Tatuaje: entre la obsesión y el deseo
Por @kurenai_alex
Este martes 3 de septiembre se realizó la apertura de la Retrospectiva Yasuzo Masumura en la Cineteca Nacional de México, con la presentación de Irezumi (Tatuaje), película de 1966, basada en un relato corto del escritor Junichiro Tanizaki del año 1910.

Como parte de la ceremonia, el Director de Difusión y programación de la institución, Nelson Carro Rodríguez, destacó la trascendencia del filme y la importancia de poder visualizarlo en su formato original de 35mm «en esta era en la que todo se ha vuelto digital, tendremos la oportunidad de ver el filme como lo imaginó el director originalmente», señaló. Por su parte, Naoko Sugimoto, directora de la Fundación Japón, institución que ha traído a México la retrospectiva de este director, habló de la trascendencia del trabajo de Masumura, quien fuera parte de la Segunda Época de oro del cine japonés; contemporáneo de Akira Kurosawa, Kenji Mizoguchi, entre otros; amigo íntimo del escritor Yukio Mishima y adaptador de distintas obras literarias al cine.
Tatuaje narra la historia de Otsuya, una joven apasionada que escapa de su casa para poder casarse con Shinsuke, el aprendiz de su padre. Durante la huída, tanto Otsuya como Shinsuke son engañados y ella es obligada a servir como geisha. Ahí conoce a Seikichi, un tatuador obsesionado con encontrar la piel más hermosa para realizar una obra maestra. Seikichi, fascinado con la piel de Otsuya y siguiendo las instrucciones del dueño de la casa de geishas, le tatúa en la espalda una enorme araña que termina por poseer a la chica obligándola a cobrar venganza de los hombres que la condujeron a su actual situación, al mismo tiempo que extrae el alma de Seikichi, transformándolo así en su primera víctima.

Aunque la película sigue las bases del relato original; el personaje de Otsuya, interpretado por la hermosa actriz Ayako Wakao, dista bastante del presentado por Tanizaki en su libro, puesto que en la película, si bien al inicio podemos ver a una chica romántica e idealista, también se visualizan ya las características de la femme fatal del cine: mujeres hermosas, liberadas sexualmente, seductoras, manipuladoras y arrogantes.
Después de ser tatuada, estas características se acentúan en el personaje hasta alcanzar la máxima transformación en la que ni el amor ni sus idealizaciones pueden superar su sed de venganza. Poco a poco asistimos a la pérdida de identidad, pero no sólo de ella; sino de todos los personajes. Así aquellos que la miraban con deseo terminan trastornados por su presencia hasta el punto de perderse a sí mismos e incluso su propia vida.

Esta es una obra brillante en todos los sentidos, no sólo las actuaciones resultan impresionantes; los aspectos técnicos destacan de manera soberbia acompañando un guión magistralmente escrito por Kaneto Shindō.
En esta obra el color parece hablar con el espectador, transmitirle los deseos, pensamientos e ideas de los personajes, su condición social y sus estado emocional. Aunado a ello se suman los elementos creativos, la lluvia puesta en dos capas, los escenarios que recrean el periodo Edo, los vestuarios y el maquillaje, de éste último destaca el tatuaje de la araña que realmente parece adquirir vida propia con cada uno de los movimientos de la actriz.
Resulta curioso además que una película basada en un relato de obsesión, deseo y sensualidad, no recurra al uso de desnudos. Durante toda la historia no aparece ni un sólo desnudo, lo único que vemos es la espalda de la actriz y su perfecta figura delineada, pero nunca un desnudo. Asimismo este trabajo de Masumura resulta aún más creíble debido al uso de un idioma japonés arcaico, en el que además se hace uso de metáforas lingüísticas: «qué raro, una tormenta en primavera», asegura la Otsuya al escuchar el sonido de los rayos (kamidari-san).

Toda la historia transcurre en un juego de luces y colores, de emociones viscerales y un admirable desempeño histriónico, donde el clima vaticina el destino ineludible de los protagonistas.
Esta retrospectiva de Masumura contará con 11 películas más: Hyoheki (1958), Tsuma ha kokuhaku suru (1961), Manji (1964), Rikugun Nakano Gakko (1966), Hanaoka Seishu no tsuma (1967), Aozora musume (1957), Karakkaze yarô (1960), Otto ga mita «Onna no kobako» (1964), Heitai yakuza (1965), Seisaku no tsuma (1964), y Akai tenshi (1966).

Es recomendable acercarse a la obra de Masumura, que representa en sus películas las formas de vida del Japón antiguo y contemporáneo a través de historias interesantes, y recursos técnicos estéticos. Si bien en México, y alrededor del mundo artistas como Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu, y más recientemente, Takeshi Kitano o Shion Sono han mostrado la belleza y técnica del cine japonés y se han posicionado dentro del gusto del público, existen otros grandes cineastas cuyos trabajos, pese a ser muy valiosos, siguen siendo poco conocidos. Esta es una excelente oportunidad para acercarse a esos trabajos y a la cultura japonesa a través de las pantallas.
