Along Came With The Devil
Por @kurenai_alex
Como fanática del cine de terror soy un blanco fácil de la publicidad que promociona estas películas; sobre todo si es a través de un trailer. Desde luego mi susceptibilidad se incrementa si además de presentar escenas de sustos inminentes aparece la leyenda «basada en hechos reales». No es extraño entonces que haya sido víctima de más de un fiasco cinematográfico.
En días recientes se presentó una película cuyo trailer contaba con todas las características de lo que llamo «una película que yo vería»: Along came with the Devil del director Jason DeVan. Desde luego esta no es una producción reciente, fue realizada en el año 2017, y sólo hasta el día de hoy que aparece en salas mexicanas distribuida por Cinemex.
Along came with the Devil narra la clásica historia de una sufridora adolescente con traumas infantiles que no ha podido superar la muerte de su madre. Tras la partida de su hermana a la universidad su tía decide adoptarla y llevarla así de vuelta a su pueblo de origen, en donde comienza a ser acecha por un ente siniestro que busca… bueno, realmente no sabemos que busca porque en los 89 minutos que dura la película nunca se decidieron a explicarnos si existía una motivación para que el demonio la acechara o sólo iba pasando por ahí y le pareció buena idea.

De principio a fin la producción está bastante cuidada. No hay errores de continuidad, las luces están bien distribuidas, el maquillaje nada despreciable y el demonio tan bien hecho que uno hasta empieza a creer que la película puede ofrecer algo; sin contar que incluye además escenas muy bien rodadas en lugares incómodos como el bosque, o tomas aéreas que dejan ver que incluso en un pueblo tranquilo y cotidiano pueden ocurrir los fenómenos menos esperados.

Por desgracia esos son todos los aciertos de la película, en la que podemos ver tantos huecos argumentales como baches en la carretera libre México-Puebla. Inicia con un extenso discurso en letras blancas que casi podría rezar «en una galaxia muy muy lejana», pero que no aporta nada a la trama, por el contrario elimina la capacidad del público de enarbolar sus propias hipótesis iniciales.
A continuación nos muestran una escena de maltrato infantil de la protagonista y en un salto inmediato somos transportados a la clásica película de adolescentes con «fogatas, juegos y todos esos malentendidos románticos» clásicos de todas esas películas que parecen folletines amorosos.
Claro que desde el inicio hay una o dos sombras del mal, y los típicos ruidos que te indican que sigues viendo una cinta de terror y no la última de Justin Tinberlake y Mila Kunis, pero nunca logra que de verdad se sienta la asfixia del fantasmal acoso o los momentos de tensión en los que uno sabe que debe saltar. A los cuarenta minutos de metraje uno de verdad comienza a preguntarse dónde está el exorcismo «como nunca se había visto antes» anunciado en el trailer.

Y cuando uno comienza a creer que algo se aproxima… ¡bam! aparecen los créditos finales en los que el nepotismo cinematográfico se puede ver en su máximo esplendor. No sólo es una producción de DeVan Clan, haciendo honor a ese nombre el apellido de la familia aparece en casi todos los espacios involucrados en la creación del filme.
A todas estas quejas debo agregar, además, las constantes, incesantes y repetitivas referencias a El exorcista (William Friedkin, 1973): diálogos, maquillaje, nombres y hasta la mención explícita de la película son parte de esta descarada muestra de fanatismo mal encaminado.
Tal como supusiera mi acompañante a la película, la idea de DeVan es crear una trilogía, por lo cual esta película no es más que el inicio de una historia que no aporta nada nuevo al género ni técnica ni argumentalmente.

Otro fenómeno que vale la pena destacar es la incorporación de la religión dentro de los filmes de este tipo. La últimas películas de terror que he visto, incluida esta, parecen más propaganda religiosa de esa que dice «si te portas mal te vas al infierno», «las señoritas visten de forma decente» o «sólo la fe en Dios te puede salvar». No importa el país del que provengan, simplemente que la idea de la religión como único camino de redención se encuentra tan evidente que no sé si estoy viendo la película en cuestión o la versión fílmica de la revista El Atalaya., Tampoco he logrado averiguar si están siendo producidas por personas religiosa, o sólo creen que es así como debe de ser un filme de terror. Claro que los elementos religiosos son una materia prima para la creación de argumentos, pero ya podría ser menos descarada la promoción.
Mientras logro averiguar qué es lo que ocurre, creo que en algún punto será necesario que deje de lado la ingenuidad de fanática del terror, en especial de los fenómenos paranormales, y comience a invertir el dinero de mi boleto en algo mucho más productivo.

Por el momento la película de DeVan continúa en cartelera, y yo sólo recomendaría verla con la finalidad de que Cinemex siga programando películas de terror, a la espera de que alguna logre realmente el cometido por el que fue creada al pertenecer a este género: asustar para variar.
