Joker

«I hope my death makes more sense than my life»

Por : kurenai_alex

Sin duda el estreno más esperado para este octubre era Joker, película dirigida por Todd Phillips, la cual dio de que hablar desde el momento en que se anunció su producción, y continuó generando expectativa y polémica después de recibir el León de oro del Festival de Cine de Venecia. La película se resume en una palabra: EXCELENTE.

Joaquin Phoenix, Joker (2019)

Sin embargo, es preciso argumentar para no caer en la subjetividad. Esta película no sólo cuenta con la impactante actuación de Joaquin Phoenix, quien de verdad logró una transformación trascendental para adaptar este personaje a la pantalla, tan monumental que algunas escenas recuerdan al payaso ilustrado por Ruggero Leoncavallo para su ópera Pagliacci; sino también es un magnífico ejemplo de cómo se pueden reconstruir los universos de los super héroes y los villanos sin apelar a la fórmula tan gastada por Marvel.

En esta película el equipo de producción logró consolidar una historia sin huecos, en la que el personaje principal se va construyendo a lo largo de la trama para convertirse en un sujeto completo al final, siniestro pero completo. Muy al estilo de otras películas como The Dark Knight o la espléndida Watchmen, Joker crea un mundo para el personaje en el que cada detalle aporta una nueva cualidad para su construcción o deconstrucción.

La música juega un papel trascendental en la caracterización del personaje, no sólo se compuso un leitmotiv plagado de cuerdas que van desde los agudos violines hasta los profundos chelos, en momentos acompañados por la mezcla de sonidos metálicos, que aparecen en los puntos de inflexión, en los que el personaje se enfrenta a una impresión mayor a la que puede soportar: situaciones que lo doblegan poco a poco; al mismo tiempo la música preexistente se encarga de revelarnos momentos clave de su estado de ánimo, que van mas allá de los puntos de inflexión.

Joaquin Phoenix en Joker (2019)

A lo largo de la película podemos escuchar tanto los temas de Hildur Guðnadóttir como canciones clásicas. Smile, interpretada por Jimmy Durante; Send In The Clowns con Frank Sinatra son algunos de los temas que aparecen; además de la clásica That’s life, que funciona como el colmo de la ironía dentro del espacio diegético de la película.

Como es obvio en una producción de esta envergadura, los detalles técnicos son precisos, son de alabar los momentos en los que la cámara sigue al Joker en sus travesías ya sea entre las calles o los tenebrosos pasillos de los departamentos; movimiento que brinda la sensación de que es el mismo espectador quien camina detrás del personaje, siguiéndolo y juzgándolo.

La historia, como ya todos sabíamos y esperábamos, se concentra en mostrar los antecedentes del psicótico villano más popular de la saga de Batman, y como tal no decepciona. A la par que nos muestra la historia de Arthur Fleck, la película realiza una crítica social aguda a los sistemas de clases y la falta de atención por los problemas de quienes carecen de recursos. Sin justificación hacia los actos violentos, como se rumoraba que haría, Phillips creó una película que escapa de los clichés sin recurrir a las explosiones de acción, o sangre para entretener al público.

Robert DeNiro y Joaquin Phoenix en Joker (2019)

Eso no es todo, no importa cuántas reseñas leas sigue siendo un filme sorprendente, debido a que el personaje siempre actúa de forma inesperada frente a las situaciones más obvias, y su personalidad consigue que la película no se torne en un sin sentido de chistes mal intencionados, o que apele a la fórmula del humor simple, pues la trama se trabajó por contrastes: al mismo tiempo que escuchamos una situación cómica se nos muestra una imagen contraria que impide generar una reacción única, tal como el personaje construido de forma ambigua, las emociones que desata también lo son.

Definitivamente hay que ver esta nueva configuración del Guasón, pero también hay que dejar de lado la necesidad de asociarlo con otros universos u otros personajes. Desde luego este NO es el Guasón de Ledger, el de Nicholson y por fortuna tampoco el de Leto, ni el de los cómics o entregas pasadas. Es una nueva visión, una ADAPTACIÓN, como tal hay que recibirlo y juzgarlo, sin caer en el sobre análisis, ni olvidar que el cine es y seguirá siendo la visión de un equipo de producción sobre un tema determinado moldeado por el contexto social e histórico del momento, además de pertenecer a una industria que explota las obras intelectuales para obtener ganancias económicas.

Hasta el viento tiene miedo

Revisando el terror clásico

Por @kurenai_alex

La llegada del mes brinda una oportunidad a los fanáticos de los filmes de terror (como yo) para asistir a la presentación de nuevos productos que buscan aterrorizar al público; aunque en muy pocas ocasiones lo consiguen, este mes brinda también un excelente pretexto para revisar nuevamente a los clásicos: películas que se quedan en la memoria del público por su calidad técnica y argumental. Así que eso haremos, en este texto redescubriremos a Carlos Enrique Taboada, un director que decidió que en México también era posible crear terror.

En una noche de fuerte ventisca el sueño de Claudia se ve perturbado por una siniestra voz que clama su nombre. Al despertar, una figura tenebrosa y fantasmal pende del techo sin dejar de pronunciar con su voz de ultratumba «Claudia, Claudia». Horrorizada ante la aparición la chica deja escapar un grito de terror para después desvanecerse. 

A partir de ese momento, Claudia comienza a experimentar el acoso de la tenebrosa aparición, quien en sueños le muestra una misteriosa buhardilla, que al parecer, se encuentra en la escuela, en donde Claudia vive rodeada por sus compañeras y maestras. En busca de resolver el misterio, la chica y sus amigas deciden entrar al torreón situado en el patio. Pero antes de poder comprobar algo, son descubiertas por la profesora Lucía. Ésta, a pesar de ser siempre comprensiva con sus alumnas, se ve obligada a reportarlas con la señorita Bernarda, la muy estricta directora del plantel, quien decide que como castigo, las chicas deberán permanecer enclaustradas en el colegio durante los diez días de vacaciones. 

La profesora Lucía se opone a la decisión, pues no quiere que «se repita la tragedia». Pero la directora, que no cree en supersticiones, no está dispuesta a que se quebranten las reglas de su prestigioso colegio, menos aun que se ponga en duda su autoridad. Al final, las chicas se ven obligadas a quedarse junto con la directora, la profesora Lucía y el jardinero. Pero ellas no saben que hay alguien, o algo más, que no podrá descansar hasta ver consumada su venganza…

Alicia Bonet en Hasta el viento tiene miedo (Carlos Taboada, 1968)

Así comienza Hasta el viento tiene miedo, película de culto del cine de terror en México, escrita y dirigida por Carlos Enrique Taboada, quien además le regaló a la historia de la cinematografía otras obras trascendentales como Veneno para las hadas. 

Producida en el año de 1968, logró captar la atención del público y se transformó pronto en un filme popular. Tal como en El libro de piedra, Taboada utiliza en esta película una técnica eficiente para provocar más de un susto a lo largo de sus 90 minutos de duración: la sugestión. Este método, que quizá servía para compensar la escases de recursos técnicos que permitieran mostrar fantasmas convincentes, fue precisamente el que posicionó al director como un genio en el ámbito del terror, género poco explotado en México hasta ese momento, en el que demostró que no siempre son necesarios grandes efectos especiales para mantener cautivos a los seguidores de los filmes de fantasmas.   

Por otra parte, el director recurría a los clichés de las historias urbanas para crear sus guiones y los llevaba a la pantalla de forma magistral para su época. El cuento del espíritu que vaga en los colegios buscando concluir lo que no pudo completar en vida, es uno de los argumentos más socorridos de las cintas de terror y del folclor popular.  Sin embargo, pese a la gran cantidad de filmes con esta temática son muy pocos los que se salen de los estándares y logran darle una esencia real al ente malévolo que ronda en los pasillos, hasta volverlo tan creíble que tenemos que girar la cabeza de vez en cuando para garantizar que no esté detrás de nosotros. Taboada lo logró. 

Norma Lazareno en Hasta el viento tiene miedo (Carlos Taboada, 1968)

A través de la mezcla de sonido, la oscura iluminación, el enfoque de figuras misteriosas y los encuadres pertinentes a los escenarios fantasmagóricos, que se encargan de conducir el hilo del misterio, este director manifestó una técnica cinematográfica bastante convincente para su tiempo. 

El impacto de los trabajos de este director es tan apreciado que en 2007, Gustavo Moheno decidió recrear la historia de Taboada acoplándola a la nueva época. Para ello se valió de la ayuda de Mario P. Székely, Ángel Pulido y Alfonso Romero, para crear un guión nuevo a partir del original del 68. Las circunstancias eran prácticamente las mismas: un colegio, un fantasma vengativo, un grupo de chicas, etcétera. Mas, los guionistas consideraron que no era suficiente para que el filme fuese exitoso, y añadieron una serie de factores para volverlo más atractivo, convirtiendo la inocente historia del colegio de señoritas, en un filme de mujeres perturbadas y atrevidas que se encuentran internadas por tener problemas de anorexia, drogadicción o tendencias suicidas. 

Hasta el viento tiene miedo (Carlos Taboada, 1968)

Y por si todo esto no funcionaba agregaron un punto extra: el triángulo amoroso lésbico entre el fantasma, la psicóloga y la directora del internado. Todo ello con la participación de Martha Higareda, figura clave del nuevo cine mexicano, popular por su interpretación en cintas como Amarte duele (2002) y Niñas mal (2007), y Verónica Langer, actriz consolidada en cine y la televisión desde los años 90.

Aunque el triángulo lésbico era sin duda un giro interesante para la historia original, se enfocaron tanto en las escenas lésbicas y los conflictos emocionales de las chicas del colegio, que la historia del fantasma quedó de lado, y la película daba la impresión de ser más morbosa que terrorífica. No niego que existan remakes sorprendentes, que no sólo capturan la naturaleza de las cintas originales; sino que incluso le aportan a éstas elementos que las transforman en un nuevo material que adquiere valor por sí mismo. Pero tampoco puedo negar que la inocente historia de Taboada resultaba mucho más espeluznante que la versión de Moheno. Sin embargo, eso sólo usted, como público, lo puede decidir.    

Título: Hasta el viento tiene miedo; Director: Carlos Enrique Taboada; Guión: Carlos Enrique Taboada; Música: Raúl Lavista, Galdino Samperio, Eduardo Arjona; Reparto: Marga López, Maricruz Olivier, Alicia Bonet, Norma Lazareno, Renata Seydel, Elizabeth Dupeyrón, Rita Sabre Marroquín, Irma Castillón, Pamela Susana Hall; Año: 1968; Duración: 90 min

The exorcist

La película de terror por excelencia

Por kurenai_alex

El hombre es curioso por naturaleza. Esa necesidad de saber de dónde proviene todo, de buscar explicaciones y denominar cada fenómeno que lo rodea ha sido el principal aliciente de los múltiples avances científicos que hoy facilitan nuestra vida cotidiana. 

Sin embargo, las explicaciones que el hombre da a los fenómenos desconocidos no siempre son las más acertadas. Gracias a ese ímpetu por darle un nombre a lo desconocido es que surgieron los dioses en todas las culturas, con el fin de explicar situaciones como los cambios climáticos o la naturaleza de la vida misma. Y con los dioses surgieron también los demonios, porque siguiendo una fundamentada lógica, no podía existir el bien sin su contraparte.

Linda Blair, Max von Sydow y Jason Miller en The exorcist (William Friedkin, 1973)

Tomando esto como punto de partida se han escrito narraciones, producido películas, inventado leyendas, etcétera, etcétera… precisamente una de las historias más terroríficas que el mundo de la literatura le ha dado al cine, y que éste a su vez le otorgó a las personas, se basa en un fenómeno que ha dado de qué hablar alrededor del mundo desde el año 500 a.C., quizá incluso antes: exorcismos.

Corría el año de 1971, cuando William Peter Blatty logró publicar su novela: El exorcista, basada en una supuesta historia real acontecida en el año de 1949, la cual logró completar después de una serie de investigaciones periodísticas. Uno de los puntos más importantes de sus pesquisas fue el de conseguir el diario del sacerdote que realizó el exorcismo, en el cual describía paso a paso todos los acontecimientos llevados a cabo a lo largo del ritual. 

Sin embargo, el propio Blatty decidió autocensurase para no causar estragos a los implicados en el caso.  Pero como la morbosidad es muy grande, el libro de Battly desató una euforia inusitada, la gente quería saber más del caso real.  Por fortuna para los involucrados, la historia contaba con tantas fuentes distintas que intentar dar con el caso real conducía a todos los curiosos a un laberinto sin salida, plagado de más preguntas sin respuesta. 

Después de esta sorprendente acogida por parte del público, las productoras hollywoodenses comenzaron la lucha por realizar la producción del filme. Finalmente en 1973, la cinta, protagonizada por Linda Blair, bajo la dirección de William Friedkin y con Warner Brothers como  casa productora fue estrenada en cines.   

Linda Blair en The exorcist (William Friedkin, 1973)

Emulando por completo a su homónima literaria, la película tuvo un éxito sin precedentes. A los efectos especiales, bastante creativos para su época, la música y las actuaciones, que ya por sí solas habían creado un excelente film, se sumaban toda clase de leyendas urbanas en torno a la producción, las raíces de la historia, las quejas de la iglesia al considerar el guión un tanto agresivo, y claro, los múltiples desmayos ocurridos a causa del impacto de las imágenes en las salas de cine.    

El exorcista no tardó en convertirse en una película de culto y un referente cinematográfico del cine de terror, gracias al cual podemos ver hoy otro centenar de películas que no aportan nada nuevo al género, pero que siguen llenado de dinero los bolsillos de los intrépidos productores que continúan apostando por la mil veces aplicada fórmula del niño poseído.

El exorcista es una de las pocas películas del género de terror que ha sido recibida de buena gana tanto por el público como por la crítica, fue nominada a 10 premios Óscar y siete Globos de Oro. Basados en esta historia se han creado secuelas, precuelas, y hasta se rumora la producción de un remake del filme, claro, sin contar con la reedición hecha durante la primera década de este siglo, en la que se agregaron 10 minutos con escenas nunca antes vistas (en el cine, porque Youtube lo tiene todo). Sin embargo, esta es una producción que difícilmente será superada, ni siquiera El exorcismo de Emily Rose, otra obra cinematográfica basada en supuestos hechos reales, con todo y sus efectos especiales pudo superar la producción de 1971. 

Esta película de William Friedkin pertenece al muy selecto grupo de las mejores cintas de la cinematografía mundial, al parecer los años 70 fueron una década llena de producciones fructíferas, muchas de ellas, al igual que El exorcista, basadas en obras literarias. Entre los ejemplos más claros y exitosos se encuentran filmes como: A clockwork orange de Kubrick, Godfather de Coppola, o Carrie de Brian de Palma, que al igual que El exorcista vale la pena ver y disfrutar, pues aun con el paso del tiempo son cintas que por una u otra razón, o quizá por miles de ellas, se han transformado en clásicos de la literatura y el cine.   

Título: The exorcist; Dirección: William Friedkin; Guión: William Peter Blatty; Música: Steve Boeddeker, Jack Oldfield; Elenco: Linda Blair, Ellen Burstyn, Jason Miller, Max Von Sydow; Año: 1973; Duración: 122 min (132 min. reedición) 

Miroslava

«Mañana ya no estaré aquí»

Por @kurenai_alex

La Cineteca Nacional de México presentó este lunes 30 de septiembre Miroslava como parte de las Nuevas reflexiones sobre cine mexicano, cuyo tema principal en esta edición son los Laberintos de la memoria. La presentación de la película estuvo a cargo del licenciado Gabriel Rodríguez Álvarez además de contar con la participación del director de la película el cineasta Alejandro Pelayo.

Gabriel Rodríguez y Alejandro Pelayo en la presentación de Miroslava (1993) Foto: Manuel Pineda

De acuerdo con el licenciado Rodríguez, esta película forma parte de las estrategias de las instituciones mexicanas de cinematografía para internacionalizar al cine nacional que se desarrollaba en la década de los noventa, momento en que el país se adhería a los nuevos tratados de comercio internacional; además de ser «el gesto de un cine mexicano en donde los personajes dejan de ser sólo estereotipos». La selección de esta película realmente hace honor al título de las conferencias, pues toda ella se forma con base en recuerdos a lo largo de la trama.

Por su parte el cineasta Alejandro Pelayo, actual director de la Cineteca, relató la forma en que se realizó la filmación en lugares comunes de la Ciudad de México como la estación Buenavista, La casa del libro o el Palacio de Bellas Artes, con un presupuesto pequeño y la colaboración de un soberbio equipo de producción que lograron recrear lugares como Praga o España. Asimismo destacó las dificultades de conseguir a la actriz protagónica, puesto que al ser una biopic debía contar con realismo y credibilidad. El director de La víspera señaló también que decidió aceptar este proyecto pues «era un reto construir algo diferente a lo que ya había hecho hasta ese momento, este era un papel femenino y una historia que giraba entorno a él».

El guión fue escrito por Vicente Leñero, basado en el cuento homónimo de Guadalupe Loaeza, incluido en Primero las damas libro publicado por la autora en 1990. La historia se centró en representar el último día de vida de la actriz checa Miroslava, figura monumental de la Época de oro del cine mexicano.

Gabriel Rodríguez y Alejandro Pelayo en la presentación de Miroslava (1993) Foto: Manuel Pineda

La película se construyó con base en dos tipos de narraciones: el falso documental, en el que observamos a Alex Fimman (Claudio Brook), amigo íntimo de la actriz narrarnos desde su perspectiva cómo fueron los últimos momentos de Miroslava; y la representación visual de ese último día, de donde se desprende además los recuerdos de la protagonista.

A lo largo del metraje observamos los recuerdos de la actriz, que vive sumergida constantemente en la nostalgia de los recuerdos y las experiencias perdidas, todo ello acompañado de una impresionante paleta de colores como no se ha visto igual en el cine mexicano. Todo el presente se ilustra por medio de los tonos fríos, prevalecen los azules, a juego con los ojos de la actriz, y los blancos; en tanto los recuerdos se asocian primordialmente con los tonos cálidos como cafés, naranjas y rojos en los momentos de éxtasis y pasión. Cabe señalar que el diseño de arte corrió a cargo de José Luis Aguilar, quien realizaría otros trabajos de diseño de arte en películas como House of Cards (Michael Lessac, 1993) o El cielo en tu mirada (Pitipol Ybarra, 2012).

A la inmejorable paleta de colores se suma la fotografía del galardonado Emmanuel Lubezki, que con sólo un encuadre atraviesa las emociones del espectador, pues cada uno de los elementos que aparecen en escena revela un momento trascendental de la historia de Miroslava, nos guía hacia su sentimientos o ideas más profundas, además de comunicarnos lentamente que nos acercamos de manera irremediable hacia la tragedia.

Arielle Dombasleen en Miroslava (Alejandro Pelayo, 1993)

Con tomas cenitales, close up a los ojos, los labios, las manos, todo ello acompañado de un ritmo fluido que cambia constantemente los elementos en pantalla, Lubezki retrata las emociones del personaje, sin contar con los elementos recurrentes, leitmotiv que nos hablan de las costumbres, la decadencia o la sensualidad del personaje principal. Martinis, medias de nailon, cigarrillos sin filtro, labios siendo pintados de colores vivos, aparecen una y otra vez como marcas distintivas asociadas a la conducta del personaje principal.

A ello se suma el erotismo latente durante toda la película. Acentuado con el vestuario, los movimientos del personaje e incluso la música. Y pese a contar con escenas de desnudos parciales, la película nunca se desborda de exhibicionismo, pues cada uno de los desnudos en pantalla adquiere una significación que alude a un momento en el estado de ánimo de la actriz, encarnada de manera asombrosa por tres actrices distintas: Pamela Sniezhkin Brook, Arleta Jeziorska, y Arielle Dombasle

Los ambientes y personajes se construyeron de forma tan adecuada que de verdad es posible creer que nos encontramos no sólo en otra época; sino incluso en otro país. Las atmósferas transmiten verdaderamente la aprensión de la persecución en Praga, la nostalgia por los recuerdos de la infancia, y el desencanto por las desilusiones amorosas, todo ello a través de la composición cinematográfica.

Arielle Dombasleen en Miroslava (Alejandro Pelayo, 1993)

Sin exagerar, Miroslava es la mejor película mexicana realizada a color, no existe ningún elemento que sobre o que falte, es un trabajo bello, creíble y entrañable. Desde luego la actriz Arielle Dombasle no se parece realmente a la Miroslava original, pero ello se compensa con su actuación y caracterización.

Miroslava es una película que debe ser difundida y reconocida por el gran trabajo que se logró materializar gracias a un excelente equipo de producción, pues tal como señaló el director de la película «a veces el trabajo del director es conjuntar talentos que se expresen de manera visual» y que entreguen producciones como esta que muestra que el cine mexicano puede ser algo más que sólo la explotación naturalista de los temas cotidianos.

Tokyo Sonata

El drama del maestro del terror

Por kurenai_alex

Si bien es cierto que la realidad suele superar a la ficción, también es verdad que existen ficciones que recrean esa realidad hasta en sus más pequeños detalles; logrando captar formas de comportamiento, contextos sociales, situaciones viscerales y dramas cotidianos. Dentro de este último ramo, hay películas, que por su asombrosa capacidad de retratar sin miramientos una realidad latente e ignorada al mismo tiempo, cautivan, enternecen y desgarran al público. 

En esta ocasión hablaré de un filme de Kiyoshi Kurosawa que cuenta con todas las características anteriormente mencionadas. Aunque la mayor parte de la filmografía de este director se ha enfocado al suspenso y el terror, él ha incursionado en casi todos los géneros cinematográficos, desarrollado historias de suspenso, con toques de ciencia ficción, terror psicológico u obras conmovedoras y entrañables tal como Tokyo Sonata.

Kyôko Koizumi y Kôji Yakusho en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Ryuhei Sasaki, su esposa Megumi, y sus dos hijos Takahashi y Kenji, viven en una zona de clase media de la ciudad de Tokio. Todo transcurre con orden y tranquilidad dentro de su monótona rutina. Ryuhei cuenta con un trabajo promedio que le permite solventar los gastos de su familia, y mantener una vida holgada hasta cierto punto. Megumi, por su parte, desempeña su papel de ama de casa ideal. En tanto Takahashi, el hijo mayor, y Kenji, el pequeño, son alumnos regulares en sus respectivos niveles escolares. Pero esto no es más que una fachada.

Detrás de toda esa perfección familiar se esconden todo tipo de conflictos. Ryuhei es un hombre sumamente cerrado, que no logra establecer comunicación con sus hijos; Megumi se comporta siempre de forma dócil y es incapaz de tomar decisiones sin su marido, además de vivir frustrada por la monotonía de su vida; Takahashi vive influenciado por la propaganda de guerra que le fomenta falsos ideales de un nacionalismo bastante arbitrario, y Kenji, quien desea más que cualquier otra cosa aprender a tocar el piano, se ve limitado por los intereses de su padre.

Las cosas empeoran cuando Ryuhei pierde su empleo, pues él considera que toda su autoridad dentro del hogar recae precisamente en que es el sostén económico de su familia. Es entonces que se tropieza con un viejo amigo, quien se encuentra en las mismas circunstancias que él, y juntos emprenden una larga trayectoria por todas las oficinas de Tokio en busca de empleo, hasta que la desesperación conduce al amigo al asesinato de su esposa y a su propio suicidio por envenenamiento de gas. 

Kai Inowaki, Kyôko Koizumi, Teruyuki Kagawa y Yû Koyanagi en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Por otra parte, mientras que Takahashi decide marcharse de su hogar para unirse al ejercito de Estados Unidos en una guerra con Medio Oriente;  Kenji comienza a ahorrar el dinero de su almuerzo para pagar sus lecciones de piano a espaldas de su padre. Allí conoce a Kaneko, la profesora de piano, que al ver su talento natural lo incita a continuar con sus aspiraciones musicales. 

Poco a poco Ryuhei comienza a desesperarse y ante la perspectiva de perder su lugar en el entorno familiar, comienza a trabajar como intendente en una tienda departamental. Mas, al creer que su trabajo es deshonroso, decide ocultarlo de su esposa. Es ahí en donde la vida le ofrece una nueva oportunidad que pondrá a prueba todos sus conceptos del bien y el mal.

Pero mientras él vive sus propios conflictos y su nueva doble vida, Megumi hace lo propio cuando es secuestrada por un ladrón que entra a su casa y la obliga a conducir hasta el mar, y con quien está dispuesta a escapar al sentir que le ofrece todo aquello de lo cual la vida familiar la ha privado. 

Lentamente cada una de las apariencias que encubren a la familia se van diluyendo, y pronto todos los fantasmas que los consumen terminan por envolverlos en una densa niebla de conflictos, que los conducen a un callejón sin salida aparente. 

Teruyuki Kagawa, Yû Koyanagi y Kyôko Koizumi en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Esta película, cuyo hilo conductor es la familia Sasaki, es una obra maestra del cine dramático contemporáneo. En ella se reflejan de forma nítida las problemáticas más simples, y a la vez universales, a las que se enfrentan millones de familias en todo el mundo. 

La falta de comunicación, la imposición de roles, las marcadas diferencias sociales y de género, o la inconformidad frente a la rutina se puede apreciar en cada uno de los personajes, que fueron creados por el mismo director de una forma magistral, como sólo él sabe hacerlo. 

Existen, además, elementos que le añaden a la cinta un carácter propio como la música de Kazumasa Hashimoto, reconocido compositor japonés. Y desde luego la impecable fotografía que estuvo a cargo de  Akiko Ashizawa que a través de los encuadres abiertos refleja situaciones generales de ambiente, mientras que reserva los cerrados para especificar el cambio en la emoción de un personaje especifico. Y claro, no podía faltar la brillante participación de los actores, entre los que destaca Kôji Yakusho, en su papel de hombre desempleado que termina como ladrón y amante de Megumi. 

Si quieres ver una película interesante y lacrimógena que te haga reflexionar, esta es una excelente opción, lo mismo en el caso de que desees conocer una parte diferente del trabajo realizado por el maestro del J-Horror Kiyoshi Kurosawa.  

Título: Tokyo sonata; Director: Kiyoshi Kurosawa; Guión: Kiyoshi Kurosawa, Max Mannix, Sachiko Tanaka ; Música: Kazumasa Hashimoto; Reparto: Teruyuki Kagawa, Kyoko Koizumi, Yu Koyanagi, Inowaki Kai, Kôji Yakusho; Duración: 118 min; Año: 2008

Memento

Cuando los recuerdos se pierden en la nada 

Por kurenai_alex

Todos vivimos a la merced del sistema límbico, de unas nebulosas de electricidad surcando nuestro cerebro. Toda persona se divide en fracciones de veinticuatro horas, luego otras veinticuatro y así sucesivamente. Es una especie de pantomima diaria, un hombre tras otro reclamando su parte de control: la parte de atrás de un teatro llena de gentecilla clamando por tener un momento de fama. Así todos los días, todas las semanas. El hombre enfadado le pasa el testigo al hombre deprimido, y luego al adicto al sexo, al introvertido, al parlanchín. Cada hombre es una muchedumbre, una cadena de idiotas.  Memento mori, Jonathan Nolan 

El tiempo es sin duda una de las situaciones que más perturba a las personas. Cada segundo que pasa, cada momento que transcurre, deja una marca, nos consume y nos arrastra, dejándonos únicamente una lista de experiencias que se traducen en recuerdos. Autores de la talla de Marcel Proust han escrito libros, que más que novelas, son tratados del tiempo y sus repercusiones en la vida de las personas. Pero, ¿qué pasaría si no fuéramos capaces de percibir el paso del tiempo?, ¿qué ocurriría si nuestro cerebro no tuviera la capacidad de acumular esos recuerdos? Simplemente estaríamos vacíos, careceríamos de toda conexión con el mundo y con nosotros mismos. 

A principios de este siglo, Jonathan Nolan, hermano del famoso director Christopher Nolan, decidió tomar como punto de partida la idea del tiempo y sus reminiscencias en la mente de un hombre perturbado por una extraña enfermedad, para crear Memento Mori, un relato breve publicado por la revista Esquire. El nombre del relato tuvo como inspiración el significado de la frase en latín: “recuerda que vas a morir”.  

Christopher Nolan y Guy Pearce en la filmación de Memento, 2001

La historia narraba las desventuras de Earl, un sujeto aquejado por la pérdida de memoria a largo plazo, que sufría por el trauma de haber presenciado la violación y asesinato de su esposa, a quien no había podido ayudar. Mas, aunque le era imposible retener los recuerdos por mucho tiempo, en los momentos en los que era consciente de ello, se abatía sobre él la terrible necesidad de vengar el crimen que lo había condenado a quedarse solo entre las paredes de un hospital. Para ayudarse a sí mismo, Earl se encargaba de dejarse notas en lugares en donde su «yo sin memoria» pudiera localizarlas, para así lograr avanzar en sus proyectos.

El relato era fluido, transmitía la doble desesperación del protagonista, es decir de su yo consciente y del inconsciente, y tenía como particularidad que la narración se hacía desde dos puntos de vista: narrador en tercera persona y narrador en primera persona. El primero, lejos de contar con un papel omnisciente, se limitaba a figurar como testigo de los actos y ambientes del personaje principal, en tanto el segundo contaba desde su perspectiva todo lo que estaba ocurriendo, justo como él  lo entendía, pero no para comunicarse con el público; sino para entablar una conversación con el protagonista.

Guy Pearce y Carrie-Anne Moss en Memento, 2001

La idea resultó tan original, que en el año 2000 (antes de que Esquire publicara el relato), Christopher  Nolan decidió adaptarla como guión cinematográfico, con ayuda de su hermano. 

Para su versión cinematográfica, Memento (como se llamó finalmente), sufrió algunos cambios que ayudaban a volverla más fluida y visualmente atractiva. Entre ellos destaca el uso de las fotografías instantáneas por parte del protagonista, Leonard, como vía para acumular sus recuerdos y experiencias. Así mismo se añadieron personajes e historias intercaladas, que transformaron el relato breve de Jonathan Nolan, en una monumental obra de  suspenso, en la que la ambigüedad y la confusión del protagonista, y sus múltiples autoengaños, mantienen al espectador al borde del asiento, sin aclararle nunca si lo que pasa pertenece a la realidad como tal, o a las historias creadas por el propio Leonard para rellenar los abismos creados en su memoria a causa de la enfermedad. 

Aunado a ello, la película utilizó de forma increíble el tiempo psicológico para lograr una sensación de desconcierto. Así, el montaje se realizó tomando como hilo conductor los recuerdos de Leonard para plasmar la historia en pantalla. 

Guy Pearce en Memento, 2001

Al momento de su estreno, la cinta contó con una gran aprobación por parte del público y la crítica, aunque ésta última, cayendo en la sobre interpretación de los elementos del filme, buscaba y rebuscaba en los pequeños detalles para encontrar profundidad o defectos al argumento. Aún así la película fue tema de la prensa a nivel mundial, sobre todo después de recibir premios y nominaciones como: Mejor guión en los premios Óscar, Mejor Película por la Academy of Science Fiction Films, Mejor guión en el Bram Stoker Awards, Mejor drama en el Golden Trailer Awards, etcétera. 

La cinta fue protagonizada por Guy Pearce, actor inglés que participó también en Iron Man 3, en el papel de Aldrich Killian, y  Carrie-Anne Moss, la actriz que encarnó a Trinity en The Matrix. Como personaje añadido a la trama, Moss realizó un trabajo soberbio, con el que demostró que no sólo sabía actuar como la novia del archi popular Neo. 

Memento es una excelente adaptación que vale la pena, cada vez que la veas encontrarás nuevas pistas que te conducirán a conclusiones distintas. Pero no te engañes, el único que podría decirte si los recuerdos de Leonard son o no reales es Christopher Nolan, y no lo hará, puesto que es allí en donde radica la magia de la película.  

Título: Memento; Dirección: Christopher Nolan; Guión: Christopher y Jonathan Nolan; País: Estados Unidos; Año: 2001; Reparto: Guy Pearce, Carrie-Anne Moss, Joe Pantoliano, Mark Boone Junior 

María de mi corazón

«Hay amores cortos y hay amores largos», le dijo ella. Y concluyó sin misericordia: «Este fue corto» Sólo vine a hablar por teléfono, Gabriel García Márquez

Por kurenai_alex

Este jueves 26 de septiembre se exhibió en la Cineteca Nacional de México la película María de mi corazón (1979), del director Jaime Humberto Hermosillo. La presentación correspondió al ciclo Conversando con nuestros protagonistas, coordinado por el cineasta Juan Antonio de la Riva, que en esta ocasión presenta a María Rojo como protagonista de las charlas.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva en la presentación de María de mi corazón Foto de Manuel Pineda

María Rojo abrió la presentación de la película explicando que el mismo Gabriel García Márquez envió una carta al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) para pedir que se restaurara el negativo, pues consideraba que era la mejor adaptación de sus trabajos y uno de los filmes más importantes del cine mexicano. Asimismo apuntó la falta de apoyo con la que contaban este tipo de trabajos, pues la película fue más reconocida en el extranjero que en México, donde no se permitió su exhibición.

María Rojo destacó que este trabajo marcó un momento en que «los actores quisieron cambiar la historia», y crearon un Sindicato de Actores Independientes que buscaba obtener las condiciones sociales adecuadas para todos los miembros del gremio cinematográfico, una lucha todavía pendiente en México, donde «un actor retirado recibe una pensión de mil pesos al mes». De esta forma «la película fue, de alguna manera, la bandera del Sindicato de Actores Independientes» señaló Juan Antonio de la Riva, quien también colaboró con Hermosillo en la filmación. María de mi corazón forma parte del proyecto Preservación del cine mexicano, implementado en la Cineteca Nacional de México con la finalidad de rescatar el patrimonio fílmico para su exhibición y conservación.

La película, filmada en la colonia Portarles de la Ciudad de México en un formato de 16 mm, cuenta el trágico amor entre María Torres (María Rojo) y Héctor Roldán (Héctor Bonilla). Después de que Pepé deja a María plantada en la iglesia, ella decide regresar al único lugar constante en su vida: la casa de Héctor, ex novio al que ella misma dejó en el altar algunos años atrás. Aunque en un principio María se niega a retomar su relación pronto se deja llevar por la visceral atracción sexual que Héctor le genera y empiezan una nueva vida juntos. Sin embargo el hábito de Héctor, como ladrón, no parece agradarle mucho a la joven quien pronto decide que lo mejor es que ambos se dediquen al mundo del espectáculo como magos. Una vez que comienza a realizar giras sus vidas dan un vuelco.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva en la presentación de María de mi corazón Foto de Manuel Pineda

Pese a las precarias condiciones de la producción, María de mi corazón cuenta con un nivel técnico destacado, los 16 mm en los que fue filmada no merman su calidad. Al inicio asistimos a la presentación de una película oscura, en la que los personajes son casi sombras que destacan con dificultad en el encuadre. Pero una vez que María sonríe por primera vez la iluminación cambia para otorgarnos una fotografía detallada de los ambientes en los que se mueven los personajes, adentrándonos en sus costumbres y su vida cotidiana por medio de cada uno de los elementos que componen el diseño de producción. La fotografía estuvo a cargo de Ángel Goded y el diseño de producción contó con la participación de Lucero Isaac, quien ya había trabajado anteriormente con Jaime Humberto Hermosillo de manera destacada.

La música es otro aspecto curioso del filme, se recurrió al uso de canciones preexistentes que ilustran situaciones específicas con la letra de la canción, por ejemplo mientras María se cambia el vestido de novia para desayunar con Héctor después de su reencuentro, éste hace sonar en el tocadiscos Viajera de Luis Arcaraz, lo mismo ocurre con el resto de las canciones de la película, que siempre aparecen como parte de la historia (música diegética) para describir los sentimientos de Héctor.

El guión, co-escrito por Gabriel García Márquez y Jaime Humberto Hermosillo, se aleja de las representaciones naturalistas del cine mexicano, retomando los elementos del realismo mágico característicos de los trabajos del escritor. De acuerdo con las declaraciones de Márquez en el diario El país (1981), https://elpais.com/diario/1981/05/05/opinion/357861609_850215.html la idea original partió de una historia que había escuchado en la vida real, de la cual surgiría también Sólo vine a hablar por teléfono, cuento incluido en la antología del autor Doce cuentos peregrinos.

María Rojo y Héctor Bonilla en María de mi corazón, Jaime Humberto Hermosillo, 1979

Destacan además las actuaciones de María Rojo, Héctor Bonilla, Salvador Sánchez, José Alonso, Evangelina Martínez, Dolores Beristáin, Óscar Chávez, Ana Ofelia Murguía y otra larga lista de actores y personalidades que participaron de marea altruista, incluso interpretando varios personajes que conservaban los nombres de pila de los interpretes, pues «la película fue escrita para ellos». Una de las mejores participaciones fue la de Xóchitl, actor mexicano conocido como «la reina travesti de México», quien interpretó tres papeles totalmente distintos: un judicial, un sacerdote y una enfermera del hospital psiquiátrico. En este último papel la voz del actor fue doblada para hacer contrastar su corpulenta imagen con una voz dulce y suave, lo más sorprendente es que el doblaje se realizó en directo y no en la post producción, y sólo hay una escena en la que el desfase es evidente.

En suma, María de mi corazón es un filme diferente, en el que vemos evolucionar a los personajes, adaptarse y transformarse a la par que el tono cómico se va deslavando para sumir los matices de la tragedia. Este 2019 se cumplen 40 años del estreno de este trabajo cuya filmación duró únicamente 93 días, y se realizó con un presupuesto mínimo, por lo cual los actores no recibieron una paga, pues su finalidad única era continuar con el desarrollo del cine nacional aún en contra de la censura.

La Cineteca Nacional ha realizado un excelente trabajo al restaurarla y ponerla nuevamente en exhibición, sólo esperemos que la difusión de estos trabajos continúe para permitir que cada vez más públicos puedan conocerlas y reconocerlas como parte trascendental de la cinematografía nacional.

La balada del viento y los árboles

«¿Qué pueden saber los ignorantes sobre el amor?»

Por @kurenai_alex

Durante la segunda mitad del siglo pasado, surgió en Japón una oleada de nuevas historias en el mundo del manga. Con la llegada del Grupo 24, conjunto de mangakas nacidas en la primera mitad del siglo pasado,  la innovación en el género shojo, o historias para chicas, sufrió una transmutación de dimensiones sorprendentes. 

Dentro de este grupo se encontraban personas como Hagio Moto, quien con El corazón de Toma (Tôma no Shinzô) o Un Dios cruel gobierna (Zankoku na kami ga shihai suru) se atrevió a tocar temas que, si bien son por demás comunes, no dejan de causar polémica. El racismo, la homosexualidad, discriminación y el maltrato psicológico eran algunas de las temáticas explotadas por el Grupo 24; mas contaban con la enorme peculiaridad de hablar de éstas a través de bellísimas historias románticas, que escapaban de los clichés usuales. 

Pero, fue Keyko Takemiya, quien se posicionó como ama y señora de las nuevas temáticas, al crear una de las historias más hermosas del mundo del manga; que si bien nunca llegó a la pantalla grande, y en realidad contó con una popularidad más bien discreta, ha logrado dejar una profunda huella en todo aquel que tiene la oportunidad de verla. 

Es por ello que en esta ocasión hablaré de La canción del viento y los árboles o La balada del viento y los árboles, (Kaze to ki no uta) como se le traduce, una publicación de la editorial Shogakukan del año de 1976, que posteriormente fue llevada a la pantalla chica en su versión animada y muy recortada en 1987. Pero eso no significó que la historia perdiera calidad, su argumento, la música, los hermosos dibujos y el increíble trabajo de doblaje la transformaron en un gran producto que, por desgracia, no ha sido tomado en cuenta aún por algún curioso guionista o director que se atreva a retomar esta historia para trasladarla al mundo del cine. 

Kaze to ki no uta está situada en Arles, Francia a finales del siglo XIX, y narra la historia de Serge Battour, un chico mestizo, único heredero del vizconde Battour y una hermosa gitana, matrimonio que desde luego su familia no aprobó. Sin embargo, tras su muerte se verían obligados a aceptar a Serge como su sucesor.  

La historia del manga y su versión animada difieren bastante, sobre todo por cuestiones de tiempo. Mientras que el manga consta de 17 volúmenes, en los que se desentraña poco a poco la historia de cada uno de los personajes y sus oscuros secretos, en su versión para la pantalla chica todo tiene que llevarse a cabo en cerca de una hora con diez minutos, por lo que muchos detalles intrigantes, y por demás morbosos, de la trama nunca se develan o quedan como parte secundaria, únicamente como contexto de la historia. 

Todo comienza cuando Serge ingresa al colegio más prestigioso de Arles, Laconblade, cumpliendo su sueño de pertenecer a la misma escuela que su padre. El pequeño, de apenas 14 años, cuenta con todos los talentos de la vida. Es inteligente, responsable, noble, bueno en los deportes y para variar un excelente músico. Su especialidad es el piano, y en el colegio encuentra pronto quien guíe su talento. Serge logra vencer todo tipo de obstáculos, desde la discriminación, debido al color de su piel, hasta los rumores con respecto al origen dudoso de su madre.

Sin embargo ese es sólo el principio, porque para su desgracia, o fortuna, lo colocan en la habitación que nadie quiere, en donde irónicamente se hospeda el compañero que todos desean: Gilbert Cocteau, un chico con una belleza peculiar capaz de trastornar hasta a la persona más cuerda del mundo. 

Aunque al principio Serge no comprende porqué la habitación despierta la intriga y los chismes de sus compañeros, muy pronto descubre toda una serie de escaramuzas que involucran a muchos de sus compañeros y hasta al director de la escuela en prácticas sadomasoquistas homosexuales con el inocente Gilbert, que de inocente no tiene nada. 

La realidad es que el chico es el prostituto oficial del colegio y aprovecha esa situación para mantenerse entretenido. Aunado a ello, el pasado del pequeño es una maraña de secretos de índole poco agradable para la sociedad francesa moralista. 

Pese a llevar el apellido Cocteau, Gilbert no es hijo legítimo de la familia. Su verdadero padre es el escritor Auguste Beau, quien fue adoptado por la familia Cocteau cuando aún era un niño, al llegar a la adolescencia tuvo una aventura con la esposa de su hermano adoptivo y su unión dio como resultado el nacimiento de Gilbert. Así Auguste se encargó de criarlo como su tío y amante, infringiéndole  castigos físicos y psicológicos para «mantenerlo puro», pues de acuerdo con él, los seres puros son bellos: sólo se puede llegar a la verdadera belleza a través del sufrimiento, por lo tanto los ignorantes, personas con escaso intelecto e interés por el arte y la belleza, o quienes llevan vidas normales y tranquilas nunca conocerán el amor.  

De esta manera, la trastocada visión del amor, la fidelidad y la soledad transforman a Gilbert en un manipulador capaz de darlo todo con tal de conseguir sus propósitos. Lo mantiene alejado de las demás personas y lo imposibilita para reconocer el bien o el mal desde una perspectiva social. Así, Serge, quien a fuerza de convivir con él, empieza a descubrir su verdadera y muy oculta personalidad, decide arriesgarlo todo para rescatar a Gilbert, sin darse cuenta que cada acción que realiza los hunde más a los dos en un abismo sin salida, o mejor dicho con una única salida. 

Como ya mencioné esta es una historia realmente hermosa. El trato de los perfiles psicológicos de los personajes no deja ni un detalle al aire, el uso de la música de Chopin como parte del soundtrack y el estilizado diseño visual de cada  interprete envuelve al espectador de manera tal que, sin importar que tan crudos sean los temas abordados, es imposible no seguir viendo la animación, y al terminar buscar el manga para desentrañar todos los pequeños huecos que no se pueden cubrir en la versión animada. 

Esta es una excelente opción si estás cansado de las clásicas historias del cliché homosexual del cine hollywoodense, si quieres conocer una visión distinta de este gastado tema, si eres un melómano o simplemente disfrutas de los dibujos animados creativos y estilizados. 

Ficha técnica; Título: Kaze to ki no uta; Director: Yoshikazu Yasuhiko; Guión: basado en la historia original de Takemiya Keiko; Estudio: Studio Gallop ; Año: 1987 

Doppelgänger

«Se cree que cuando ves a tu doble es que estás a punto de morir»

Por kurenai_alex

Existe una leyenda que cuenta que cuando ves a tu doble es que la muerte te acecha, pero, ¿qué pasaría si ni tú mismo sabes si el doble eres tú? 

Los fenómenos sobrenaturales, en los que se ven involucrados fantasmas, almas en pena o aparecidos, son uno de los temas favoritos de la literatura y el cine de terror. Pero claro, existen otro tipo de historias, aquellas en las que el protagonista no tiene forma de vencer el peligro que lo aqueja, porque el horror proviene de sí mismo. 

En el año 1886, Robert Louis Stevenson, escritor escocés, dio vida a una siniestra historia de suspenso, que con el paso de los años sería adaptada en más de una ocasión para su versión cinematográfica: El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde.  La historia es tan popular que hasta Silvestre y Piolín le dedicaron un capítulo en su serie, pero eso no es lo importante.  El caso es que la idea de mostrar el monstruo que vive en el interior de cada ser humano se convirtió en una nueva fuente de inspiración para los cineastas.  

Cintas como Psicosis de Alfred Hitchcock, A tale of Two Sisters de Kim Ji-woon, o Hide and Seek de John Polson, han retomado esta idea y han creado películas que te hacen sospechar hasta de tu sombra y ver con terror el espejo. En el año 2003, Kiyoshi Kurosawa, maestro del terror, creó una cinta bajo la misma temática, que rompía todos los esquemas planteados hasta el momento: Doppelgänger

Kôji Yakusho en Dopperugengâ de Kiyoshi Kurosawa, 2003

Protagonizada por su actor fetiche, Kôji Yakusho, Doppelgänger cuenta la historia de Michio Hayasaki, un científico con una mente capaz de crear cualquier cosa. Gracias a sus inventos revolucionarios, la compañía en la que trabaja se encuentra entre las mejores a nivel mundial, por ello le dan libertad al hombre para desarrollar sus arriesgados inventos. El último de éstos es una silla que sirve para ayudar a los discapacitados a realizar sus tareas cotidianas, supliendo sus músculos atrofiados con los instrumentos incluidos en la silla, al conectar directamente al cerebro con los receptores nerviosos de todo el cuerpo. 

Sin embargo, los niveles de estrés acumulados por el trabajo le impiden a Michio completar su tarea. Es gracias a este mismo estrés que la personalidad de Michio termina dividida en dos partes, su parte buena/reservada y su parte mala/atrevida, quien aparece para sacar a la primera de su estancamiento, sin importar que obstáculos tenga que eliminar en el proceso.

Kôji Yakusho en Dopperugengâ de Kiyoshi Kurosawa, 2003

Esta maravillosa creación de Kurosawa plantea desde todas las perspectivas existentes la múltiple naturaleza del ser humano, y tal como la novela de Stevenson, demuestra que muchas veces la parte que nos esforzamos por ocultar es mucho más real o consistente que la fachada que utilizamos para presentarnos al mundo, y en ocasiones sus intenciones son mucho menos siniestras que las que planteamos. Temas como la moral, los deseos ocultos, las frustraciones reprimidas, y la falta de conocimiento del yo destacan en la película al mezclarse con una excelente trama de suspenso. 

La cinta muestra una serie de giros inesperados que la transforman en una obra de arte del cine de suspenso, los personajes cambian y se acoplan a la maraña de confusión que surge, haciendo que nos preguntemos quién es el malo de la historia, mejor aún, si de verdad existe un malo en la historia. 

¡Y de las actuaciones ni hablar! Kôji Yakusho representa tan bien a las dos partes de su personaje, que deja claro porqué es el favorito del director para caracterizar a sus protagonistas. Tiene una capacidad desmedida para cambiar de estado en un segundo, arrastrándote a las entrañas de las pasiones más oscuras, y como siempre, ninguno de los personajes que interpreta son iguales. Todos cuentan con una personalidad distinta que sólo él, con sus décadas de experiencia en el cine, podría aportarles. 

Además de las actuaciones, Kurosawa, como de costumbre, no tiene reparo en mostrar escenas sangrientas aquí y allá, pero todas ellas justificadas y estéticas, sin halo de morbosidad insana. Su técnica cinematográfica vuelve a ser impecable como en trabajos anteriores en los que la fotografía y la música se unen para dar vida a un impenetrable universo de misterio.

Así que si estás buscando una cinta de suspenso, entretenida, diferente y que para variar te ponga a pensar un poco, no te puedes perder Doppelgänger de Kiyoshi Kurosawa. Créeme no te arrepentirás. 

Los albañiles

El pensamiento de Vicente Leñero en pantalla

Por @kurenai_alex

Los albañiles, del director Jorge Fons, realizada en el año 1976, fue la película presentada esta semana en la Cineteca Nacional de México como parte del ciclo de conferencias Nuevas reflexiones del cine mexicano, que en esta ocasión retoma los Laberintos de la memoria, como hilo conductor y corre a cargo de Gabriel Rodríguez Álvarez, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM.

Gabriel Rodríguez Álvarez en la presentación de Los albañiles (1976) de Jorge Fons Foto de Manuel Pineda

De acuerdo con Gabriel Rodríguez, estos ciclos «confirman la necesidad de realizar actividades de formación de públicos», además de mostrar el «cine de la apertura democrática», cuya finalidad era abrir espacios para los jóvenes como mediadores entre el gobierno y ellos, después de los acontecimientos de México 68. Asimismo destacó las diferencias trascendentales entre el cine de esos años como «testimonio y ventana de otras épocas», con el cine mexicano actual que es un «cine de la miseria, de explotación de los pobres y el escarnio de su condición». Su exposición versó además acerca del uso de metáforas: plásticas, dramáticas e ideológicas (de Marcel Martín), que en el cine de Jorge Fons consolidan un universo realista en el que sin embargo, el director «no ejerce violencia de clase contra sus personajes» a través de la cámara. Además de mostrar una mezcla de «teatro y cine, pero no un teatro filmado».

El guión de Los albañiles fue escrito por Luis Carrion, Jorge Fons y Vicente Leñero, basados en una novela de éste último, escrita en 1963 y adaptada al teatro en 1969 por Ignacio Retes. La trama se centra en el asesinato de don Jesús, vigilante de una obra en construcción, y con esa historia como medio Fons nos transporta a la realidad de un grupo de trabajadores de la construcción.

Gabriel Rodríguez Álvarez en la presentación de Los albañiles (1976) de Jorge Fons Foto de Manuel Pineda

La narrativa visual se estructura en tiempo multiforme: el momento presente, en el cual el inspector Munguia investiga la muerte de don Jesús; y el pasado, introducido por medio de flash back en los que conocemos la vida cotidiana de los personajes, o sus antecedentes. Al inicio de la película somos introducidos a un misterioso edificio, que se transforma, conforme avanza la cámara, en locación y personaje, pues no sólo la historia se mueve entre sus muros; él, como señala don Jesús, trata de comunicarse con quienes lo rodean, los pone en un mismo plano temporal y espacial: ayuda a crear relaciones, formarlas o destruirlas.

Con la obertura de Alceste de Christoph Willibald Gluck, asistimos a la presentación de ese edificio vivo, al mismo tiempo que visualizamos el asesinato de don Jesús, a través de la visión subjetiva de su asesino, justo en el momento álgido de la música cuando los violines aceleran el tempo y la intensidad de la melodía. Una vez que la muerte ha ocurrido la escena se transforma, al compás de la música, para mostrarnos el recorrido de la sangre derramada, a continuación la escena cambia. Guiados por el personaje que descubre el tiempo nos transportamos al pasado, antes de la tragedia.

José Carlos Ruiz y José Luis Flores en Los albañiles, Jorge Fons, 1976

Desde una perspectiva argumental, es una crítica bien estructurada a través de la representación de las condiciones sociales todavía vigentes de una población organizada en jerarquías demasiado contrastantes, en las que la violencia simbólica se ejerce de manera constante. A diferencia de la violencia física y verbal que se da incluso entre iguales dentro de la película, la violencia simbólica se presenta de manera mucho más agresiva, pues la palabra sólo la tiene aquel que ostenta el poder, e invisibiliza a los otros.

Así vemos, por ejemplo a Federico (Pepe Alonso) ignorar y silenciar a sus trabajadores; pero al mismo tiempo él ocupa ese mismo lugar de sometimiento frente a su padre, y sin saberlo frente a los mismos personajes que humilla, pues podrá ser «el nene rico» y dar las órdenes, pero quienes conocen el funcionamiento de la obra son los propios albañiles, no él.

En esta película todos los personajes se encuentran en busca de su lugar: físico y moral. Desde los trabajadores que migran de pueblos lejanos para probar suerte en la capital por un sueldo de miseria, en un trabajo en el que gastan la vida «construyendo casas y edificios y ninguno es de su propiedad»; Federico, quien busca la aceptación de su padre, el respeto de sus trabajadores, un puesto de poder; hasta el inspector Munguia, que trata de «hacer las cosas como se deben» pero al final con o sin procedimiento debe llegar a un resultado para no perder su puesto.

Pepe Alonso y Salvador Sánchez en Los albañiles, Jorge Fons, 1976

Los actores contribuyeron de manera monumental a construir todo ese universo de desesperación, son de destacar las actuaciones de Ignacio López Tarso, como don Jesús, Adalberto Martínez «Resortes» como El patotas, José Carlos Ruiz en el papel de Jacinto y Pepe Alonso interpretando a Federico. Además de la participación de Katy Jurado y David Silva, parte de la generación de la Época de oro del cine mexicano.

En el aspecto técnico existen algunos errores típicos, la sombra del camarógrafo, el cambio de locación de edificio, y otros detalles semejantes que pueden pasar desapercibidos si uno no es muy curioso. En cuanto al sonido, Fons no sólo decidió utilizar la mezcla de sonidos ambientales para crear la atmósfera; sino también el leitmotiv descarados para ilustrar situaciones muy particulares, como el momento en que la hermana del plomero llega a la construcción para llevarle el almuerzo, y de fondo escuchamos, Qué buena está Elena de José Albarrán, seguida de los soeces piropos de los trabajadores, una escena que además plasma de forma brutal el papel que tenía la mujer dentro de ciertos sectores de la sociedad y que por desgracia no ha cambiado en su totalidad.

Eduardo Cassab en Los albañiles, Jorge Fons, 1976

Los albañiles es una película que cuenta con tantos elementos para analizar como minutos en su estructura. Pero desde mi perspectiva, la temática no dista mucho del naturalismo actual presentado por directores como Amat Escalante. Lo que sí cambia es el tratamiento, el acercamiento y la experiencia actoral que supera por mucho a los filmes actuales. No soy fanática de Ignacio López Tarso y mantendré mi firme opinión de que su actuación en películas como Macario es acartonada y teatral, sin embargo en esta ocasión su trabajo es plausible, y sus monólogos de verdad alcanzan a tocar las fibras más sensibles del espectador. Lo mismo ocurre en el caso de Adalberto Martínez «Resortes», que deja de lado su personaje repetido en tantas películas anteriores y proyecta una faceta novedosa de su carrera, sin caer en sus típicos arrebatos de comicidad forzada o su clásica e hiperbólica gesticulación.

Para finalizar, sigue siendo un acierto que se realicen estos ciclos que permiten redescubrir el cine mexicano.

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