Memento

Cuando los recuerdos se pierden en la nada 

Por kurenai_alex

Todos vivimos a la merced del sistema límbico, de unas nebulosas de electricidad surcando nuestro cerebro. Toda persona se divide en fracciones de veinticuatro horas, luego otras veinticuatro y así sucesivamente. Es una especie de pantomima diaria, un hombre tras otro reclamando su parte de control: la parte de atrás de un teatro llena de gentecilla clamando por tener un momento de fama. Así todos los días, todas las semanas. El hombre enfadado le pasa el testigo al hombre deprimido, y luego al adicto al sexo, al introvertido, al parlanchín. Cada hombre es una muchedumbre, una cadena de idiotas.  Memento mori, Jonathan Nolan 

El tiempo es sin duda una de las situaciones que más perturba a las personas. Cada segundo que pasa, cada momento que transcurre, deja una marca, nos consume y nos arrastra, dejándonos únicamente una lista de experiencias que se traducen en recuerdos. Autores de la talla de Marcel Proust han escrito libros, que más que novelas, son tratados del tiempo y sus repercusiones en la vida de las personas. Pero, ¿qué pasaría si no fuéramos capaces de percibir el paso del tiempo?, ¿qué ocurriría si nuestro cerebro no tuviera la capacidad de acumular esos recuerdos? Simplemente estaríamos vacíos, careceríamos de toda conexión con el mundo y con nosotros mismos. 

A principios de este siglo, Jonathan Nolan, hermano del famoso director Christopher Nolan, decidió tomar como punto de partida la idea del tiempo y sus reminiscencias en la mente de un hombre perturbado por una extraña enfermedad, para crear Memento Mori, un relato breve publicado por la revista Esquire. El nombre del relato tuvo como inspiración el significado de la frase en latín: “recuerda que vas a morir”.  

Christopher Nolan y Guy Pearce en la filmación de Memento, 2001

La historia narraba las desventuras de Earl, un sujeto aquejado por la pérdida de memoria a largo plazo, que sufría por el trauma de haber presenciado la violación y asesinato de su esposa, a quien no había podido ayudar. Mas, aunque le era imposible retener los recuerdos por mucho tiempo, en los momentos en los que era consciente de ello, se abatía sobre él la terrible necesidad de vengar el crimen que lo había condenado a quedarse solo entre las paredes de un hospital. Para ayudarse a sí mismo, Earl se encargaba de dejarse notas en lugares en donde su «yo sin memoria» pudiera localizarlas, para así lograr avanzar en sus proyectos.

El relato era fluido, transmitía la doble desesperación del protagonista, es decir de su yo consciente y del inconsciente, y tenía como particularidad que la narración se hacía desde dos puntos de vista: narrador en tercera persona y narrador en primera persona. El primero, lejos de contar con un papel omnisciente, se limitaba a figurar como testigo de los actos y ambientes del personaje principal, en tanto el segundo contaba desde su perspectiva todo lo que estaba ocurriendo, justo como él  lo entendía, pero no para comunicarse con el público; sino para entablar una conversación con el protagonista.

Guy Pearce y Carrie-Anne Moss en Memento, 2001

La idea resultó tan original, que en el año 2000 (antes de que Esquire publicara el relato), Christopher  Nolan decidió adaptarla como guión cinematográfico, con ayuda de su hermano. 

Para su versión cinematográfica, Memento (como se llamó finalmente), sufrió algunos cambios que ayudaban a volverla más fluida y visualmente atractiva. Entre ellos destaca el uso de las fotografías instantáneas por parte del protagonista, Leonard, como vía para acumular sus recuerdos y experiencias. Así mismo se añadieron personajes e historias intercaladas, que transformaron el relato breve de Jonathan Nolan, en una monumental obra de  suspenso, en la que la ambigüedad y la confusión del protagonista, y sus múltiples autoengaños, mantienen al espectador al borde del asiento, sin aclararle nunca si lo que pasa pertenece a la realidad como tal, o a las historias creadas por el propio Leonard para rellenar los abismos creados en su memoria a causa de la enfermedad. 

Aunado a ello, la película utilizó de forma increíble el tiempo psicológico para lograr una sensación de desconcierto. Así, el montaje se realizó tomando como hilo conductor los recuerdos de Leonard para plasmar la historia en pantalla. 

Guy Pearce en Memento, 2001

Al momento de su estreno, la cinta contó con una gran aprobación por parte del público y la crítica, aunque ésta última, cayendo en la sobre interpretación de los elementos del filme, buscaba y rebuscaba en los pequeños detalles para encontrar profundidad o defectos al argumento. Aún así la película fue tema de la prensa a nivel mundial, sobre todo después de recibir premios y nominaciones como: Mejor guión en los premios Óscar, Mejor Película por la Academy of Science Fiction Films, Mejor guión en el Bram Stoker Awards, Mejor drama en el Golden Trailer Awards, etcétera. 

La cinta fue protagonizada por Guy Pearce, actor inglés que participó también en Iron Man 3, en el papel de Aldrich Killian, y  Carrie-Anne Moss, la actriz que encarnó a Trinity en The Matrix. Como personaje añadido a la trama, Moss realizó un trabajo soberbio, con el que demostró que no sólo sabía actuar como la novia del archi popular Neo. 

Memento es una excelente adaptación que vale la pena, cada vez que la veas encontrarás nuevas pistas que te conducirán a conclusiones distintas. Pero no te engañes, el único que podría decirte si los recuerdos de Leonard son o no reales es Christopher Nolan, y no lo hará, puesto que es allí en donde radica la magia de la película.  

Título: Memento; Dirección: Christopher Nolan; Guión: Christopher y Jonathan Nolan; País: Estados Unidos; Año: 2001; Reparto: Guy Pearce, Carrie-Anne Moss, Joe Pantoliano, Mark Boone Junior 

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