La tumba de las luciérnagas

La obra maestra de Isao Takahata

Por kurenai_alex

La frialdad de los sentimientos humanos, la guerra, la pérdida de la inocencia y la comprensión del significado de la muerte a través de una conmovedora historia es lo que muestra Isao Takahata en: La tumba de las luciérnagas (Hotaru no haka).

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

Esta película del año 1988 es uno de los retratos más impresionantes, realizado en forma de animación, que muestra perfectamente las consecuencias de uno de los acontecimientos que paralizaron una parte del mundo: la Segunda Guerra Mundial, y su impacto a nivel económico, humanista y sociocultural. 

Desde las primeras escenas el corazón se paraliza con la visión de un pequeño de 14 años que pierde la vida en una estación de tren, mientras la gente camina indiferente o asqueada a su alrededor. Al verlo, los guardias, sólo pueden exclamar «otro muerto»; en una época en la que los muertos eran historia de todos los días ya no existía cabida para la sorpresa o la compasión. Pero, detrás de cada uno de los cadáveres que amanecían en las calles había una historia, y ese relato es el que transmite Takahata.

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

Seita, de 14 años, y su hermanita Satsuko de apenas cuatro años quedan desamparados luego de un bombardeo en la zona de Kobe. Su padre, oficial de la marina, se encuentra en el frente, y su madre pierde la vida al quedar malherida en un bombardeo. Así los dos pequeños quedan bajo el resguardo de su tía. Lo único que llevan consigo son las últimas reservas de alimentos que guardaban en casa y los kimonos de su madre, que tienen que vender para conseguir comida. Mientras tanto, a costa de tener que ocultar su propio tormento, Seita, intenta por todos los medios mantener la muerte de su madre en secreto para evitar que su hermanita se enfrente a ello. 

Durante la crisis es cuando se aprecia la verdadera naturaleza humana, y pronto la tía comienza a sentirse fastidiada por la presencia de los niños, que si bien no aportan nada al hogar, hablando en términos económicos, sí que consumen los escasos insumos con los que cuenta la familia. Cansado del acoso de su tía, Seita decide que lo mejor es vivir por su propia cuenta haciéndose cargo de su hermana. Por desgracia, el niño no alcanza a calibrar las consecuencias que pueden implicar sus decisiones. 

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

La tumba de las luciérnagas es un retrato particular que engloba de forma general la historia de miles de personas en los años 40. Si bien puede parecer una historia cruda y demasiado explícita para ser considerada cine infantil, lo cierto es que es precisamente por ello que resulta tan ilustrativa. Los Estudios Ghibli siempre se han caracterizado por plasmar en sus animaciones historias que no subestiman a los niños, sino por el contrario los conceptualiza como seres pensantes capaces de reflexionar acerca de todo tipo de situaciones, por medio de la animación. Pese a ello, en México, la clasificación de la película se mantiene en «no recomendada para menores de 12 años».  

La película de Takahata está basada en el libro de Akiyuki Nosaka, que lleva el mismo título. El autor de la novela intentó plasmar sus propias impresiones basándose por completo en los acontecimientos a los que se vio sometido en el período de la guerra, lo que convierte a esta historia en una reseña semi biográfica. Por ello, mas que centrarse en mostrar las escenas clásicas de los soldados muriendo en el frente, los mandatarios sufriendo desde sus oficinas o los colosales enfrentamientos entre los ejércitos, La tumba de las luciérnagas se encarga de realizar una fotografía de la indiferencia frente al sufrimiento ajeno desde un punto de vista íntimo y personal.

Con esta película los Estudios Ghibli, salieron por completo de los esquemas establecidos en sus producciones anteriores, (de hecho también en las que realizaron posteriormente). Pese a la crudeza del tema tratado, la paleta de color continúa con los esquemas regulares de Ghibli: colores cálidos y brillantes que contrastan con las trágicas escenas. El diseño de personajes cuenta con tintes más realistas, dejando de lado los dibujos de pieles pulidas y perfectas. 

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

Pese al reconocimiento mundial, los galardones recibidos y las críticas favorables, la fama que alcanzó la película entre el público se vio un tanto opacada por la popularidad que adquiriera Mi vecino Totoro, película de Hayao Miyazaki, lanzada también por Ghibli el mismo día que La tumba de las luciérnagas. De acuerdo con las declaraciones de ambos directores lo que intentaban era mostrar las contrastantes perspectivas de la vida infantil desde dos puntos de vista totalmente distintos; sin embargo, ello perjudico el impacto que podría haber generado la película de Takahata.

Mientras que Mi vecino Totoro se posicionó rápidamente en el gusto del público, La tumba de las luciérnagas se quedó rezagada por completo, sobre todo en cuanto a merchandising se refiere. Hoy la imagen de Totoro es el logotipo oficial de los Estudios Ghibli, y existen tantos artilugios de este personaje, que ha trascendido fronteras y generaciones, como granos de arena en el mar.  En las convenciones de animación, las tiendas especializadas y hasta en los centros comerciales podemos ver tazas, mochilas, peluches, ropa, gorras y demás artefactos misteriosos que se relacionan con el personaje. Totoro se ha vuelto tan conocido que incluso hizo su aparición en una película de Toy Story de Walt Disney Pixar. 

Hotaru no haka, Isao Takahata, 1988

En cambio, el éxito que rodeó a la película de Takahata fue moderado, y no se acerca ni un ápice a la enorme cantidad de fanáticos que generó  la película de Miyazaki.

Desde luego ambas animaciones tienen su propio crédito y cuentan con distintos puntos a favor. No cabe dudad que Mi vecino Totoro es también una magnífica animación. Pero la historia que Takahata se atrevió a mostrar es de un estilo mucho más reflexivo, lo que obliga de cierta forma al espectador a enfrentarse con una realidad que continúa vigente hasta nuestros días y a la cual estamos acostumbrados a escapar; puesto que el tema del nacionalismo como pretexto para desencadenar las encarnizadas luchas entre iguales, la violencia, injusticia y el individualismo, no son situaciones que se hayan terminado con la Segunda Guerra Mundial    

En años recientes, con motivo de la conmemoración del 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, la NTV lanzó una versión de esta historia en live action, dirigida por Toya Sato. Y en 2008, Taro Hyugaji realizó su propia versión. Mas ninguna de las dos cintas fue capaz de lograr el efecto de la versión animada, que es por mucho una de las mejores películas realizadas por los Estudios Ghibli, una cinta reflexiva con tintes humanistas, y un retrato perfecto de la sociedad en general. 

Título: Hotaru no haka; País: Japón; Género: animación/drama; Director: Isao Takahata; Guión: Isao Takahata y  Akiyuki Nosaka (basados en la novela homónima)

Memento

Cuando los recuerdos se pierden en la nada 

Por kurenai_alex

Todos vivimos a la merced del sistema límbico, de unas nebulosas de electricidad surcando nuestro cerebro. Toda persona se divide en fracciones de veinticuatro horas, luego otras veinticuatro y así sucesivamente. Es una especie de pantomima diaria, un hombre tras otro reclamando su parte de control: la parte de atrás de un teatro llena de gentecilla clamando por tener un momento de fama. Así todos los días, todas las semanas. El hombre enfadado le pasa el testigo al hombre deprimido, y luego al adicto al sexo, al introvertido, al parlanchín. Cada hombre es una muchedumbre, una cadena de idiotas.  Memento mori, Jonathan Nolan 

El tiempo es sin duda una de las situaciones que más perturba a las personas. Cada segundo que pasa, cada momento que transcurre, deja una marca, nos consume y nos arrastra, dejándonos únicamente una lista de experiencias que se traducen en recuerdos. Autores de la talla de Marcel Proust han escrito libros, que más que novelas, son tratados del tiempo y sus repercusiones en la vida de las personas. Pero, ¿qué pasaría si no fuéramos capaces de percibir el paso del tiempo?, ¿qué ocurriría si nuestro cerebro no tuviera la capacidad de acumular esos recuerdos? Simplemente estaríamos vacíos, careceríamos de toda conexión con el mundo y con nosotros mismos. 

A principios de este siglo, Jonathan Nolan, hermano del famoso director Christopher Nolan, decidió tomar como punto de partida la idea del tiempo y sus reminiscencias en la mente de un hombre perturbado por una extraña enfermedad, para crear Memento Mori, un relato breve publicado por la revista Esquire. El nombre del relato tuvo como inspiración el significado de la frase en latín: “recuerda que vas a morir”.  

Christopher Nolan y Guy Pearce en la filmación de Memento, 2001

La historia narraba las desventuras de Earl, un sujeto aquejado por la pérdida de memoria a largo plazo, que sufría por el trauma de haber presenciado la violación y asesinato de su esposa, a quien no había podido ayudar. Mas, aunque le era imposible retener los recuerdos por mucho tiempo, en los momentos en los que era consciente de ello, se abatía sobre él la terrible necesidad de vengar el crimen que lo había condenado a quedarse solo entre las paredes de un hospital. Para ayudarse a sí mismo, Earl se encargaba de dejarse notas en lugares en donde su «yo sin memoria» pudiera localizarlas, para así lograr avanzar en sus proyectos.

El relato era fluido, transmitía la doble desesperación del protagonista, es decir de su yo consciente y del inconsciente, y tenía como particularidad que la narración se hacía desde dos puntos de vista: narrador en tercera persona y narrador en primera persona. El primero, lejos de contar con un papel omnisciente, se limitaba a figurar como testigo de los actos y ambientes del personaje principal, en tanto el segundo contaba desde su perspectiva todo lo que estaba ocurriendo, justo como él  lo entendía, pero no para comunicarse con el público; sino para entablar una conversación con el protagonista.

Guy Pearce y Carrie-Anne Moss en Memento, 2001

La idea resultó tan original, que en el año 2000 (antes de que Esquire publicara el relato), Christopher  Nolan decidió adaptarla como guión cinematográfico, con ayuda de su hermano. 

Para su versión cinematográfica, Memento (como se llamó finalmente), sufrió algunos cambios que ayudaban a volverla más fluida y visualmente atractiva. Entre ellos destaca el uso de las fotografías instantáneas por parte del protagonista, Leonard, como vía para acumular sus recuerdos y experiencias. Así mismo se añadieron personajes e historias intercaladas, que transformaron el relato breve de Jonathan Nolan, en una monumental obra de  suspenso, en la que la ambigüedad y la confusión del protagonista, y sus múltiples autoengaños, mantienen al espectador al borde del asiento, sin aclararle nunca si lo que pasa pertenece a la realidad como tal, o a las historias creadas por el propio Leonard para rellenar los abismos creados en su memoria a causa de la enfermedad. 

Aunado a ello, la película utilizó de forma increíble el tiempo psicológico para lograr una sensación de desconcierto. Así, el montaje se realizó tomando como hilo conductor los recuerdos de Leonard para plasmar la historia en pantalla. 

Guy Pearce en Memento, 2001

Al momento de su estreno, la cinta contó con una gran aprobación por parte del público y la crítica, aunque ésta última, cayendo en la sobre interpretación de los elementos del filme, buscaba y rebuscaba en los pequeños detalles para encontrar profundidad o defectos al argumento. Aún así la película fue tema de la prensa a nivel mundial, sobre todo después de recibir premios y nominaciones como: Mejor guión en los premios Óscar, Mejor Película por la Academy of Science Fiction Films, Mejor guión en el Bram Stoker Awards, Mejor drama en el Golden Trailer Awards, etcétera. 

La cinta fue protagonizada por Guy Pearce, actor inglés que participó también en Iron Man 3, en el papel de Aldrich Killian, y  Carrie-Anne Moss, la actriz que encarnó a Trinity en The Matrix. Como personaje añadido a la trama, Moss realizó un trabajo soberbio, con el que demostró que no sólo sabía actuar como la novia del archi popular Neo. 

Memento es una excelente adaptación que vale la pena, cada vez que la veas encontrarás nuevas pistas que te conducirán a conclusiones distintas. Pero no te engañes, el único que podría decirte si los recuerdos de Leonard son o no reales es Christopher Nolan, y no lo hará, puesto que es allí en donde radica la magia de la película.  

Título: Memento; Dirección: Christopher Nolan; Guión: Christopher y Jonathan Nolan; País: Estados Unidos; Año: 2001; Reparto: Guy Pearce, Carrie-Anne Moss, Joe Pantoliano, Mark Boone Junior 

Noruwei no mori

Del universo de Haruki Murakami

Por @kurenai_alex

«Tiempo atrás, cuando todavía era joven y mis recuerdos eran mucho más nítidos que ahora, intenté escribir varias veces sobre Naoko. Pero entonces fui incapaz de escribir una sola línea. Era consciente de que una vez brotara la primera frase, las restantes fluirían espontáneamente, pero ésta jamás brotó. Todo era demasiado nítido, y yo nunca supe cómo moldearlo. El mapa más detallado puede no servirnos en algunas ocasiones por esta misma razón. Pero ahora lo sé. En definitiva –así lo creo–, lo único que puedo verter en este receptáculo imperfecto que es un texto son recuerdos imperfectos, pensamientos imperfectos. Y cuanto más ha ido palideciendo el recuerdo de Naoko, más capaz he sido de comprenderla. Ahora sé por qué me pidió que no la olvidara. Por supuesto, ella intuía que mi memoria la borraría algún día. Por eso me lo pidió: «¿Te acordarás siempre de que existo y de que he estado a tu lado?»

»Este pensamiento me llena de una tristeza insoportable. Porque Naoko jamás me amó.»

Haruki Murakami es una de esa mentes capaces de dilucidar, a través de historias que pudieran parecer sencillas, las más grandes pasiones humanas, los conflictos psicológicos y las historias más entrañables. 

El escritor japonés comenzó su carrera con  Kaze no uta wo Kike (Oye cantar al viento), obra que inscribió en un concurso sin pensar en su selección, sin embargo resultó ganadora y fue publicada en 1979. El trabajo de Murakami es un vasto compendio de libros en los que se resume la complejidad humana general desde un punto de vista subjetivo. Después de Kaze no uta wo Kike, Murakami prosiguió con Pinball, Hitsuji wo meguro Bôken (La caza del carnero salvaje) y Sekai no owari to hādoboirudo wandārando (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas). Pero no fue si no hasta 1987 que alcanzó una exorbitante fama con su novela Noruwei no mori, mejor conocida como Tokio Blues y editada, fuera de Japón, por Tusquets en 2005.    

Portada de Kaze no uta wo Kike (Oye cantar al viento)

Tokio Blues cuenta la historia, en primera persona, del trágico amor adolescente de Tôru Watanabe. A través de la narración del personaje se puede ver con claridad la atmósfera imperante en el Japón de los años 60, y su transición a la postmodernidad bajo la influencia de las tendencias occidentales que comenzaban a influir con mayor fuerza a Japón. Asimismo, deja ver el análisis del Watanabe maduro acerca de una serie de conflictos personales a los que no encontraba una solución sencilla mientras los enfrentaba.

El éxito de Tokio Blues se extendió a lo largo y ancho del planeta y ha sido traducida a diversos idiomas. Su popularidad creció hasta el punto de volverla material atractivo para adaptar a las pantallas. 

Rinko Kikuchi y Kenichi Matsuyama en Noruwei no mori de 2010

Más de 20 años después de que se publicara la novela, el vietnamita Anh Hung Tran, conocido por la dirección de películas como I come with the rain (2009) y Mùi đu đủ xanh (El aroma de la papaya verde) (1993), emprendió el proyecto para trasladar la historia de Tôru  al cine.  

La noticia generó grandes expectativas entre los fanáticos del libro, más aún cuando se anunció al elenco. Por una parte se encontraba nada menos que Rinko Kikuchi, quien acababa de participar en el filme de Iñárritu, Babel (2006), demostrando un gran talento actoral y que sería la encargada de representar el papel de Naoko. Y por otra parte se encontraba Kenichi Matsuyama: joven actor japonés con extensa trayectoria y un club de fans tan grande que muchos interpretes occidentales envidiarían. Su nombre ya era signo de éxito en el mundo oriental, y cada una de sus actuaciones habían sido impecables. Además se contaría también con Kiko Mizuhara para el papel de Midori y una lista de talentos para el resto de los papeles. 

Kiko Mizuhara y Kenichi Matsuyama en Noruwei no mori de 2010

Aunque, debido al costo legal de las licencias de The Beatles y otros grupos de la época, no se utilizaron todas las canciones mencionadas por Murakami, que forman parte trascendental de su argumento, y la música casi pasó a segundo plano; la atmósfera de rebeldía universitaria combinada con el ajetreo de los años 60 y las tendencias revolucionarías fueron bien ambientadas por Jonny Greenwood. Además la fotografía, de Mark Lee Ping-bing, plagada de hermosos planos generales en los que se muestra el paisaje, sin duda contribuía perfectamente a generar la visión de gigantismo que asediaba la mente de Watanabe en la novela. 

Sin embargo, como en la mayoría de las adaptaciones siempre existe un «pero», y en este caso es que la cinta jamás logró capturar la esencia del libro. 

Desde luego sería absurdo intentar comparar la cinta con la novela, por algo se llama «adaptación». Y peor sería que los fanáticos buscaran ver la película tal como la imaginaban mientras leían. Para ello cada lector tendría que realizar su propio filme. Mas, ciertamente y pese a los puntos a favor con los que cuenta Noruwei no mori en términos de producción, el guión de la película resultó en una serie de trozos mal hilados que impiden la identificación del público con los personajes. La historia principal se pierde por completo y en ocasiones no sabemos exactamente qué está pasando. 

Quedamos atrapados en la belleza visual del filme que no conecta con la historia, pues las innecesariamente extensas y contemplativas escenas no generan emoción alguna que hable de los sentimientos de los personajes. E incluso las interacciones parecen forzadas y distantes. Un claro ejemplo es la escena principal de sexo que no podía verse menos creíble, y es que pese a su gran actuación en Babel, Rinko Kikuchi no fue la mejor Naoko que podía haber tenido la película. Y aunque soy fanática de Matsuyama tampoco puedo festejar su fingida excitación durante el encuentro con Naoko.   

Rinko Kikuchi y Kenichi Matsuyama en Noruwei no mori de 2010

Eso no es todo, por principio nunca conocemos al Watanabe adulto, que se supone nos narra la historia, la aparición de personajes como Nagasawa (Tetsuji Tamayama), Reiko (Reika Kirishima), y hasta el propio Kizuki (Kengo Kora), quien funge como detonante de la trama en el filme, pasa sin pena ni gloria, y todos ellos, que con sus características personales conseguían darle profundidad a una historia común, se transforman en meros personajes ambientales para seguir el fallido amor de Watanabe y Naoko. 

Con todo el pasado e historia de los personajes secundarios eliminado de la trama, la película se convierte en una retahíla de suposiciones sin fundamento y situaciones inconexas, que exigen la lectura previa del libro para tratar de hilar los fragmentos de argumento. 

Enlace a la película completa

Al final, Noruwei no mori, con todo y su despliegue técnico, su selecto elenco e incluso su tráiler prometedor, se quedó simplemente en otra cinta para ver y olvidar. Esperemos que pronto algún inteligente productor (o sistema de streaming que no sea tacaño) se dé cuenta de las posibilidades que representa la historia y decida crear una serie que nos narre de manera más fiel las aventuras de Watanabe. 

It

«Eso» sí que fue una decepción

Por @kurenai_alex

Después de la enorme campaña de expectativa en torno al Capítulo 2 de It, del director Andrés Muschietti, finalmente la película ha llegado a salas. 

Sin hacer ningún adelanto que pueda fastidiar a quien aún no la ha visto, el argumento, como era de esperarse, narra los acontecimientos posteriores al desenlace de la primera película, acompañado de algunos flashbacks de la infancia de los protagonistas para complementar la historia. 

Fotograma de It (2019) de Andrés Muschietti

La película cuenta con algunos puntos favorables. Por principio, al igual que su antecesora, es una adaptación bastante fiel de la obra de King, quien además hace una breve, pero muy amena, aparición en esta secuela. Debido a ello, es un producto que satisface las necesidades de aquellos deseosos de ver sangre y violencia. Al verla, realmente resulta una sorpresa que hayan decidido otorgarle una clasificación «B15» y no «C». No quiero ser mal pensada y creer que todo obedece a la necesidad de contar con un público vasto que una clasificación «C» no alcanzaría a solventar; sin embargo, ya con la escena de apertura el dilema de la clasificación resulta sospechoso. 

Regresando a las bondades de la película cabe señalar la calidad del reparto, que realiza muy creíbles actuaciones, y definitivamente merecen aplausos, sobre todo en momentos en que de verdad uno se pregunta cómo no se rieron los actores en situaciones tan absurdas. También hay que destacar su excelente mezcla de sonido, que sigue utilizando el recurso de la música extradiegética que se transforma en diegética, al tiempo que da vida a las criaturas más aberrantes a través del uso de sonidos escalofriantes. Los colores siguen siendo brillantes y la fotografía pulcra, y… eso es todo, por lo demás no existe novedad alguna, ni técnica ni argumentalmente.

Fotograma de It (2019) de Andrés Muschietti

Esta es una película larga, larga como la cuaresma y lenta, lenta como el tránsito de la Ciudad de México en hora pico. Más que una película de terror es un despliegue técnico de criaturas digitales que seguro le generan miedo a un niño de preescolar pero que no impresionan a generaciones acostumbradas a la mezcla de criaturas orgánicas con recursos digitales que le brindan mucho mayor credibilidad a las situaciones en pantallas. 

Aunque desde luego existen secuencias de terror rescatables quedan opacadas instantáneamente por las bromas de los personajes y aún más por las subtramas romántica y nostálgica que envuelve toda la historia desde la primera entrega, pero ya sin el encanto que esta última emanaba.

Fotograma de It (2019) de Andrés Muschietti

Existe un punto en el que, quizá, nos volvemos insensibles a los contenidos visuales. Vivimos tan bombardeados por imágenes, videos, secuencias, que es difícil que un producto que no luzca plenamente, material, nos resulte creíble. Por lo menos esa es mi justificación frente a esta cadena de contenidos englobados dentro del género de terror que generan risa, tristeza, y hasta reflexión, pero que no termina con cumplir con el objetivo que los adscribe al género: asustar. 

Dentro del bombardeo de películas de esta temática, próximamente se estrenará Dr. Sueño, otra adaptación de Stephen King, desde luego esta novela no se caracteriza por ser una historia de terror, pero ya se encuentra dentro del género, sólo basta esperar para descubrir cómo resolvieron Mike Flanagan y su equipo de producción esta historia cuyo principio cinematográfico se encuentra enraizado en la adaptación realizada por el mítico Kubrick. 

Posdata: el público asistente a esta función fue de lo peor, empezando por la pareja que discutió porque la chica salió a hablar por teléfono media hora durante la película y regresó preguntando «¿qué ha pasado baby?». Pasando por un sujeto y su séquito que hablaban con la película en voz alta y describían la relación de cada incidente con la primera parte de la historia. Para terminar con toda la gente que se reía en los momentos dramáticos.

Recordando a nuestros cineastas

El cine de Alberto Isaac

Por @kurenai_alex

Como parte del ciclo Recordando a nuestros cineastas, organizado por la Cineteca Nacional de México, se presentó este jueves 29 de agosto la película El rincón de las vírgenes, dirigida en 1972 por el director mexicano Alberto Isaac, basada en narraciones de El llano en llamas de Juan Rulfo.

El evento estuvo dividido en tres etapas: presentación de la película, análisis e interacción con el público. El análisis y las conversaciones con el público corrieron a cargo de Juan Antonio de la Riva, quien se encargó de dirigir todo el ciclo; en tanto el invitado especial fue Luis Tovar, quien no sólo hablo de las especificaciones técnicas y argumentales de la película y otros trabajos de Isaac; sino también hizo hincapié en las funciones sociales del cine de esa época, y su manera de conectar con el público a través de la identificación con personajes y situaciones.

Juan Antonio de la Riva y Luis Tovar en la presentación de El rincón de las vírgenes de Alberto Isaac, 1972

«El tiempo es ingrato», señaló Juan Antonio de la Riva al hablar del olvido en el que esta y otras producciones han caído, puesto que en la actualidad se ha olvidado la trascendencia que tuvieron y su importancia como parte de la evolución del cine mexicano.

Con respecto a las creaciones de Isaac y su manera de adaptar grandes obras de la literatura, como En este pueblo no hay ladrones (1965), a la pantalla grande, Luis Tovar ahondó en «el vínculo creativo idiosincrático afincado en el conocimiento de la cultura de su tiempo», en tanto el cine mexicano actual adolece de una desvinculación con la cultura general que impide un lazo de conexión entre el público y el contenido cinematográfico.

Fotograma de En este pueblo no hay ladrones de Alberto Isaac, 1965

El rincón de las vírgenes es una película en donde aparecen dos grandes iconos del cine mexicano: Emilio, «El indio» Fernández y Alfonso Arau, además de contar con la aparición de Carmen Salinas, en un papel que deja claro que en algún punto existió una actriz más allá de los talk shows y las infortunadas incursiones en el mundo político.

Fotograma de El rincón de las vírgenes de Alberto Isaac, 1972

La película, grabada con un modesto equipo de producción a primera vista, cuenta con un estilo fotográfico interesante que aprovechó en su totalidad todos los recursos técnicos de los que disponía Isaac en su momento. Pese a que el doblaje se nota desempatado de principio a fin, ello no demerita el trabajo completo del director que logró rescatar la esencia de los escritos de Rulfo, recreando cada uno de los escenarios y personajes descritos por el escritor mexicano.

Todos los personajes son identificables dentro del filme: el político, el amante, el charlatán, los fanáticos religiosos, la chica seductora, etcétera; personajes con los que convivimos a diario y de los cuales Isaac, haciendo uso de las detalladas narraciones de Rulfo, supo hacer perfecta representación en la película.

Fotograma de El rincón de las vírgenes de Alberto Isaac, 1972

Tal como señalaron tanto Juan Antonio de la Riva como Luis Tovar, es preciso retomar las obras de estos cineastas, darlas a conocer y sobre todo aprender de ellas, ya sea para la apreciación o la creación de nuevos productos cinematográficos; puesto que éstas son obras que no caducan. Aunque existan en la actualidad críticos, cineastas y público que menosprecia los trabajos de Isaac y otros de sus contemporáneos, y pese que en términos técnicos el tiempo sea inflexible con ellos, no dejan de mostrar el estilo completo de una época en el cine mexicano; y sus argumentos, formas, temas y personajes siguen vigentes hasta el día de hoy.

El amor se colecciona

The hunger de Tony Scott

Por @kurenai_alex

La vida eterna suena bastante tentadora, sobre todo si eres una vampiresa con fondos económicos interminables, coleccionista de arte, música, recuerdos y ¿amantes?

David Bowie & Catherine Deneuve en The Hunger de Tony Scott, 1983

Durante las décadas de los 80 y 90 la representación del vampiro comenzó su inevitable evolución para mantenerse como parte del gusto del público. Surgirían así novelas como El tapiz del vampiro (1980) de Suzy McKee Charnas; They Thirst (1981) de Robert R. McCammon; Those Who Hunt the Night (1988) de Barbara Hambly, Vampire of the Mists (1991) de Christie Golden, y un sin fin más, muchas de las cuales retomaban la nueva figura establecida por Anne Rice en su Interview with the Vampire (1976). 

Portada de Interview with the vampire de Anne Rice, 1976

Siguiendo los pasos de la literatura, en el cine la figura del vampiro comenzó también su transmutación que ha desembocado, para disgusto de muchos, en personajes como el de Edward Cullen (Twilight, 2008). Todavía hasta los años 70, el vampiro, en el cine, no pasaba de ser el clásico sujeto de la capa que se transformaba en murciélago después de extraer hasta la última gota de sangre de alguna muy bien formada jovencita.

Fotograma de El ataúd del vampiro, 1958

Sin embargo, su necesidad de supervivencia lo obligaría a adaptarse a los nuevos tiempos. Comenzarían a aparecer así versiones más humanas de dichas criaturas, la figura aristocrática quedaba velada por la nueva configuración de la criatura que sufre, que ama, seduce, necesita, desea, vamos, un sujeto como cualquier otro pero con una vida mucho más extensa. 

Fue dentro de este boom del vampiro como protagonista que Tony Scott, recordado por ser el director de Top gun (1986), Man on fire (2004) y por ser el hermano de Ridley Scott, decidió crear, en 1983, una película que renovaría la figura del vampiro, mezclando una serie de elementos como la música, el diseño de producción, y la iluminación correctas para hacer surgir toda una atmósfera gótica en la que Miriam Blaylock (Catherine Denueve), y su amado John (David Bowie) tratan de compartir su existencia. 

Fotograma de The hunger, 1983

Desgraciadamente la vida eterna que Miriam le prometió a su amante resulta no ser tan extensa como él había imaginado, digamos que su «vida eterna» duraba sólo hasta que terminaba. Poco a poco John se da cuenta de que su cuerpo está cambiando, y no sólo eso, lo invade una necesidad visceral por alimentarse cada vez con más frecuencia. Desesperado, John acude en busca de ayuda con la doctora Sarah Roberts, sin saber que el encuentro entre ella y Miriam lo descartará a él de los planes de ésta última.

Para la creación del guión Tony Scott se basó en la novela The hunger (1981) de Whitley Strieber, sin embargo el guión de Ivan Davis, se tomó bastantes libertades creativas en la adaptación del trabajo de Strieber, quien hace referencias a la procedencia extraterrestre de su protagonista, las cuales no aparecen en el filme. 

Mas, lejos de las diferencias argumentales entre la obra original y su adaptación, ambas conservan el mismo hilo conductor: por una parte la necesidad Miriam, como ser inmortal, de encontrar un compañero en su eterno paso por el mundo y por otra, la tragedia de que ninguno de los compañeros que elige logra asimilar los dotes de la vida vampírica que Miriam les otorga. 

De esta manera, el argumento central de la película se enfocó en mostrar las andanzas de la vampiresa en su búsqueda eterna por atesorar el amor aún en contra del paso del tiempo y las vicisitudes que de él se derivan, mientras explora sus posibilidades. Es sorprendente y destacable que una cinta realizada a principios de los años 80 aborde de manera explícita y sin prejuicios temas como el lesbianismo, la bisexualidad, y la liberación sexual femenina. 

Fotograma de The hunger, 1983

Ya como parte de los aspectos técnicos, esta es una película brillantemente fotografiada, en la que Tony Scott parece haber puesto todos sus conocimientos como creador de videoclips; puesto que cada uno de los encuadres realizados encapsula un momento estético y al mismo tiempo emotivo que se conjuga con la perfecta combinación entre imagen y sonido.

La música es otro gran acierto del director, cada una de las escenas cuenta con un soundtrack entrañable que realmente trata de comunicarse auditivamente con el público para que éste comprenda la trascendencia de los acontecimientos en pantalla. Y no sólo hace uso de melodías completas; sino incluso de sonidos que vinculan las emociones de los personajes entre sí.

Secuencia inicial de The hunger 1983

A estos atributos hay que agregar la caracterización de los vampiros, quienes definitivamente dejaron de lado las capas de terciopelo para enfundarse en las prendas más modernas, y elegantes de su época: la década de los 80. Pero no bastaba con la ropa para volver a estos vampiros parte de un universo creíble; las actuaciones de Bowie y Deneuve mantienen el aire misterioso y sofisticado que caracterizaba a los vampiros de antaño, pero esta vez mezclado con lo cotidiano: lo simplemente humano. 

Por desgracia la película no contó con la mejor recepción durante su estreno. Surgieron muchas alusiones al trabajo de Scott como una película con forma pero sin contenido, y lejos de apreciarse el componente erótico del filme, muchos se enfocaron en la escena lésbica entre Catherine Deneuve y Susan Sarandon. Y la aportación de Scott a la reconfiguración del vampiro pasó desapercibida. Hoy en día The hunger pertenece al cine de culto, y por fortuna El cinematógrafo del Chopo ha decidido proyectarla como parte de Macabro 2019: Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México, el día de hoy (29 de agosto) a las 17:00. 

http://www.chopo.unam.mx/english/cartelera_cine.html

Si tiene la oportunidad no deje de ver esta película y de apreciar todos y cada uno de los elementos que la componen visual y argumentalmente. 

Literatura en pantallas

El guardián invisible

Por @kurenai_alex

Como parte de su catálogo, Netflix México ha tenido el acierto de incorporar una serie de producciones extranjeras que van desde películas bollywoodenses como Singham (Rohit Shetty, 2011), hasta la saga turca Dabbe, sólo por mencionar algunas.

Fotograma de Singham, (2014) Rohit Shetty

Asimismo ha colocado también un conjunto de películas españolas, que si bien incluyen las clásicas comedias como Torrente 5: operación Eurovegas (Santiago Segura, 2014), también añade otro rango de cintas cómicas, dramas, películas policiacas y thrillers psicológicos. Dentro de esta última clasificación se encuentra El guardián invisible, película dirigida por Fernando González Molina, quien ya se había ganado un lugar especial en la cinematografía española con la adaptación de la novela Palmeras en la nieve de Luz Gabás.

En esta ocasión, Molina presenta la adaptación de la primera novela de La trilogía de Baztán de Dolores Redondo, la cual está formada por tres títulos: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta.

La adaptación de Molina resulta bastante fiel al libro de Redondo, la calidad de la producción deja claro que el cine español se está transformando también en busca de una merecida evolución, y en conjunto con las actuaciones, el filme completo nos conduce a la Comunidad Foral de Navarra, en donde un siniestro crimen en contra de una adolescente ha sido cometido.

Al mismo tiempo el director, rigiéndose por los principios de la novela, traza lentamente un manojo de misterios que se resuelven lentamente a lo largo de la trama.

Fotograma de El guardián invisible, 2017

En términos técnicos la película cumple adecuadamente con ilustrar de manera bastante fiel todos los paisajes descritos por la autora a lo largo de su novela. Sin embargo, en términos argumentales, tal como la novela, la película cuenta con algunos siniestros huecos que le restan credibilidad pero que no demeritan el trabajo completo de la producción.

La película fue razonablemente exitosa durante su lanzamiento, pero poco a poco ha incrementado su popularidad a tal grado que la productora Atresmedia Cine, encargada del financiamiento del proyecto, ha decidido invertir en la producción de las dos secuelas restantes, las cuales incluso tienen ya fecha de estreno para el 5 de diciembre del año en curso y el 3 de abril del 2020.

Esperemos que estas secuelas continúen con la línea de la primera película y nos regalen un complemento que se encuentre a la altura de la primera entrega, para que las distribuidoras en México comiencen a fijar su vista en estas producciones y les otorguen un espacio en salas.

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