El amor se colecciona

The hunger de Tony Scott

Por @kurenai_alex

La vida eterna suena bastante tentadora, sobre todo si eres una vampiresa con fondos económicos interminables, coleccionista de arte, música, recuerdos y ¿amantes?

David Bowie & Catherine Deneuve en The Hunger de Tony Scott, 1983

Durante las décadas de los 80 y 90 la representación del vampiro comenzó su inevitable evolución para mantenerse como parte del gusto del público. Surgirían así novelas como El tapiz del vampiro (1980) de Suzy McKee Charnas; They Thirst (1981) de Robert R. McCammon; Those Who Hunt the Night (1988) de Barbara Hambly, Vampire of the Mists (1991) de Christie Golden, y un sin fin más, muchas de las cuales retomaban la nueva figura establecida por Anne Rice en su Interview with the Vampire (1976). 

Portada de Interview with the vampire de Anne Rice, 1976

Siguiendo los pasos de la literatura, en el cine la figura del vampiro comenzó también su transmutación que ha desembocado, para disgusto de muchos, en personajes como el de Edward Cullen (Twilight, 2008). Todavía hasta los años 70, el vampiro, en el cine, no pasaba de ser el clásico sujeto de la capa que se transformaba en murciélago después de extraer hasta la última gota de sangre de alguna muy bien formada jovencita.

Fotograma de El ataúd del vampiro, 1958

Sin embargo, su necesidad de supervivencia lo obligaría a adaptarse a los nuevos tiempos. Comenzarían a aparecer así versiones más humanas de dichas criaturas, la figura aristocrática quedaba velada por la nueva configuración de la criatura que sufre, que ama, seduce, necesita, desea, vamos, un sujeto como cualquier otro pero con una vida mucho más extensa. 

Fue dentro de este boom del vampiro como protagonista que Tony Scott, recordado por ser el director de Top gun (1986), Man on fire (2004) y por ser el hermano de Ridley Scott, decidió crear, en 1983, una película que renovaría la figura del vampiro, mezclando una serie de elementos como la música, el diseño de producción, y la iluminación correctas para hacer surgir toda una atmósfera gótica en la que Miriam Blaylock (Catherine Denueve), y su amado John (David Bowie) tratan de compartir su existencia. 

Fotograma de The hunger, 1983

Desgraciadamente la vida eterna que Miriam le prometió a su amante resulta no ser tan extensa como él había imaginado, digamos que su «vida eterna» duraba sólo hasta que terminaba. Poco a poco John se da cuenta de que su cuerpo está cambiando, y no sólo eso, lo invade una necesidad visceral por alimentarse cada vez con más frecuencia. Desesperado, John acude en busca de ayuda con la doctora Sarah Roberts, sin saber que el encuentro entre ella y Miriam lo descartará a él de los planes de ésta última.

Para la creación del guión Tony Scott se basó en la novela The hunger (1981) de Whitley Strieber, sin embargo el guión de Ivan Davis, se tomó bastantes libertades creativas en la adaptación del trabajo de Strieber, quien hace referencias a la procedencia extraterrestre de su protagonista, las cuales no aparecen en el filme. 

Mas, lejos de las diferencias argumentales entre la obra original y su adaptación, ambas conservan el mismo hilo conductor: por una parte la necesidad Miriam, como ser inmortal, de encontrar un compañero en su eterno paso por el mundo y por otra, la tragedia de que ninguno de los compañeros que elige logra asimilar los dotes de la vida vampírica que Miriam les otorga. 

De esta manera, el argumento central de la película se enfocó en mostrar las andanzas de la vampiresa en su búsqueda eterna por atesorar el amor aún en contra del paso del tiempo y las vicisitudes que de él se derivan, mientras explora sus posibilidades. Es sorprendente y destacable que una cinta realizada a principios de los años 80 aborde de manera explícita y sin prejuicios temas como el lesbianismo, la bisexualidad, y la liberación sexual femenina. 

Fotograma de The hunger, 1983

Ya como parte de los aspectos técnicos, esta es una película brillantemente fotografiada, en la que Tony Scott parece haber puesto todos sus conocimientos como creador de videoclips; puesto que cada uno de los encuadres realizados encapsula un momento estético y al mismo tiempo emotivo que se conjuga con la perfecta combinación entre imagen y sonido.

La música es otro gran acierto del director, cada una de las escenas cuenta con un soundtrack entrañable que realmente trata de comunicarse auditivamente con el público para que éste comprenda la trascendencia de los acontecimientos en pantalla. Y no sólo hace uso de melodías completas; sino incluso de sonidos que vinculan las emociones de los personajes entre sí.

Secuencia inicial de The hunger 1983

A estos atributos hay que agregar la caracterización de los vampiros, quienes definitivamente dejaron de lado las capas de terciopelo para enfundarse en las prendas más modernas, y elegantes de su época: la década de los 80. Pero no bastaba con la ropa para volver a estos vampiros parte de un universo creíble; las actuaciones de Bowie y Deneuve mantienen el aire misterioso y sofisticado que caracterizaba a los vampiros de antaño, pero esta vez mezclado con lo cotidiano: lo simplemente humano. 

Por desgracia la película no contó con la mejor recepción durante su estreno. Surgieron muchas alusiones al trabajo de Scott como una película con forma pero sin contenido, y lejos de apreciarse el componente erótico del filme, muchos se enfocaron en la escena lésbica entre Catherine Deneuve y Susan Sarandon. Y la aportación de Scott a la reconfiguración del vampiro pasó desapercibida. Hoy en día The hunger pertenece al cine de culto, y por fortuna El cinematógrafo del Chopo ha decidido proyectarla como parte de Macabro 2019: Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México, el día de hoy (29 de agosto) a las 17:00. 

http://www.chopo.unam.mx/english/cartelera_cine.html

Si tiene la oportunidad no deje de ver esta película y de apreciar todos y cada uno de los elementos que la componen visual y argumentalmente. 

Literatura en pantallas

El guardián invisible

Por @kurenai_alex

Como parte de su catálogo, Netflix México ha tenido el acierto de incorporar una serie de producciones extranjeras que van desde películas bollywoodenses como Singham (Rohit Shetty, 2011), hasta la saga turca Dabbe, sólo por mencionar algunas.

Fotograma de Singham, (2014) Rohit Shetty

Asimismo ha colocado también un conjunto de películas españolas, que si bien incluyen las clásicas comedias como Torrente 5: operación Eurovegas (Santiago Segura, 2014), también añade otro rango de cintas cómicas, dramas, películas policiacas y thrillers psicológicos. Dentro de esta última clasificación se encuentra El guardián invisible, película dirigida por Fernando González Molina, quien ya se había ganado un lugar especial en la cinematografía española con la adaptación de la novela Palmeras en la nieve de Luz Gabás.

En esta ocasión, Molina presenta la adaptación de la primera novela de La trilogía de Baztán de Dolores Redondo, la cual está formada por tres títulos: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta.

La adaptación de Molina resulta bastante fiel al libro de Redondo, la calidad de la producción deja claro que el cine español se está transformando también en busca de una merecida evolución, y en conjunto con las actuaciones, el filme completo nos conduce a la Comunidad Foral de Navarra, en donde un siniestro crimen en contra de una adolescente ha sido cometido.

Al mismo tiempo el director, rigiéndose por los principios de la novela, traza lentamente un manojo de misterios que se resuelven lentamente a lo largo de la trama.

Fotograma de El guardián invisible, 2017

En términos técnicos la película cumple adecuadamente con ilustrar de manera bastante fiel todos los paisajes descritos por la autora a lo largo de su novela. Sin embargo, en términos argumentales, tal como la novela, la película cuenta con algunos siniestros huecos que le restan credibilidad pero que no demeritan el trabajo completo de la producción.

La película fue razonablemente exitosa durante su lanzamiento, pero poco a poco ha incrementado su popularidad a tal grado que la productora Atresmedia Cine, encargada del financiamiento del proyecto, ha decidido invertir en la producción de las dos secuelas restantes, las cuales incluso tienen ya fecha de estreno para el 5 de diciembre del año en curso y el 3 de abril del 2020.

Esperemos que estas secuelas continúen con la línea de la primera película y nos regalen un complemento que se encuentre a la altura de la primera entrega, para que las distribuidoras en México comiencen a fijar su vista en estas producciones y les otorguen un espacio en salas.

Las fantasías de un pintor Edo

«Mi verdadera obra maestra, Onei, no es las 36 vistas del monte Fuji. No, es esta: las fases de las mujeres que tienen deseos»

Hokusai (Hokusai manga, 1981)

Por @kurenai_alex

Como parte de las actividades de Pasajero 21: el Japón de Tablada, se presentó, la noche de ayer, en la Cineteca Nacional de México Hokusai manga, una película de 1981 escrita y dirigida por Kaneto Shindô.

https://www.mexicoescultura.com/actividad/219601/pasajero-21-el-japon-de-tablada.html

Obra parte de la serie Hyakunin isshu uba ga etoki (1835-1836)
Hokusai

La película gira en torno a la vida y obra de Hokusai (1760-1849), famoso pintor y grabador japonés que desarrolló su arte durante la era Edo. Con un sentido del humor único Shindô muestra las vicisitudes de un personaje obsesionado con la trascendencia, el éxito y la riqueza, que trata de vivir a su modo, lejos de los cánones establecidos, pero siempre pendiente de los comentarios ajenos.

Poster promocional de la película Hokusai manga, 1981

Desde luego, la película es una versión romántica y tragicómica de la vida del pintor, en la que se dejan de lado los hechos reales en pos de mostrar los atributos que caracterizaban al escritor de acuerdo con historiadores y críticos. De esta manera queda al descubierto su rivalidad con otros pintores de la época, su amistad con algunos artistas así como su impetuosa forma de vida, que lo llevó a realizar viajes constantes para lograr consolidar las 36 vistas del monte Fuji, considerada una de sus obras más importantes.

Kanagawa oki nami ur (1930-1933)
Hokusai

La película cuenta además con un alto grado de erotismo que nunca cae en lo pornográfico o exhibicionista. Aunque de alguna manera resulta cómico ver las triquiñuelas que se utilizaron para impedir que cualquier pene o vagina saliera a cuadro. Sin embargo, eso no resta estética a las escenas diseñadas para plasmar la excitación, la voluptuosidad o la sensualidad de los personajes.

Fotograma de Hokusai manga, 1981

Por desgracia este trabajo contó con dos puntos desfavorables demasiado evidentes: primero el maquillaje poco creíble, sobre todo al representar a los personajes en la tercera edad; y segundo la teatralidad de la últimas secuencias de la película, en las que el lenguaje cinematográfico queda reemplazado por un lenguaje completamente teatral que impide seguir completamente el ritmo planteado por la película en un inicio.

Otro desacierto fueron los subtítulos, aunque claro estos no tienen nada que ver con la producción del filme, sino con la persona o equipo encargado de realizarlo. Muchas frases se mostraban incompletas, y otras tantas no transmitían realmente la idea del personaje, que en ocasiones hacía referencia a costumbres o situaciones tradicionales.

Finalmente, este tipo de actividades, a las que es posible acceder de forma gratuita gracias a la Cineteca Nacional, son un gran acierto puesto que permiten conocer obras de difícil acceso, y acercan al público a la apreciación, no sólo del cine; sino también de otras artes (en este caso la pintura)a través de las representaciones cinematográficas que vemos en pantallas.

Once upon a time in Hollywood

¿Qué hubiera pasado si…?

Por @kurenai_alex

Esta semana se estrenó en salas mexicanas Once upon a time in Hollywood del director Quentin Tarantino. No pasaron ni 24 horas antes de que en YouTube se publicaran los video de «El final explicado de…», «50 curiosidades de..» o las clásicas reseñas.

Screen Shot de Youtube

En general la película recibió críticas favorables y contó con el beneplácito del público; que espero no haya tenido la misma desventura que yo: sentarse frente a fanáticas de Brad Pitt que suspiraban y le lanzaban piropos cada vez que el actor aparecía en pantalla. Peor aún fue el momento en que Pitt se quitó la camisa para dejar ver sus bien formados pectorales, ahí los comentarios soeces que se escucharon casi me hicieron sonrojar.

Brad Pitt como Cliff Booth

Mas, lejos de la mala experiencia de ver la película en compañía de quien no respeta el derecho del resto de la audiencia a disfrutar del filme, lo cierto es que la novena película de Tarantino no aporta nada nuevo a la cinematografía.

La historia de Rick Dalton y su doble Cliff Booth, aunque bastante lenta al inicio, resulta cómica y entretenida. Al más puro estilo de los hermanos Coen en Hail Caesar!, Tarantino recrea de forma impresionante el Hollywood de los 60 y 70, al mismo tiempo que nos da un paseo por las calles de Los Ángeles.

Poster promocional de Hail, Caesar! de los hermanos Coen

Las bromas y las referencias al funcionamiento de la industria resultan sumamente entretenidas y lo mejor es desde luego la conjugación de las actuaciones de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio, que pese a su nulo parecido en cámaras, sí logran transmitir la afinidad de un equipo de trabajo entrañable, y una amistad que va más allá de los espacios de rodaje.

La estética de la película realmente logra transportar al público a otro punto de la historia, y genera además simpatía al ver la imitación de tantos afiches relacionados a la industria del cine. ¡Vamos! que es un buen espectáculo para los nostálgicos. Sin embargo todas estas bondades se pierden debido a la necesidad del director de meter con calzador la historia de Sharon Tate y compañía.

Poster promocional de Once Upon a time in Hollywood de Quentin Tarantino

No soy fanática del director, considero que gran parte de sus trabajos son sobrevalorados, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de sus argumentos son retomados de otras grandes historias del cine clásico italiano o japonés; sin embargo decidí ver esta cinta dejando de lado mis prejuicios en torno a su creador, y realmente disfruté gran parte de la película (pese a las fanáticas de Pitt), pero todos los elementos extraños que han posicionado a Tarantino dentro del gusto de un público específico, como la sangre gratuita, y su obsesiva necesidad de mostrar el «¿Qué hubiera pasado si…?» de situaciones de sobra conocidas (basta recordar Inglourious Basterds), terminan por demeritar un filme que pudo haber significado una gran evolución dentro de su carrera.

Desconozco si Tarantino tiene pensado lanzar una trilogía de historias alternativas a eventos históricos reales, o si es una venganza personal en contra de enemigos públicos, pero al final, aunque yo no encuentre sentido a su megalomanía cinematográfica, está en su derecho de presentar su propia visión de la vida, a través de su técnica fílmica.

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