente que promete hacer tus deseos realidad a cambio de dolor, sangre y carne.

Janeane Garofalo y Miles Emmons en Mercy Black (Owen Egerton, 2019)

La idea lucía interesante: el poder de la sugestión y el deseo capaces de trastornar hasta a los más inocentes. Pero lejos de llevar la trama por ahí, la película se deshace en clichés. Durante la primera media hora de película ya vimos todos los sustos del género. La puerta que se abre sola, las voces que te llaman a media noche, el niño escondido en el clóset, la sombra que cruza el corredor, la muerte de la mascota, el golpe en la ventana, la escena del fantasma en la tina, y hasta la presentación del ente maléfico que al final resulta ser una pesadilla.

El resto de la película se torna lento, con sustos predecibles, movimientos de cámara obvios, y personajes estereotipo. Desde luego sé que el cine se mueve con estereotipos para lograr que el público comprenda rápido la historia y se adentre en ella, pero esta película es el colmo. Y cuando parece que esta por salvarse con un giro inesperado en el argumento, ¡pum! vuelve a caer pero más y más bajo.

El muñeco malo de ropa vieja y Miles Emmons en Mercy Black (Owen Egerton, 2019)

¿Qué pasa con el cine de terror que llega a las salas? ¿Porqué desprecia tanto al espectador? ¿A caso los horror-fanáticos no merecemos también contenidos de calidad que logren asustarnos? Y encima vienen los encargados de poner los títulos y nos prometen una «posesión» que nunca llegará, porque por principio la película no llevaba ese nombre. ¿Acaso quienes titulan las películas no las ven antes de ponerles nombres como El bosque maldito (The Hole in the Ground ) o Cadáver (The Possession of Hannah Grace).

Siguiendo los ejemplos anteriores, Mercy Black bien pudo llamarse «El malvado fantasma de trapo que nos asedia por ratos», quizá con un título así hubiese resultado menos decepcionante.

Las edades de Lulú

¿Erotismo o soft porn?

Todas las personas tienen fantasías. La RAE las define como la: «facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar los ideales en forma sensible o de idealizar las reales». Sin embargo, ¿qué es lo que ocurre cuando esas fantasías se forman como una vía de escape por culpa de la frustración? Y peor aún, ¿qué pasa cuando nos arrastran a lugares oscuros con el fin de cumplirlas?

Ese es precisamente uno de los temas que aborda el libro  de Las edades de Lulú, de la escritora española Almudena Grandes. Publicada en 1989, la novela recibió una gran aceptación. Está narrada en primera persona y cuenta las impresiones de Lulú sobre su vida y sus problemas.

La trama  es sencilla. Todo comienza con una película porno. Sí, así como lo lee. La novela comienza con una narración por demás descriptiva de una escena pornográfica en la que aparecen dos hombres y una mujer teniendo relaciones sexuales: «Ellos, sus hermosos rostros, flanqueaban a derecha e izquierda al primer actor, que entonces no pude identificar, tal era la confusión en la que aquella radiante amalgama de cuerpos me había sumido previamente. La carne perfecta, reluciente, parecía hundirse satisfecha en sí misma sin trauma alguno, sujeto y objeto de un placer completo, redondo, autónomo, tan distinto del que sugieren esos anos mezquinos, fruncidos, permanentemente contraídos en una mueca dolorosa e irreparable» (Almudena Grandes, Las edades de Lulú, 1989).  

Conforme las páginas avanzan, Lulú narra su historia, su vida enamorada de Pablo, el mejor amigo de su hermano, su iniciación en la vida sexual y ésta como base para su posterior matrimonio. Luego de una tranquila y aparentemente feliz vida con Pablo, Lulú comienza a sentir las repercusiones del sexo como parte primordial para construir una relación, lo cual la vuelve inestable y desconfiada, por lo que decide apartarse de la comodidad de la vida en pareja y buscar en nuevos horizontes la tan anhelada paz mental de la que carece.

El tema principal de la novela resulta por demás trillado. Sin embargo como el sexo vende, y al final el cine no deja de ser industria, en 1990 el director español Juan José Bigas Luna decidió realizar su adaptación cinematográfica.

Óscar Ladoire y Francesca Neri en Las edades de Lulú (Bigas Luna, 1990)

Para la película se contó con las actuaciones de: Francesca Neri (Lulú), Óscar Ladoire (Pablo), María Barranco (Ely), Fernando Guillén Cuervo (Marcelo), Rosana Pastor (Chelo) y Javier Bardem como Jimmy.     

Aunque con un orden cronológico distinto, la película resultó bastante fiel a la novela y se enfocó en mostrar 95 minutos de cinta con una gran carga sexual para regocijo de quienes gozan de éste tipo de películas. Lo cierto es que no había mucho que hacer en el caso de la historia de Lulú, puesto que la novela ya era de por sí explícita en cuanto a las escenas de sexo se refiere. 

Si lo vemos desde un punto de vista positivo, sí, Las edades de Lulú habla sobre «la evolución de la vida sexual», «la sumisión» y «el alcance de la madurez»; mas no por ello deja de ser una película bastante vacía, que se aleja mucho de otras obras de Bigas Luna que optan por las referencias oníricas y los personajes humanos sin caer en el naturalismo. 

Óscar Ladoire y Francesca Neri en Las edades de Lulú (Bigas Luna, 1990)

Pese a que la crítica la ha favorecido, como no lo hizo con muchas otras que abordaban temas similares con la misma tendencia a utilizar el erotismo como vía, y es considerada una joya del cine erótico y del cine español, no deja de ser una película basada en una historia movida únicamente por el sexo, en la que las escenas eróticas carecen de razón de ser. 

Mas no por ello hay que negar y menos demeritar el esfuerzo en conjunto que llevó a cabo la producción de esta cinta. Las actuaciones son buenas y la dirección consiguió de forma perfecta cristalizar la historia de una novela de gran extensión en menos de dos horas. Así que si lo que buscas es pasar un rato entretenido con una película de ritmo lento con cualidades para ser sobre analizada, esta es la mejor opción. Ve Las edades de Lulú y juzga tú mismo si las escenas eróticas podrían ser o no sustituidas por el diálogo sin dañar en lo más mínimo la trama de la historia, aunque eso sí tornándola un tanto más plana y menos atractiva para las personas. 

Título original: Las edades de Lulú; Año: 1990; País: España; Director: Bigas Luna; Guión: Almudena Grandes y Bigas Luna; Música: Carlos Segarra; Fotografía: Fernando Arribas; Reparto: Francesca Neri, Óscar Ladoire, Javier Bardem, Fernando Gillén Cuervo, Rosana Pastor, Juan Graell; Género: Drama, erótico

Danzón

«El cine es un juego de miradas» María Rojo

Por @kurenai_alex

Este jueves 10 de octubre se presentó en la Cineteca Nacional de México Danzón, película de 1991 dirigida por María Novaro. Con esta presentación se concluyó el ciclo Conversando con nuestros protagonistas, dedicado a María Rojo. La actriz, quien estuvo presente durante la exhibición de esta versión restaurada de la película, destacó la trascendencia de las producciones realizadas de manera independiente durante la época en que las ficheras seguían siendo el tipo de cine con mayor producción y presupuesto.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva, Conversando con nuestros protagonistas, 2019
Foto: Manuel Pineda

La actriz detalló además la manera en que María Novaro construyó la historia que logró ganarse a la crítica a nivel internacional, e incluso hacerlos pensar que la ciudad de Veracruz era un set, puesto que «no podía existir en México un lugar tan hermoso y pintoresco».

Danzón es realmente una película hermosa. Como parte de los aspectos técnicos destaca la precisión con la que la cámara se mueve en dos dimensiones, primero en encuadres muy abiertos que nos dejan ser parte de los escenarios y en segundo lugar, como una espía que se acerca lo más posible a los rostros de los personajes delatando los sentimientos que experimentan.

A través de la conjunción de esos movimientos cinematográficos y la música, que ocupa gran parte del metraje, conocemos a Julia, una telefonista que trabaja en el Distrito Federal comunicando llamadas de larga distancia. Su pasión más grande es el baile, sobre todo el danzón. A diferencia de sus compañeras de trabajo y su propia hija adolescente, Julia no desea entablar una relación ni sentimental ni sexual con algún sujeto, ella es feliz con Carmelo Benítez, un hombre en los cincuenta con quien se ha reunido por seis años para bailar. Todo parece perfecto para Julia hasta el día en que Carmelo no asiste al salón de baile.

Después de algunos días de esperarlo, y tras una serie de búsquedas infructuosas, Julia emprende un viaje rumbo a Veracruz con la finalidad de traer de vuelta a su pareja de baile. Pero ella no cuenta con que ese viaje le traerá muchas más aventuras de las que espera.

Aunque así podemos sintetizar la historia, una sinopsis no le hace justicia a esta película que de verdad logró crear un espacio diegético digno de análisis y halagos. Todo el trabajo se constituye con una mezcla perfecta entre la música, los diálogos y la imagen.

María Rojo y Daniel Rergis en Danzón (María Novaro, 1991)

Pero, aunque la música es fundamental para conducir el argumento, no presenciaremos aquí ningún número musical lleno de parafernalia, cortes rápidos y figuras populares, estilo acostumbrado durante la Época de oro del cine mexicano; por el contrario, la música aparece como personaje y se adentra de manera sutil, ya sea como parte de los salones de baile o como melodía entonada por Carmen Salinas, quien en esta película tuvo una participación encomiable, en la que deja de lado el estereotipo en que la sumergió la televisión mexicana, para mostrar una faceta diferente: una mujer con alto grado de empatía que no se deja arrastrar por los sufrimientos cotidianos; consejera, compañera y cómplice de quien en ella busca apoyo.

En este punto, los personajes se alejan de los clichés del cine mexicano, puesto que el universo que retrata Novaro no busca exhibir de manera naturalista los pesares de los menos favorecidos, o hacer uso de frases populares para lograr identificación; busca otorgarle fidelidad a la historia, ello desde luego conlleva la inserción de personajes tipo, pero éstos nunca caen en lo burdo o exagerado.

María Rojo y Tito Vasconcelos en Danzón (María Novaro, 1991)

En medio de esos personajes humanos y reales se encuentran también los leitmotiv: vinilos, zapatos de tacón, miradas esquivas y seductoras, sonrisas espontáneas y lágrimas vivas, que son acompañadas al ritmo de la música de Luis Arcaraz, Toña La Negra, Agustín Lara, Consuelo Velázquez, Felipe Pérez, Pepe Luis o las danzoneras Alma del Sotavento y Dimas de los Hermanos Pérez.

Además destaca el trabajo para hacer girar un sin número de subtemas alrededor de la historia principal: romance, traición, pasión, deseo sexual, introspección, búsqueda, prostitución, homosexualidad, todos ellos retratados sin reminiscencias lacrimógenas.

Este trabajo, por desgracia poco conocido en la actualidad, es realmente una muestra de fluidez, técnica, diseño de producción, musicalización y desempeño actoral desplegado en una historia entretenida que no requirió caer en clichés y estereotipos para lograr un universo sólido. En comparación con el cine mexicano actual que explota estereotipos para genera empatía, o utiliza lo contemplativo sin que este modelo aporte al argumento, Danzón aprovecha cada elemento que la compone para ser una obra cinematográfica completa.

Tesis

La curiosidad mató al gato

Por @kurenai_alex

Las historias sobre el cine snuff han crecido hasta el punto en el que uno se pregunta qué tan reales son.  Existen relatos que sitúan el surgimiento de este tipo de cintas con los asesinatos de Charles Manson, e incluso otros hablan sobre su aparición muchos años antes. Sin embargo, el teórico y experto en cine Jean Louis Comolli  asegura que de existir, el snuff ni siquiera podría llamarse cine. De acuerdo con el autor, la muerte real no puede ser catalogada dentro de algún género cinematográfico puesto que el público no se identificaría con ella. 

Pero mientras se decide si es cine, si existe y si es posible distribuirlo, las grabaciones que sí se catalogan como cine se han dado a la tarea de crear cientos de cintas que hacen referencia a esta situación. 

Son cientos, por no decir miles, de filmes los que nos cuentan con lujo de detalle visual, como un grupo de personas son encerradas, perseguidas, atemorizadas y generalmente masacradas por una mente enferma que se encarga de infringirles los más terribles castigos. Incluso The Cabin in the Woods, dirigida por Drew Goddard, ha hecho mofa de esta situación con una interesante sátira de cómo y por qué se producen películas, que si bien no son snuff, muestran todas las características de este género con la única diferencia de que no son reales. 

Cintas como Hostel de Eli Rot, The Texas Chain Saw Massacre de Tobe Hooper y su posterior remake del 2003 dirigido por Marcus Nispel, Cradle of fear de Alex Chandon, House of 1000 Corpses de Rob Zombie, etcétera; los millones de dólares que generan en pantallas y la producción continua de este estilo de filmes son una muestra de que la morbosidad y el gore venden. Pero aun dentro de este género existen directores que utilizando la misma temática han logrado encapsular una visión diferente, creando obras que resultan entretenidas y que no necesariamente requieren de litros de sangre para ser buenas; sino que optan por el suspenso relegando las escenas gore a un segundo plano y en ocasiones a un término prácticamente innecesario. Este es el caso de Alejandro Amenábar y su ópera prima Tesis.

Esta es una película española del año 1996, en la que Amenábar y Mateo Gil, su colaborador en el guión, describen la historia de Ángela, una chica que decide escribir su tesis acerca de la violencia audiovisual.  Y aunque el tema principal es precisamente el cine snuff, se pueden apreciar otro tipo de detalles que referencian la morbosidad humana en general. 

El tema de lo mórbido está presente en cada una de las escenas y encuadres que presenta el director sin caer nunca en lo grotesco. Todo comienza cuando el encargado del metro le pide a las personas desalojar el tren, en el que viaja Ángela, puesto que han tenido un incidente: un hombre se ha tirado a las vías y el tren lo ha atropellado. 

Eduardo Noriega en Tesis (Alejandro Amenábar, 1996)

Las indicaciones son simples, hay que avanzar dos vagones y salir al anden; sin embargo la instrucción extra remueve cada fibra de curiosidad en las personas: «no miren a la vía, el hombre está partido por la mitad». Algunos de los pasajeros caminan temerosos pegados a la pared y cubriéndose el rostro para no ver la escena, pero otros intentan echar una discreta mirada a lo que ha ocurrido. Ángela es una de éstos últimos.  

Mientras realiza su trabajo de investigación descubre unos misteriosos videos que al parecer son verdaderas cintas snuff que han permanecido ocultas en la escuela. Ángela, escudada bajo el pretexto de que todas sus acciones están encaminadas a realizar un buen proyecto de tesis comienza a investigar la procedencia de los videos. Poco a poco la protagonista se introduce en el mundo de la violencia y cómo ésta es percibida por las personas en general, hasta el punto en el que ni ella misma sabe si de verdad su interés por la materia es puramente objetivo y por tanto un objeto de análisis, o  una necesidad que satisface su propia y morbosa personalidad. 

Sin embargo, tanto en el cine como en la vida real, cada una de las acciones que realizamos tiene consecuencias y en tanto descubre cuál es el tipo de interés que tiene por las grabaciones que ha encontrado, se ve inmiscuida en un extraño caso que la conduce al borde de la paranoia al no saber si está siendo perseguida o si simplemente se siente acosada por su propia conciencia.    

Ana Torrent y Fele Martínez en Tesis (Alejandro Amenábar, 1996)

Pese a que la temática abordada por la película es hasta cierto punto un tabú, Tesis fue favorecida por la crítica y multi premiada en los premios Goya. Además, la película cuenta con un gran elenco entre el que destaca Eduardo Noriega con su excelente interpretación de Bosco y Fele Martínez quien recibió el premio Goya a Mejor actor revelación por su actuación como Chema en esta cinta. 

Los momentos de suspenso quedan acentuados con encuadres clásicos a los rostros de los personajes en close up para ver sus expresiones de terror, o el típico over shoulder, que nos comunica la posible presencia de otro personaje; todo ello sin ser repetitivo, y al mismo tiempo el carisma de los personajes principales nos ayuda a seguir la historia con suficiente empatía para desesperar en el momento en que se encuentran en aprietos.  

Pero no sólo en España la película gozó de reconocimiento, sino que su fama se fue extendiendo hasta ser considerada una de las mejores cintas de suspenso en diferentes países. No resulta extraño si tenemos en cuenta la mezcla de elementos diegéticos que hace el filme. No sólo presenciamos la historia lineal del argumento en que se mueve Ángela; sino también un segundo nivel de profundidad a través de las cintas que hacen girar toda la trama. 

Este tipo de películas del estilo de 8mm (Joel Schumacher, 1999), genera atracción en el público debido a la posibilidad que nos plantea sobre la veracidad del contenido en pantalla. Tesis eso una excelente opción para pasar un rato entretenido, lleno de tensión.

Título: Tesis; País: España; Año: 1996; Género: Thriller, Terror; Dirección: Alejandro Amenábar; Guión: Alejandro Amenábar, Mateo Gil; Música: Alejandro Amenábar, Mariano Marín; Reparto: Ana Torrent, Fele Martínez, Eduardo Noriega, Xabier Elorriaga, Miguel Picazo, Nieves Herranz, Rosa Campillo, Paco Hernández, Rosa Ávila, Teresa Castanedo, José Miguel Caballero; Duración: 125 min.

Brightburn

¿Un acto fallido de innovación cinematográfica?

Por @kurenai_alex

Después de varios intentos por tener un hijo, una joven pareja estadounidense es bendecida por el cielo, literalmente, pues cerca de su casa cae un misterioso artefacto proveniente del espacio exterior en cuyo interior se encuentra un bebé. La pareja decide adoptarlo y criarlo como propio. Cuando el pequeño llega a la adolescencia se da cuenta que es más diferente de lo que todo el mundo imaginaba. El poder está dentro de él, lo llama y no puede negar su naturaleza.

Esta es la historia de Superm… digo de Brightburn, película del director David Yarovesky, a quien recordamos por The Hive (2014). Sin importar qué tan parecido nos suene este inicio con la archi popular saga de Superman, el director afirma (en el making off) que antes de escribir el guión de la película leyeron muchos cómics, lo que condujo a esta original, muy original, historia.

Brightburn se estrenó en mayo de este 2019 en algunos países, ya para agosto estaba en todas las salas a nivel mundial. Sin embargo se convirtió en otra de esas películas que pasan sin grandes ovaciones, ni grandes detractores. Esto último resulta sorprendente si tenemos en cuenta la cantidad de escenas sangrientas que se presentan a lo largo de la trama.

La película inicia bastante bien, pese a sus muy evidentes semejanzas con el superhéroe ya mencionado. Vemos a una pareja feliz a punto de tener relaciones sexuales desde un ángulo que nos permite saber que en más de una ocasión han tratado de ser padres, sin mucho éxito. A continuación una explosión y el cambio de colores cálidos a la misteriosa paleta de color en rojos, nos comunica la llegada de un nuevo individuo a la familia.

Hasta ahí todo parecía favorable, un guión prometedor, una paleta de colores capaz de generar aprensión y una mezcla de sonido a tono con la historia. Sin embargo, a los 15 minutos de película 90% de las buenas predicciones se pierden.

Elizabeth Banks en Brightburn (David Yarovesky, 2019)

Con una estética cuasi slasher asistimos a la transformación de un crío inocente en un ente siniestro, vengativo y megalómano, no resulta extraño si tomamos en cuenta que todos los movimientos de cámara que emplea el director corresponden a las bases del género. Pronto los movimientos de cámara basados en los encuadres abiertos y la profundidad de campo, que nos insinúan el acecho de un peligro escondido más allá de las sombras, se vuelven repetitivos, cansados y dejan de sorprender. Ya todos sabemos donde se esconde el niño malo de la historia y también sabemos que cuando lo busquemos no estará ahí. En este punto los sustos se vuelven alarmantemente predecibles.

Dichos movimientos de cámara eran funcionales dentro del slasher debido a la amenaza que representaba el asesino, sujetos incansables que iban a su paso en tanto la víctima corría y gritaba desesperada. Desde luego todos sabíamos que al final la víctima en cuestión sería asesinada, pero la tensión provocada por la posibilidad que tenía de escapar de un asesino de andar lento generaba desesperación y horror, sin embargo ¿qué tipo de tensión pueden crear esos mismos movimientos cuando sabemos de sobra que el enemigo te puede alcanzar a la distancia con sus poderosos rayos láser?

Aunque la actuación de Jackson A. Dunn en el personaje de Brandon (el Superman malo) es digna de un premio, el personaje no convence del todo, más parece un adolescente caprichoso que un verdadero enviado de las tinieblas espaciales. Desde luego ello podría favorecerlo si le concedemos la premisa de que la maldad estaba enraizada en su corazón, pero la idea de que la maldad despierte nada más cumplidos los 12 años no termina de atraer.

Jackson A. Dunn en Brightburn (David Yarovesky, 2019)

Eso sí, los valores de producción son innegables, puesto que el diseño de arte del personaje principal y su caracterización como ente siniestro realmente generan aversión, sobre todo por lo rudimentario de los elementos que utiliza para auto definirse como EL malo.

En resumen, Brightburn es una película inteligente y arriesgada que desgraciadamente se quedó muy corta en su desempeño. Escrita por Brian Gunn y Mark Gunn (ese nepotismo sí se puede ver), nos brinda, primero, una versión del «qué hubiera pasado si Kal-El fuera malo» y, segundo, un final menos predecible de lo esperado. Y no sólo eso, el argumento se escapa por completo de la línea trazada por los universos de súper héroes actuales: la apología a la familia y la amistad como ejes de la vida, la sociedad y fuerzas salvadoras de mundos.

Tendremos que esperar para averiguar si David Yarovesky y compañía deciden dar el siguiente paso en su evolución cinematográfica creando todo un universo opuesto a las clásicas cintas de súper héroes, o si se quedaran en este homenaje fallido al cine slasher de los 80.

Everybody Knows

Secretos a voces

Por @kurenai_alex

Después de cinco años viviendo en Argentina, Laura regresa a Madrid acompañada por sus hijos, Diego e Irene, para asistir a la boda de su hermana. En el pueblo todos la conocen, saben que se casó con un hombre exitoso y trabajador, capaz de pagar los arreglos de la fachada de la iglesia y que viven juntos un matrimonio de ensueño. Pero en el pueblo también saben que antes de eso, Laura estuvo enamorada de Paco, quien ahora es dueño de una finca vinícola.

El día de la boda llega, el vino corre, la banda toca, la gente canta y todo el mundo se divierte hasta que repentinamente las luces se apagan y el horror comienza para Laura y su familia, pues mientras todos celebraban la nueva unión, su hija adolescente ha sido secuestrada.

Así comienza Todos lo saben, película del 2018 del director Asghar Farhadi. Aunque realmente decir que así comienza es una falacia, pues para llegar a ese punto, que en términos prácticos es la introducción, al director le toma al menos media hora. Primero vemos escenas larguísimas de la carretera, los viñedos, el pueblo, y la vida cotidiana. Hasta ese punto la cámara trata de mostrarnos la vida común de los habitantes , hacernos partícipes de la relativa tranquilidad en que se mueven los personajes. Esta situación es un acierto, al mostrar las tradiciones de algunas provincias españolas, pero se pierde conforme avanza la trama.

Poco a poco nos adentramos en un conflicto que trata de ser un thriller pero se estanca a la mitad, pues el secuestro se transforma en un pretexto para contarnos los chismes sobre Laura y su familia. El ritmo pausado que el director utiliza en los primeros 100 minutos de película se rompe cuando decide cortar todo el suspenso y mostrarnos a los secuestradores sin más. Una vez que todos los secretos son revelados la desaparición de la chica pierde sentido, porque casi desde el inicio se relegó a un segundo plano.

Penélope Cruz y Javier Bardem en Todos lo saben (Asghar Farhadi, 2018)

Por otra parte los recursos técnicos también terminan difuminados. Aunque al inicio la cámara realmente se mueve como un espía en medio de los personajes y sus ambientes, al cabo de un rato esa idea queda de lado y los encuadres dejan de comunicarse con el espectador de forma íntima para simplemente registrar lo que ocurre, ya sin dejo de la morbosidad inicial que nos adentraba en la vida de la familia.

Con la música ocurre lo mismo, no existen leitmotivs, ni letras que comuniquen emociones. No pasa de ser una lista de melodías seleccionadas para ambientar. Eso sí, todas las actuaciones son monumentales. Le creemos a Penélope Cruz su desesperación, tanto que nos hace dudar de la sinceridad y credibilidad del secreto que revela, aunque éste ya se veía sospechosamente previsible desde el inicio.

Penélope Cruz y Ricardo Darín en Todos lo saben (Asghar Farhadi, 2018)

Bardem es quizá el mejor de todos los personajes, aunque vuelve a representar el clásico papel del español gallardo y valeroso que trata de ser el héroe de la historia, también muestra otras facetas viscerales que complementan el desarrollo de su personaje. Lo triste es el caso de Ricardo Darín, excelente actor que en esta ocasión prácticamente no figuró en la película. Su papel resulta casi sobrado, sin importar que tan buen trabajo realice, no deja de ser el tipo bajo la sombra del papel de Bardem.

Por otra parte el dilema de «hasta dónde estás dispuesto a llegar para ayudar al otro», que bien podría ser uno de los móviles principales del argumento, tampoco termina de adquirir forma, y la comparación con otras obras de la misma temática resulta inevitable, sobre todo cuando el tema fue retratado magistralmente por Akira Kurosawa en Tengoku to jigoku (El infierno del odio, 1963).

La película tiene puntos rescatables, actuaciones encomiables y un buen inicio, por desgracia los elementos principales de la trama no terminaron de encajar ni en el drama ni en el thriller. Aunque es plausible que Asghar Farhadi haya logrado crear un ambiente tan creíble de un pueblo español sin conocer siquiera el lenguaje, crear un ambiente no es la totalidad de una película.

Kairo

Entre el mundo virtual y la soledad humana

Por @kurenai_alex

Si dos puntos se acercan demasiado, mueren. Pero si se alejan, son atraídos… es un modelo en miniatura de nuestro mundo-Kairo

Para continuar con la revisión de películas clásicas de terror en este mes de octubre, hablaré de una película del gran director Kiyoshi Kurosawa (grito de fanática), pero antes, comenzaré con algunos de los antecedentes que lo posicionaron como uno de los más reconocidos directores del cine de terror.

Nacido en 1955 en Japón, Kiyoshi Kurosawa es considerado uno de los mejores cineastas de la ola de terror japonesa.

Graduado de la Universidad de Rikkyo en la carrera de Sociología, Kurosawa era fanático de las grabaciones en 8mm, las cuales le sirvieron como antecedente para dar inicio a su fructífera carrera como director. En sus primeros años dentro del cine trabajó como ayudante de grandes figuras del cine japonés, entre ellos Kazuhiko Hasegawa.

Kiyoshi Kurosawa cuenta con una trayectoria amplia que va desde los dramas hasta las películas de terror de carácter filosófico.  Su amplia concepción del ambiente y recursos cinematográficos, lo ha llevado a construir historias por demás sorprendentes, conmovedoras e intrigantes. Cuenta con un estilo propio, definido y fácil de reconocer, en el que los planos secuencia son un recurso por demás utilizado. 

En cada trabajo suyo se aprecian una serie de simbolismos en los que engloba la complejidad del ser, la soledad, la doble moral, etcétera, todo a través del lenguaje cinematográfico. Aunado a ello lanza interrogantes claras y directas sobre las circunstancias más escabrosas que atañen a las pasiones humanas en general, siempre utilizando personajes definidos, atrayentes y oscuros.  Sin embargo, pese a todas las similitudes estilísticas que se aprecian en sus filmes, todos ellos resultan sorprendentes a su manera.  Este director es sin duda una mente maestra del cine, y para probarlo basta con ver cualquiera de sus cintas. 

Y así es como va la historia de su película…

Michi, una chica promedio que se dedica a trabajar en un pequeño local en Tokio. Un buen día decide ir a casa de un compañero a recoger un disquete, ya que él se ha retrasado en la entrega. Por desgracia no cuenta con que al llegar ahí encontrará su cuerpo sin vida, y menos aún que sea el propio fantasma de su compañero quien le muestre el hallazgo. La única pista que tienen ella y sus amigos para resolver el misterio de la muerte son las extrañas grabaciones que aparecen en uno de los disquetes del fallecido. 

Kairo (Kiyoshi Kurosawa, 2001)

Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Kawashima, un joven inexperto en el uso de las nuevas tecnologías suda sangre (metafóricamente), al ser incapaz de conectar su computadora a la red. Por suerte, o por desgracia, parece que su computadora está más interesada que él en que ingrese al mundo virtual y se conecta de forma automática. Mas, lo único que le muestra es una frase escalofriante: “¿quieres ver un fantasma?”, y una serie de imágenes muy similares a las que aparecen en el disquete del amigo de Michi. 

En busca de resolver su problema de conexión, Kawashima conoce a Harue, la joven técnica de la Universidad, con quien entabla una relación bastante peculiar, basada únicamente en la necesidad de él por conectarse y la curiosidad de ella por las misteriosas imágenes. 

Por otra parte, la ciudad comienza a ser atacada por una extraña plaga de desapariciones inexplicables, todas ellas unidas a una misteriosa puerta sellada con cinta roja, y claro, a las imágenes que aparecen en las computadoras de los desaparecidos…

Kairo (Kiyoshi Kurosawa, 2001)

Así va más o menos la trama de Pulse.  Esta película del 2001, es simplemente una obra maestra. Tiene de todo, y a pesar de durar casi dos horas no resulta aburrida ni cansada, por el contrario te mantiene expectante. Aunque en un principio parece que nada de lo que pasa tiene una conexión, poco a poco va hilando cada acontecimiento hasta formar una red. Esa es precisamente la magia del trabajo de Kurosawa, no sólo trata el tema de la red y la vinculación en el argumento de la película; sino que incluso la construcción de las escenas y las acciones siguen esta lógica.  

La música del filme estuvo a cargo de Takefumi Haketa, conocido principalmente en el mundo de la animación japonesa por su trabajo en series como Vampire Knight. El elenco fue encabezado por Kumiko Aso, quien ya había participado en cintas del mismo género como Ring 0: the birthday, y Haruhiko Kato, actor de la cinta Carved del famoso director de terror japonés Koiji Shiraishi. Además contó con una breve participación de Kôji Yakusho, el actor más utilizado por Kurosawa a lo largo de su carrera. 

Pulse o Kairo, su título original, es una excelente opción si comienzas a acercarte a los trabajos de Kurosawa o al cine de terror japonés. Aunque, realmente, cualquiera de las películas de este director es digna de ser vista, ya sea para analizar cada uno de sus elementos o por simple entretenimiento. 

Título: Kairo; Dirección: Kiyoshi Kurosawa; Guión: Kiyoshi Kurosawa (basada en la novela del mismo nombre de John Wyndham) ; Música: Takefumi Haketa; Reparto: Kumiko Aso, Haruhiko Kato, Koyuki, Kurume Arisaka, Kôji Yakusho; País: Japón; Año: 2001

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar