En el hoyo

«A todo se acostumbra uno, a todo menos al trabajo»

Por kurenai_alex

Con la participación del director Juan Carlos Rulfo, la editora Valentina Leduc, y la conducción del cineasta Juan Antonio de la Riva, este jueves 24 de octubre se presentó En el hoyo, como parte de las conferencias Conversando con nuestros cineastas, realizadas en la Cineteca Nacional de México para acercar al público a los creadores del cine.

Carlos Rulfo y Valentina Leduc en Conversando con nuestros cineastas
Foto de Manuel Pineda

Grabada entre los años 2003 y 2005, En el hoyo es una producción mexicana que, de acuerdo con su director, trata de mostrar la parte humana dentro de las monumentales construcciones del segundo piso del Periférico, obra realizada por el gobierno del entonces Distrito Federal con la finalidad de agilizar la movilidad de los ciudadanos.

Desde el inicio la cámara de Rulfo se acerca a los constructores y su espacio de trabajo como un personaje más. No existe en la película la pretensión de mostrarnos de manera naturalista la realidad de quienes exponen sus vidas, con precarias formas de seguridad física y social, para concretar las construcciones que se les atribuyen a otros; la película, por el contrario, sumerge al espectador en las rutinas, los pensamientos, los deberes y las percepciones de los trabajadores.

Juan Antonio de la Riva en Conversando con nuestros cineastas
Foto de Manuel Pineda

Cada encuadre establece un diálogo entre el espectador, el personaje en pantalla y el ambiente en que se mueven. La estructura de la película nos lleva siempre a los escenarios detrás de lo evidente: quien construye la obra, pero también, quién es ese personaje detrás de su papel como constructor; pues al mismo tiempo que la cámara nos adentra en las entrañas del monstruo en construcción, nos lleva también a conocer la intimidad de quienes lo constituyen. El movimiento y el paso del tiempo son elementos visibles a través del avance de la obra, pero también en la relación construida entre los personajes, que fungen como protagonistas de la historia.

La edición del material contribuye enormemente a brindarle movilidad al metraje, los timelapse, las tomas aéreas, los encuadres desde puntos elevados, y los recorridos a lo largo de las zonas de trabajo ilustran además ese otro mundo que se encuentra detrás de las barreras de seguridad vial: un mundo que ignoramos por completo en nuestro papel externo a él.

En contraste con la cohesión que existe entre todos los trabajadores, que conocen sus funciones y las desempeñan con precisión, de acuerdo a las herramientas que poseen, vemos también el desastre detrás de las barreras. Los accesos viales saturados, el ruido de los cláxones, la molestia de transeúntes, conductores y policías de transito, enfurecidos contra los constructores pero al mismo tiempo completamente ajenos a ellos. El tiempo en la construcción se mueve distinto.

Es en este punto que la mezcla de sonido juega un papel clave. Construida con los sonidos de la propia construcción, es capaz de crear melodías que saturan el oído y nos ayudan a reconocer los silencios, incluidos en la película como otra capa de contraste: la contaminación auditiva en contraposición al silencio y la tranquilidad.

Sin duda esta es una película documental interesante y novedosa que trata de ofrecer una perspectiva más amplia de uno de los mundos existentes en esta caótica e inmensa ciudad sin caer en el dramatismo o en la sobre exposición de los temas lacrimógenos festivaleros.

Gemini Man

Ese ya no es el príncipe del Rap

Por @kurenai_alex

Para quienes somos fanáticos del cine, casi cualquier película resulta digna de verse. Contamos con una tolerancia suprema a una amplia variedad de contenidos, que pueden ir desde las películas de acción del estilo Hobbs & Shaw (David Leitch, 2019) hasta obras maestras de la cinematografía como Bronenósets Potiomkin (Sergei Eisenstein, 1925). Cada una de estas películas aporta una perspectiva distinta del significado del cine, y cubre la necesidad de un público.

En este sentido, no se puede observar una película de acción con la misma perspectiva crítica que se observa otro género, puesto que cada una cuenta con una intencionalidad diferente. Gemini Man, por ejemplo, se acerca mucho más a la línea de Hobbs & Shaw que a la de Bronenósets Potiomkin: sí, es una película de acción, bastante entretenida.

Con todos, pero absolutamente todos, los clichés de las películas del género de acción Ang Lee, con ayuda de Jerry Bruckheimer (y otros nombres que no aparecen en letras tan grandes) como productor, presenta la historia de Henry Brogan, un asesino profesional a cargo del gobierno estadounidense, quien después de una extensa y brillante carrera deshaciéndose de los malos decide retirarse para vivir en soledad, en su pacifica cabaña en medio del bosque. Pero, justo después de su último trabajo, descubre que ha sido engañado puesto que su último blanco, lejos de ser el temido criminal que le mostraron en el expediente, era un reconocido científico ruso que planeaba regresar a su país.

Es así que Henry termina envuelto en un nuevo caso: el suyo. Pues ahora que conoce el secreto la agencia hará lo que sea necesario para eliminarlo, aunque ello signifique enviarlo a él mismo a destruirse.

Sí, como mencioné, la película no cuenta con ninguna sorpresa, ni una chiquita. Desde el título ya se anunciaba la posible presencia de un doble; con la salida del trailer la idea quedó confirmada: Will Smith se enfrentaría a… sí, Will Smith, aunque treinta años más joven. Con un anticipo tan descarado del argumento lo único que el espectador podía esperar era una ingeniosa manera de mover la trama, o por lo menos, un montón de escenas de acción.

Will Smith in Gemini Man from Paramount Pictures, Skydance and Jerry Bruckheimer Films.

Ang Lee cumplió con lo segundo. Los movimientos de cámara desde luego pertenecen a los usos normales del género: encuadres abiertos, planos holandeses, además de planos contra planos para volver ágiles los enfrentamientos y brindarnos la ilusión de extrema movilidad, pero todos ellos cuentan con una maestría impresionante, que corrió a cargo de Dion Beebe. No existen errores de secuencia y los lugares aparecen retratando de forma sumamente estética cada uno de los escenarios filmados. Esta es una de las pocas películas en donde podemos ver a Cartagena como una hermosa ciudad turística en donde jamás se realiza ningún tipo de alusión a narcotráfico.

Asimismo, la secuencia en la Ciudad Amurallada y lugares anexos es la más impresionante de toda la película. Es precisamente en esos escenarios en donde Henry se encuentra por primera vez con su yo juvenil, desatando una vehemente persecución en la que si bien ambos persiguen fines distintos, sus actos decidirán quién de los dos es mejor. Una batalla de habilidades y conocimientos entre la experiencia y la juventud.

Por desgracia, esta persecución rebasa el resto de los enfrentamientos realizados a lo largo de la película, después de ver a los Smith persiguiéndose y atacándose con todas las herramientas y trucos disponibles, ya ningún otro encuentro parece interesante. Incluso la pelea final, en la que se supone llega el clímax de la historia parece más una justificación para terminar el filme que un verdadero enfrentamiento con la mente maestra detrás de todo el enredo.

Pese a esos defectos, algunos discretos huecos argumentales, o la premura para llevar de un lado a otro las escenas de acción, Gemini Man logra sostenerse como película de acción. Lo verdaderamente terrible es el CGI, aunque al inicio el joven Smith logra parecer creíble, pasada la mitad de la película da la impresión de que se les acabo el presupuesto o les dio pereza retocar al personaje, parece que estamos viendo las gesticulaciones de Caesar en Rise of the Planet of the Apes (Rupert Wyatt, 2001) y no al «príncipe de Bel-Air». Lo peor es cuando se les ocurre hacerle close up, porque casi podemos ver los pixeles que arreglaron.

Eso sí, la película bien puede entrar en el espectro de películas para sobre analizar, puesto que la idea principal de la pelea con el «yo», y el enfrentamiento con los errores del pasado y la visión del futuro siempre darán de qué hablar, pues como bien señaló Slavoj Žižek «el rostro es así el fetiche máximo, el objeto que completa (oscurece) la castración (inconsistencia, fatal) del gran Otro, el abismo de su circularidad».

Mercy Black

¿Dónde está mi posesión? ¿Dónde está mi posesión?

Existe una curiosa propensión en las salas de cine al momento de presentar una película: la pésima traducción de los títulos de filmes de otros países. Entiendo que sea imperativo llamar la atención del público para que asista a ver las películas, lo que no logro comprender es esa tendencia misteriosa a inventarse títulos. Este fenómeno se ve en películas de todos los tipos, en México, por ejemplo, basta recordar Cruzada (Kingdom of Heaven, 2005), Niñera a prueba de balas (The Pacifier, 2005), El engendro (The Astronaut’s Wife, 1999), Un muerto… pero de risa (Weekend at Bernie’s, 1989), o Loca academia de policía (Police Academy, 1984), sólo por mencionar algunos.

Sin embargo, el cine de terror es el que se lleva las palmas. Hemos visto títulos como El legado del diablo (Hereditary), La maldición de Thelma (Thelma), En el Vientre del Diablo (Malicious), El terror no espera la noche (Midsommar), Hijo de la oscuridad (Brightburn), ¿de verdad los encargados de poner los títulos para su exhibición creen que si no le ponen «mal», «diablo», «siniestro» o «endemoniado» la gente no irá a ver las películas? La última gracia de estos mordaces encargados de titular no es Anna: el peligro tiene nombre (Anna); sino Mercy Black a la cual se les ocurrió llamar La posesión de Mercy Black.

Bastante desilusionado sale uno de la sala después de ver que lo mejor de la película estaba en el trailer como para todavía tener que preguntarse a qué hora iban a poseer a alguien.

Mercy Black es otra de esas engañosas películas que juegan con los sentimientos de los amantes del terror. No sólo fue anunciada con la garantía de Blumhouse, productora que ha llevado a las pantallas películas como Paranormal Activity, Insidious o Sinister; también contaba con una premisa novedosa: un par de niñas decide asesinar a una tercera en el bosque como ofrenda para Mercy Black, un ente que promete hacer tus deseos realidad a cambio de dolor, sangre y carne.

Janeane Garofalo y Miles Emmons en Mercy Black (Owen Egerton, 2019)

La idea lucía interesante: el poder de la sugestión y el deseo capaces de trastornar hasta a los más inocentes. Pero lejos de llevar la trama por ahí, la película se deshace en clichés. Durante la primera media hora de película ya vimos todos los sustos del género. La puerta que se abre sola, las voces que te llaman a media noche, el niño escondido en el clóset, la sombra que cruza el corredor, la muerte de la mascota, el golpe en la ventana, la escena del fantasma en la tina, y hasta la presentación del ente maléfico que al final resulta ser una pesadilla.

El resto de la película se torna lento, con sustos predecibles, movimientos de cámara obvios, y personajes estereotipo. Desde luego sé que el cine se mueve con estereotipos para lograr que el público comprenda rápido la historia y se adentre en ella, pero esta película es el colmo. Y cuando parece que esta por salvarse con un giro inesperado en el argumento, ¡pum! vuelve a caer pero más y más bajo.

El muñeco malo de ropa vieja y Miles Emmons en Mercy Black (Owen Egerton, 2019)

¿Qué pasa con el cine de terror que llega a las salas? ¿Porqué desprecia tanto al espectador? ¿A caso los horror-fanáticos no merecemos también contenidos de calidad que logren asustarnos? Y encima vienen los encargados de poner los títulos y nos prometen una «posesión» que nunca llegará, porque por principio la película no llevaba ese nombre. ¿Acaso quienes titulan las películas no las ven antes de ponerles nombres como El bosque maldito (The Hole in the Ground ) o Cadáver (The Possession of Hannah Grace).

Siguiendo los ejemplos anteriores, Mercy Black bien pudo llamarse «El malvado fantasma de trapo que nos asedia por ratos», quizá con un título así hubiese resultado menos decepcionante.

Danzón

«El cine es un juego de miradas» María Rojo

Por @kurenai_alex

Este jueves 10 de octubre se presentó en la Cineteca Nacional de México Danzón, película de 1991 dirigida por María Novaro. Con esta presentación se concluyó el ciclo Conversando con nuestros protagonistas, dedicado a María Rojo. La actriz, quien estuvo presente durante la exhibición de esta versión restaurada de la película, destacó la trascendencia de las producciones realizadas de manera independiente durante la época en que las ficheras seguían siendo el tipo de cine con mayor producción y presupuesto.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva, Conversando con nuestros protagonistas, 2019
Foto: Manuel Pineda

La actriz detalló además la manera en que María Novaro construyó la historia que logró ganarse a la crítica a nivel internacional, e incluso hacerlos pensar que la ciudad de Veracruz era un set, puesto que «no podía existir en México un lugar tan hermoso y pintoresco».

Danzón es realmente una película hermosa. Como parte de los aspectos técnicos destaca la precisión con la que la cámara se mueve en dos dimensiones, primero en encuadres muy abiertos que nos dejan ser parte de los escenarios y en segundo lugar, como una espía que se acerca lo más posible a los rostros de los personajes delatando los sentimientos que experimentan.

A través de la conjunción de esos movimientos cinematográficos y la música, que ocupa gran parte del metraje, conocemos a Julia, una telefonista que trabaja en el Distrito Federal comunicando llamadas de larga distancia. Su pasión más grande es el baile, sobre todo el danzón. A diferencia de sus compañeras de trabajo y su propia hija adolescente, Julia no desea entablar una relación ni sentimental ni sexual con algún sujeto, ella es feliz con Carmelo Benítez, un hombre en los cincuenta con quien se ha reunido por seis años para bailar. Todo parece perfecto para Julia hasta el día en que Carmelo no asiste al salón de baile.

Después de algunos días de esperarlo, y tras una serie de búsquedas infructuosas, Julia emprende un viaje rumbo a Veracruz con la finalidad de traer de vuelta a su pareja de baile. Pero ella no cuenta con que ese viaje le traerá muchas más aventuras de las que espera.

Aunque así podemos sintetizar la historia, una sinopsis no le hace justicia a esta película que de verdad logró crear un espacio diegético digno de análisis y halagos. Todo el trabajo se constituye con una mezcla perfecta entre la música, los diálogos y la imagen.

María Rojo y Daniel Rergis en Danzón (María Novaro, 1991)

Pero, aunque la música es fundamental para conducir el argumento, no presenciaremos aquí ningún número musical lleno de parafernalia, cortes rápidos y figuras populares, estilo acostumbrado durante la Época de oro del cine mexicano; por el contrario, la música aparece como personaje y se adentra de manera sutil, ya sea como parte de los salones de baile o como melodía entonada por Carmen Salinas, quien en esta película tuvo una participación encomiable, en la que deja de lado el estereotipo en que la sumergió la televisión mexicana, para mostrar una faceta diferente: una mujer con alto grado de empatía que no se deja arrastrar por los sufrimientos cotidianos; consejera, compañera y cómplice de quien en ella busca apoyo.

En este punto, los personajes se alejan de los clichés del cine mexicano, puesto que el universo que retrata Novaro no busca exhibir de manera naturalista los pesares de los menos favorecidos, o hacer uso de frases populares para lograr identificación; busca otorgarle fidelidad a la historia, ello desde luego conlleva la inserción de personajes tipo, pero éstos nunca caen en lo burdo o exagerado.

María Rojo y Tito Vasconcelos en Danzón (María Novaro, 1991)

En medio de esos personajes humanos y reales se encuentran también los leitmotiv: vinilos, zapatos de tacón, miradas esquivas y seductoras, sonrisas espontáneas y lágrimas vivas, que son acompañadas al ritmo de la música de Luis Arcaraz, Toña La Negra, Agustín Lara, Consuelo Velázquez, Felipe Pérez, Pepe Luis o las danzoneras Alma del Sotavento y Dimas de los Hermanos Pérez.

Además destaca el trabajo para hacer girar un sin número de subtemas alrededor de la historia principal: romance, traición, pasión, deseo sexual, introspección, búsqueda, prostitución, homosexualidad, todos ellos retratados sin reminiscencias lacrimógenas.

Este trabajo, por desgracia poco conocido en la actualidad, es realmente una muestra de fluidez, técnica, diseño de producción, musicalización y desempeño actoral desplegado en una historia entretenida que no requirió caer en clichés y estereotipos para lograr un universo sólido. En comparación con el cine mexicano actual que explota estereotipos para genera empatía, o utiliza lo contemplativo sin que este modelo aporte al argumento, Danzón aprovecha cada elemento que la compone para ser una obra cinematográfica completa.

Brightburn

¿Un acto fallido de innovación cinematográfica?

Por @kurenai_alex

Después de varios intentos por tener un hijo, una joven pareja estadounidense es bendecida por el cielo, literalmente, pues cerca de su casa cae un misterioso artefacto proveniente del espacio exterior en cuyo interior se encuentra un bebé. La pareja decide adoptarlo y criarlo como propio. Cuando el pequeño llega a la adolescencia se da cuenta que es más diferente de lo que todo el mundo imaginaba. El poder está dentro de él, lo llama y no puede negar su naturaleza.

Esta es la historia de Superm… digo de Brightburn, película del director David Yarovesky, a quien recordamos por The Hive (2014). Sin importar qué tan parecido nos suene este inicio con la archi popular saga de Superman, el director afirma (en el making off) que antes de escribir el guión de la película leyeron muchos cómics, lo que condujo a esta original, muy original, historia.

Brightburn se estrenó en mayo de este 2019 en algunos países, ya para agosto estaba en todas las salas a nivel mundial. Sin embargo se convirtió en otra de esas películas que pasan sin grandes ovaciones, ni grandes detractores. Esto último resulta sorprendente si tenemos en cuenta la cantidad de escenas sangrientas que se presentan a lo largo de la trama.

La película inicia bastante bien, pese a sus muy evidentes semejanzas con el superhéroe ya mencionado. Vemos a una pareja feliz a punto de tener relaciones sexuales desde un ángulo que nos permite saber que en más de una ocasión han tratado de ser padres, sin mucho éxito. A continuación una explosión y el cambio de colores cálidos a la misteriosa paleta de color en rojos, nos comunica la llegada de un nuevo individuo a la familia.

Hasta ahí todo parecía favorable, un guión prometedor, una paleta de colores capaz de generar aprensión y una mezcla de sonido a tono con la historia. Sin embargo, a los 15 minutos de película 90% de las buenas predicciones se pierden.

Elizabeth Banks en Brightburn (David Yarovesky, 2019)

Con una estética cuasi slasher asistimos a la transformación de un crío inocente en un ente siniestro, vengativo y megalómano, no resulta extraño si tomamos en cuenta que todos los movimientos de cámara que emplea el director corresponden a las bases del género. Pronto los movimientos de cámara basados en los encuadres abiertos y la profundidad de campo, que nos insinúan el acecho de un peligro escondido más allá de las sombras, se vuelven repetitivos, cansados y dejan de sorprender. Ya todos sabemos donde se esconde el niño malo de la historia y también sabemos que cuando lo busquemos no estará ahí. En este punto los sustos se vuelven alarmantemente predecibles.

Dichos movimientos de cámara eran funcionales dentro del slasher debido a la amenaza que representaba el asesino, sujetos incansables que iban a su paso en tanto la víctima corría y gritaba desesperada. Desde luego todos sabíamos que al final la víctima en cuestión sería asesinada, pero la tensión provocada por la posibilidad que tenía de escapar de un asesino de andar lento generaba desesperación y horror, sin embargo ¿qué tipo de tensión pueden crear esos mismos movimientos cuando sabemos de sobra que el enemigo te puede alcanzar a la distancia con sus poderosos rayos láser?

Aunque la actuación de Jackson A. Dunn en el personaje de Brandon (el Superman malo) es digna de un premio, el personaje no convence del todo, más parece un adolescente caprichoso que un verdadero enviado de las tinieblas espaciales. Desde luego ello podría favorecerlo si le concedemos la premisa de que la maldad estaba enraizada en su corazón, pero la idea de que la maldad despierte nada más cumplidos los 12 años no termina de atraer.

Jackson A. Dunn en Brightburn (David Yarovesky, 2019)

Eso sí, los valores de producción son innegables, puesto que el diseño de arte del personaje principal y su caracterización como ente siniestro realmente generan aversión, sobre todo por lo rudimentario de los elementos que utiliza para auto definirse como EL malo.

En resumen, Brightburn es una película inteligente y arriesgada que desgraciadamente se quedó muy corta en su desempeño. Escrita por Brian Gunn y Mark Gunn (ese nepotismo sí se puede ver), nos brinda, primero, una versión del «qué hubiera pasado si Kal-El fuera malo» y, segundo, un final menos predecible de lo esperado. Y no sólo eso, el argumento se escapa por completo de la línea trazada por los universos de súper héroes actuales: la apología a la familia y la amistad como ejes de la vida, la sociedad y fuerzas salvadoras de mundos.

Tendremos que esperar para averiguar si David Yarovesky y compañía deciden dar el siguiente paso en su evolución cinematográfica creando todo un universo opuesto a las clásicas cintas de súper héroes, o si se quedaran en este homenaje fallido al cine slasher de los 80.

Everybody Knows

Secretos a voces

Por @kurenai_alex

Después de cinco años viviendo en Argentina, Laura regresa a Madrid acompañada por sus hijos, Diego e Irene, para asistir a la boda de su hermana. En el pueblo todos la conocen, saben que se casó con un hombre exitoso y trabajador, capaz de pagar los arreglos de la fachada de la iglesia y que viven juntos un matrimonio de ensueño. Pero en el pueblo también saben que antes de eso, Laura estuvo enamorada de Paco, quien ahora es dueño de una finca vinícola.

El día de la boda llega, el vino corre, la banda toca, la gente canta y todo el mundo se divierte hasta que repentinamente las luces se apagan y el horror comienza para Laura y su familia, pues mientras todos celebraban la nueva unión, su hija adolescente ha sido secuestrada.

Así comienza Todos lo saben, película del 2018 del director Asghar Farhadi. Aunque realmente decir que así comienza es una falacia, pues para llegar a ese punto, que en términos prácticos es la introducción, al director le toma al menos media hora. Primero vemos escenas larguísimas de la carretera, los viñedos, el pueblo, y la vida cotidiana. Hasta ese punto la cámara trata de mostrarnos la vida común de los habitantes , hacernos partícipes de la relativa tranquilidad en que se mueven los personajes. Esta situación es un acierto, al mostrar las tradiciones de algunas provincias españolas, pero se pierde conforme avanza la trama.

Poco a poco nos adentramos en un conflicto que trata de ser un thriller pero se estanca a la mitad, pues el secuestro se transforma en un pretexto para contarnos los chismes sobre Laura y su familia. El ritmo pausado que el director utiliza en los primeros 100 minutos de película se rompe cuando decide cortar todo el suspenso y mostrarnos a los secuestradores sin más. Una vez que todos los secretos son revelados la desaparición de la chica pierde sentido, porque casi desde el inicio se relegó a un segundo plano.

Penélope Cruz y Javier Bardem en Todos lo saben (Asghar Farhadi, 2018)

Por otra parte los recursos técnicos también terminan difuminados. Aunque al inicio la cámara realmente se mueve como un espía en medio de los personajes y sus ambientes, al cabo de un rato esa idea queda de lado y los encuadres dejan de comunicarse con el espectador de forma íntima para simplemente registrar lo que ocurre, ya sin dejo de la morbosidad inicial que nos adentraba en la vida de la familia.

Con la música ocurre lo mismo, no existen leitmotivs, ni letras que comuniquen emociones. No pasa de ser una lista de melodías seleccionadas para ambientar. Eso sí, todas las actuaciones son monumentales. Le creemos a Penélope Cruz su desesperación, tanto que nos hace dudar de la sinceridad y credibilidad del secreto que revela, aunque éste ya se veía sospechosamente previsible desde el inicio.

Penélope Cruz y Ricardo Darín en Todos lo saben (Asghar Farhadi, 2018)

Bardem es quizá el mejor de todos los personajes, aunque vuelve a representar el clásico papel del español gallardo y valeroso que trata de ser el héroe de la historia, también muestra otras facetas viscerales que complementan el desarrollo de su personaje. Lo triste es el caso de Ricardo Darín, excelente actor que en esta ocasión prácticamente no figuró en la película. Su papel resulta casi sobrado, sin importar que tan buen trabajo realice, no deja de ser el tipo bajo la sombra del papel de Bardem.

Por otra parte el dilema de «hasta dónde estás dispuesto a llegar para ayudar al otro», que bien podría ser uno de los móviles principales del argumento, tampoco termina de adquirir forma, y la comparación con otras obras de la misma temática resulta inevitable, sobre todo cuando el tema fue retratado magistralmente por Akira Kurosawa en Tengoku to jigoku (El infierno del odio, 1963).

La película tiene puntos rescatables, actuaciones encomiables y un buen inicio, por desgracia los elementos principales de la trama no terminaron de encajar ni en el drama ni en el thriller. Aunque es plausible que Asghar Farhadi haya logrado crear un ambiente tan creíble de un pueblo español sin conocer siquiera el lenguaje, crear un ambiente no es la totalidad de una película.

Joker

«I hope my death makes more sense than my life»

Por : kurenai_alex

Sin duda el estreno más esperado para este octubre era Joker, película dirigida por Todd Phillips, la cual dio de que hablar desde el momento en que se anunció su producción, y continuó generando expectativa y polémica después de recibir el León de oro del Festival de Cine de Venecia. La película se resume en una palabra: EXCELENTE.

Joaquin Phoenix, Joker (2019)

Sin embargo, es preciso argumentar para no caer en la subjetividad. Esta película no sólo cuenta con la impactante actuación de Joaquin Phoenix, quien de verdad logró una transformación trascendental para adaptar este personaje a la pantalla, tan monumental que algunas escenas recuerdan al payaso ilustrado por Ruggero Leoncavallo para su ópera Pagliacci; sino también es un magnífico ejemplo de cómo se pueden reconstruir los universos de los super héroes y los villanos sin apelar a la fórmula tan gastada por Marvel.

En esta película el equipo de producción logró consolidar una historia sin huecos, en la que el personaje principal se va construyendo a lo largo de la trama para convertirse en un sujeto completo al final, siniestro pero completo. Muy al estilo de otras películas como The Dark Knight o la espléndida Watchmen, Joker crea un mundo para el personaje en el que cada detalle aporta una nueva cualidad para su construcción o deconstrucción.

La música juega un papel trascendental en la caracterización del personaje, no sólo se compuso un leitmotiv plagado de cuerdas que van desde los agudos violines hasta los profundos chelos, en momentos acompañados por la mezcla de sonidos metálicos, que aparecen en los puntos de inflexión, en los que el personaje se enfrenta a una impresión mayor a la que puede soportar: situaciones que lo doblegan poco a poco; al mismo tiempo la música preexistente se encarga de revelarnos momentos clave de su estado de ánimo, que van mas allá de los puntos de inflexión.

Joaquin Phoenix en Joker (2019)

A lo largo de la película podemos escuchar tanto los temas de Hildur Guðnadóttir como canciones clásicas. Smile, interpretada por Jimmy Durante; Send In The Clowns con Frank Sinatra son algunos de los temas que aparecen; además de la clásica That’s life, que funciona como el colmo de la ironía dentro del espacio diegético de la película.

Como es obvio en una producción de esta envergadura, los detalles técnicos son precisos, son de alabar los momentos en los que la cámara sigue al Joker en sus travesías ya sea entre las calles o los tenebrosos pasillos de los departamentos; movimiento que brinda la sensación de que es el mismo espectador quien camina detrás del personaje, siguiéndolo y juzgándolo.

La historia, como ya todos sabíamos y esperábamos, se concentra en mostrar los antecedentes del psicótico villano más popular de la saga de Batman, y como tal no decepciona. A la par que nos muestra la historia de Arthur Fleck, la película realiza una crítica social aguda a los sistemas de clases y la falta de atención por los problemas de quienes carecen de recursos. Sin justificación hacia los actos violentos, como se rumoraba que haría, Phillips creó una película que escapa de los clichés sin recurrir a las explosiones de acción, o sangre para entretener al público.

Robert DeNiro y Joaquin Phoenix en Joker (2019)

Eso no es todo, no importa cuántas reseñas leas sigue siendo un filme sorprendente, debido a que el personaje siempre actúa de forma inesperada frente a las situaciones más obvias, y su personalidad consigue que la película no se torne en un sin sentido de chistes mal intencionados, o que apele a la fórmula del humor simple, pues la trama se trabajó por contrastes: al mismo tiempo que escuchamos una situación cómica se nos muestra una imagen contraria que impide generar una reacción única, tal como el personaje construido de forma ambigua, las emociones que desata también lo son.

Definitivamente hay que ver esta nueva configuración del Guasón, pero también hay que dejar de lado la necesidad de asociarlo con otros universos u otros personajes. Desde luego este NO es el Guasón de Ledger, el de Nicholson y por fortuna tampoco el de Leto, ni el de los cómics o entregas pasadas. Es una nueva visión, una ADAPTACIÓN, como tal hay que recibirlo y juzgarlo, sin caer en el sobre análisis, ni olvidar que el cine es y seguirá siendo la visión de un equipo de producción sobre un tema determinado moldeado por el contexto social e histórico del momento, además de pertenecer a una industria que explota las obras intelectuales para obtener ganancias económicas.

Tokyo Sonata

El drama del maestro del terror

Por kurenai_alex

Si bien es cierto que la realidad suele superar a la ficción, también es verdad que existen ficciones que recrean esa realidad hasta en sus más pequeños detalles; logrando captar formas de comportamiento, contextos sociales, situaciones viscerales y dramas cotidianos. Dentro de este último ramo, hay películas, que por su asombrosa capacidad de retratar sin miramientos una realidad latente e ignorada al mismo tiempo, cautivan, enternecen y desgarran al público. 

En esta ocasión hablaré de un filme de Kiyoshi Kurosawa que cuenta con todas las características anteriormente mencionadas. Aunque la mayor parte de la filmografía de este director se ha enfocado al suspenso y el terror, él ha incursionado en casi todos los géneros cinematográficos, desarrollado historias de suspenso, con toques de ciencia ficción, terror psicológico u obras conmovedoras y entrañables tal como Tokyo Sonata.

Kyôko Koizumi y Kôji Yakusho en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Ryuhei Sasaki, su esposa Megumi, y sus dos hijos Takahashi y Kenji, viven en una zona de clase media de la ciudad de Tokio. Todo transcurre con orden y tranquilidad dentro de su monótona rutina. Ryuhei cuenta con un trabajo promedio que le permite solventar los gastos de su familia, y mantener una vida holgada hasta cierto punto. Megumi, por su parte, desempeña su papel de ama de casa ideal. En tanto Takahashi, el hijo mayor, y Kenji, el pequeño, son alumnos regulares en sus respectivos niveles escolares. Pero esto no es más que una fachada.

Detrás de toda esa perfección familiar se esconden todo tipo de conflictos. Ryuhei es un hombre sumamente cerrado, que no logra establecer comunicación con sus hijos; Megumi se comporta siempre de forma dócil y es incapaz de tomar decisiones sin su marido, además de vivir frustrada por la monotonía de su vida; Takahashi vive influenciado por la propaganda de guerra que le fomenta falsos ideales de un nacionalismo bastante arbitrario, y Kenji, quien desea más que cualquier otra cosa aprender a tocar el piano, se ve limitado por los intereses de su padre.

Las cosas empeoran cuando Ryuhei pierde su empleo, pues él considera que toda su autoridad dentro del hogar recae precisamente en que es el sostén económico de su familia. Es entonces que se tropieza con un viejo amigo, quien se encuentra en las mismas circunstancias que él, y juntos emprenden una larga trayectoria por todas las oficinas de Tokio en busca de empleo, hasta que la desesperación conduce al amigo al asesinato de su esposa y a su propio suicidio por envenenamiento de gas. 

Kai Inowaki, Kyôko Koizumi, Teruyuki Kagawa y Yû Koyanagi en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Por otra parte, mientras que Takahashi decide marcharse de su hogar para unirse al ejercito de Estados Unidos en una guerra con Medio Oriente;  Kenji comienza a ahorrar el dinero de su almuerzo para pagar sus lecciones de piano a espaldas de su padre. Allí conoce a Kaneko, la profesora de piano, que al ver su talento natural lo incita a continuar con sus aspiraciones musicales. 

Poco a poco Ryuhei comienza a desesperarse y ante la perspectiva de perder su lugar en el entorno familiar, comienza a trabajar como intendente en una tienda departamental. Mas, al creer que su trabajo es deshonroso, decide ocultarlo de su esposa. Es ahí en donde la vida le ofrece una nueva oportunidad que pondrá a prueba todos sus conceptos del bien y el mal.

Pero mientras él vive sus propios conflictos y su nueva doble vida, Megumi hace lo propio cuando es secuestrada por un ladrón que entra a su casa y la obliga a conducir hasta el mar, y con quien está dispuesta a escapar al sentir que le ofrece todo aquello de lo cual la vida familiar la ha privado. 

Lentamente cada una de las apariencias que encubren a la familia se van diluyendo, y pronto todos los fantasmas que los consumen terminan por envolverlos en una densa niebla de conflictos, que los conducen a un callejón sin salida aparente. 

Teruyuki Kagawa, Yû Koyanagi y Kyôko Koizumi en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Esta película, cuyo hilo conductor es la familia Sasaki, es una obra maestra del cine dramático contemporáneo. En ella se reflejan de forma nítida las problemáticas más simples, y a la vez universales, a las que se enfrentan millones de familias en todo el mundo. 

La falta de comunicación, la imposición de roles, las marcadas diferencias sociales y de género, o la inconformidad frente a la rutina se puede apreciar en cada uno de los personajes, que fueron creados por el mismo director de una forma magistral, como sólo él sabe hacerlo. 

Existen, además, elementos que le añaden a la cinta un carácter propio como la música de Kazumasa Hashimoto, reconocido compositor japonés. Y desde luego la impecable fotografía que estuvo a cargo de  Akiko Ashizawa que a través de los encuadres abiertos refleja situaciones generales de ambiente, mientras que reserva los cerrados para especificar el cambio en la emoción de un personaje especifico. Y claro, no podía faltar la brillante participación de los actores, entre los que destaca Kôji Yakusho, en su papel de hombre desempleado que termina como ladrón y amante de Megumi. 

Si quieres ver una película interesante y lacrimógena que te haga reflexionar, esta es una excelente opción, lo mismo en el caso de que desees conocer una parte diferente del trabajo realizado por el maestro del J-Horror Kiyoshi Kurosawa.  

Título: Tokyo sonata; Director: Kiyoshi Kurosawa; Guión: Kiyoshi Kurosawa, Max Mannix, Sachiko Tanaka ; Música: Kazumasa Hashimoto; Reparto: Teruyuki Kagawa, Kyoko Koizumi, Yu Koyanagi, Inowaki Kai, Kôji Yakusho; Duración: 118 min; Año: 2008

Memento

Cuando los recuerdos se pierden en la nada 

Por kurenai_alex

Todos vivimos a la merced del sistema límbico, de unas nebulosas de electricidad surcando nuestro cerebro. Toda persona se divide en fracciones de veinticuatro horas, luego otras veinticuatro y así sucesivamente. Es una especie de pantomima diaria, un hombre tras otro reclamando su parte de control: la parte de atrás de un teatro llena de gentecilla clamando por tener un momento de fama. Así todos los días, todas las semanas. El hombre enfadado le pasa el testigo al hombre deprimido, y luego al adicto al sexo, al introvertido, al parlanchín. Cada hombre es una muchedumbre, una cadena de idiotas.  Memento mori, Jonathan Nolan 

El tiempo es sin duda una de las situaciones que más perturba a las personas. Cada segundo que pasa, cada momento que transcurre, deja una marca, nos consume y nos arrastra, dejándonos únicamente una lista de experiencias que se traducen en recuerdos. Autores de la talla de Marcel Proust han escrito libros, que más que novelas, son tratados del tiempo y sus repercusiones en la vida de las personas. Pero, ¿qué pasaría si no fuéramos capaces de percibir el paso del tiempo?, ¿qué ocurriría si nuestro cerebro no tuviera la capacidad de acumular esos recuerdos? Simplemente estaríamos vacíos, careceríamos de toda conexión con el mundo y con nosotros mismos. 

A principios de este siglo, Jonathan Nolan, hermano del famoso director Christopher Nolan, decidió tomar como punto de partida la idea del tiempo y sus reminiscencias en la mente de un hombre perturbado por una extraña enfermedad, para crear Memento Mori, un relato breve publicado por la revista Esquire. El nombre del relato tuvo como inspiración el significado de la frase en latín: “recuerda que vas a morir”.  

Christopher Nolan y Guy Pearce en la filmación de Memento, 2001

La historia narraba las desventuras de Earl, un sujeto aquejado por la pérdida de memoria a largo plazo, que sufría por el trauma de haber presenciado la violación y asesinato de su esposa, a quien no había podido ayudar. Mas, aunque le era imposible retener los recuerdos por mucho tiempo, en los momentos en los que era consciente de ello, se abatía sobre él la terrible necesidad de vengar el crimen que lo había condenado a quedarse solo entre las paredes de un hospital. Para ayudarse a sí mismo, Earl se encargaba de dejarse notas en lugares en donde su «yo sin memoria» pudiera localizarlas, para así lograr avanzar en sus proyectos.

El relato era fluido, transmitía la doble desesperación del protagonista, es decir de su yo consciente y del inconsciente, y tenía como particularidad que la narración se hacía desde dos puntos de vista: narrador en tercera persona y narrador en primera persona. El primero, lejos de contar con un papel omnisciente, se limitaba a figurar como testigo de los actos y ambientes del personaje principal, en tanto el segundo contaba desde su perspectiva todo lo que estaba ocurriendo, justo como él  lo entendía, pero no para comunicarse con el público; sino para entablar una conversación con el protagonista.

Guy Pearce y Carrie-Anne Moss en Memento, 2001

La idea resultó tan original, que en el año 2000 (antes de que Esquire publicara el relato), Christopher  Nolan decidió adaptarla como guión cinematográfico, con ayuda de su hermano. 

Para su versión cinematográfica, Memento (como se llamó finalmente), sufrió algunos cambios que ayudaban a volverla más fluida y visualmente atractiva. Entre ellos destaca el uso de las fotografías instantáneas por parte del protagonista, Leonard, como vía para acumular sus recuerdos y experiencias. Así mismo se añadieron personajes e historias intercaladas, que transformaron el relato breve de Jonathan Nolan, en una monumental obra de  suspenso, en la que la ambigüedad y la confusión del protagonista, y sus múltiples autoengaños, mantienen al espectador al borde del asiento, sin aclararle nunca si lo que pasa pertenece a la realidad como tal, o a las historias creadas por el propio Leonard para rellenar los abismos creados en su memoria a causa de la enfermedad. 

Aunado a ello, la película utilizó de forma increíble el tiempo psicológico para lograr una sensación de desconcierto. Así, el montaje se realizó tomando como hilo conductor los recuerdos de Leonard para plasmar la historia en pantalla. 

Guy Pearce en Memento, 2001

Al momento de su estreno, la cinta contó con una gran aprobación por parte del público y la crítica, aunque ésta última, cayendo en la sobre interpretación de los elementos del filme, buscaba y rebuscaba en los pequeños detalles para encontrar profundidad o defectos al argumento. Aún así la película fue tema de la prensa a nivel mundial, sobre todo después de recibir premios y nominaciones como: Mejor guión en los premios Óscar, Mejor Película por la Academy of Science Fiction Films, Mejor guión en el Bram Stoker Awards, Mejor drama en el Golden Trailer Awards, etcétera. 

La cinta fue protagonizada por Guy Pearce, actor inglés que participó también en Iron Man 3, en el papel de Aldrich Killian, y  Carrie-Anne Moss, la actriz que encarnó a Trinity en The Matrix. Como personaje añadido a la trama, Moss realizó un trabajo soberbio, con el que demostró que no sólo sabía actuar como la novia del archi popular Neo. 

Memento es una excelente adaptación que vale la pena, cada vez que la veas encontrarás nuevas pistas que te conducirán a conclusiones distintas. Pero no te engañes, el único que podría decirte si los recuerdos de Leonard son o no reales es Christopher Nolan, y no lo hará, puesto que es allí en donde radica la magia de la película.  

Título: Memento; Dirección: Christopher Nolan; Guión: Christopher y Jonathan Nolan; País: Estados Unidos; Año: 2001; Reparto: Guy Pearce, Carrie-Anne Moss, Joe Pantoliano, Mark Boone Junior 

María de mi corazón

«Hay amores cortos y hay amores largos», le dijo ella. Y concluyó sin misericordia: «Este fue corto» Sólo vine a hablar por teléfono, Gabriel García Márquez

Por kurenai_alex

Este jueves 26 de septiembre se exhibió en la Cineteca Nacional de México la película María de mi corazón (1979), del director Jaime Humberto Hermosillo. La presentación correspondió al ciclo Conversando con nuestros protagonistas, coordinado por el cineasta Juan Antonio de la Riva, que en esta ocasión presenta a María Rojo como protagonista de las charlas.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva en la presentación de María de mi corazón Foto de Manuel Pineda

María Rojo abrió la presentación de la película explicando que el mismo Gabriel García Márquez envió una carta al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) para pedir que se restaurara el negativo, pues consideraba que era la mejor adaptación de sus trabajos y uno de los filmes más importantes del cine mexicano. Asimismo apuntó la falta de apoyo con la que contaban este tipo de trabajos, pues la película fue más reconocida en el extranjero que en México, donde no se permitió su exhibición.

María Rojo destacó que este trabajo marcó un momento en que «los actores quisieron cambiar la historia», y crearon un Sindicato de Actores Independientes que buscaba obtener las condiciones sociales adecuadas para todos los miembros del gremio cinematográfico, una lucha todavía pendiente en México, donde «un actor retirado recibe una pensión de mil pesos al mes». De esta forma «la película fue, de alguna manera, la bandera del Sindicato de Actores Independientes» señaló Juan Antonio de la Riva, quien también colaboró con Hermosillo en la filmación. María de mi corazón forma parte del proyecto Preservación del cine mexicano, implementado en la Cineteca Nacional de México con la finalidad de rescatar el patrimonio fílmico para su exhibición y conservación.

La película, filmada en la colonia Portarles de la Ciudad de México en un formato de 16 mm, cuenta el trágico amor entre María Torres (María Rojo) y Héctor Roldán (Héctor Bonilla). Después de que Pepé deja a María plantada en la iglesia, ella decide regresar al único lugar constante en su vida: la casa de Héctor, ex novio al que ella misma dejó en el altar algunos años atrás. Aunque en un principio María se niega a retomar su relación pronto se deja llevar por la visceral atracción sexual que Héctor le genera y empiezan una nueva vida juntos. Sin embargo el hábito de Héctor, como ladrón, no parece agradarle mucho a la joven quien pronto decide que lo mejor es que ambos se dediquen al mundo del espectáculo como magos. Una vez que comienza a realizar giras sus vidas dan un vuelco.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva en la presentación de María de mi corazón Foto de Manuel Pineda

Pese a las precarias condiciones de la producción, María de mi corazón cuenta con un nivel técnico destacado, los 16 mm en los que fue filmada no merman su calidad. Al inicio asistimos a la presentación de una película oscura, en la que los personajes son casi sombras que destacan con dificultad en el encuadre. Pero una vez que María sonríe por primera vez la iluminación cambia para otorgarnos una fotografía detallada de los ambientes en los que se mueven los personajes, adentrándonos en sus costumbres y su vida cotidiana por medio de cada uno de los elementos que componen el diseño de producción. La fotografía estuvo a cargo de Ángel Goded y el diseño de producción contó con la participación de Lucero Isaac, quien ya había trabajado anteriormente con Jaime Humberto Hermosillo de manera destacada.

La música es otro aspecto curioso del filme, se recurrió al uso de canciones preexistentes que ilustran situaciones específicas con la letra de la canción, por ejemplo mientras María se cambia el vestido de novia para desayunar con Héctor después de su reencuentro, éste hace sonar en el tocadiscos Viajera de Luis Arcaraz, lo mismo ocurre con el resto de las canciones de la película, que siempre aparecen como parte de la historia (música diegética) para describir los sentimientos de Héctor.

El guión, co-escrito por Gabriel García Márquez y Jaime Humberto Hermosillo, se aleja de las representaciones naturalistas del cine mexicano, retomando los elementos del realismo mágico característicos de los trabajos del escritor. De acuerdo con las declaraciones de Márquez en el diario El país (1981), https://elpais.com/diario/1981/05/05/opinion/357861609_850215.html la idea original partió de una historia que había escuchado en la vida real, de la cual surgiría también Sólo vine a hablar por teléfono, cuento incluido en la antología del autor Doce cuentos peregrinos.

María Rojo y Héctor Bonilla en María de mi corazón, Jaime Humberto Hermosillo, 1979

Destacan además las actuaciones de María Rojo, Héctor Bonilla, Salvador Sánchez, José Alonso, Evangelina Martínez, Dolores Beristáin, Óscar Chávez, Ana Ofelia Murguía y otra larga lista de actores y personalidades que participaron de marea altruista, incluso interpretando varios personajes que conservaban los nombres de pila de los interpretes, pues «la película fue escrita para ellos». Una de las mejores participaciones fue la de Xóchitl, actor mexicano conocido como «la reina travesti de México», quien interpretó tres papeles totalmente distintos: un judicial, un sacerdote y una enfermera del hospital psiquiátrico. En este último papel la voz del actor fue doblada para hacer contrastar su corpulenta imagen con una voz dulce y suave, lo más sorprendente es que el doblaje se realizó en directo y no en la post producción, y sólo hay una escena en la que el desfase es evidente.

En suma, María de mi corazón es un filme diferente, en el que vemos evolucionar a los personajes, adaptarse y transformarse a la par que el tono cómico se va deslavando para sumir los matices de la tragedia. Este 2019 se cumplen 40 años del estreno de este trabajo cuya filmación duró únicamente 93 días, y se realizó con un presupuesto mínimo, por lo cual los actores no recibieron una paga, pues su finalidad única era continuar con el desarrollo del cine nacional aún en contra de la censura.

La Cineteca Nacional ha realizado un excelente trabajo al restaurarla y ponerla nuevamente en exhibición, sólo esperemos que la difusión de estos trabajos continúe para permitir que cada vez más públicos puedan conocerlas y reconocerlas como parte trascendental de la cinematografía nacional.

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