Hasta el viento tiene miedo

Revisando el terror clásico

Por @kurenai_alex

La llegada del mes brinda una oportunidad a los fanáticos de los filmes de terror (como yo) para asistir a la presentación de nuevos productos que buscan aterrorizar al público; aunque en muy pocas ocasiones lo consiguen, este mes brinda también un excelente pretexto para revisar nuevamente a los clásicos: películas que se quedan en la memoria del público por su calidad técnica y argumental. Así que eso haremos, en este texto redescubriremos a Carlos Enrique Taboada, un director que decidió que en México también era posible crear terror.

En una noche de fuerte ventisca el sueño de Claudia se ve perturbado por una siniestra voz que clama su nombre. Al despertar, una figura tenebrosa y fantasmal pende del techo sin dejar de pronunciar con su voz de ultratumba «Claudia, Claudia». Horrorizada ante la aparición la chica deja escapar un grito de terror para después desvanecerse. 

A partir de ese momento, Claudia comienza a experimentar el acoso de la tenebrosa aparición, quien en sueños le muestra una misteriosa buhardilla, que al parecer, se encuentra en la escuela, en donde Claudia vive rodeada por sus compañeras y maestras. En busca de resolver el misterio, la chica y sus amigas deciden entrar al torreón situado en el patio. Pero antes de poder comprobar algo, son descubiertas por la profesora Lucía. Ésta, a pesar de ser siempre comprensiva con sus alumnas, se ve obligada a reportarlas con la señorita Bernarda, la muy estricta directora del plantel, quien decide que como castigo, las chicas deberán permanecer enclaustradas en el colegio durante los diez días de vacaciones. 

La profesora Lucía se opone a la decisión, pues no quiere que «se repita la tragedia». Pero la directora, que no cree en supersticiones, no está dispuesta a que se quebranten las reglas de su prestigioso colegio, menos aun que se ponga en duda su autoridad. Al final, las chicas se ven obligadas a quedarse junto con la directora, la profesora Lucía y el jardinero. Pero ellas no saben que hay alguien, o algo más, que no podrá descansar hasta ver consumada su venganza…

Alicia Bonet en Hasta el viento tiene miedo (Carlos Taboada, 1968)

Así comienza Hasta el viento tiene miedo, película de culto del cine de terror en México, escrita y dirigida por Carlos Enrique Taboada, quien además le regaló a la historia de la cinematografía otras obras trascendentales como Veneno para las hadas. 

Producida en el año de 1968, logró captar la atención del público y se transformó pronto en un filme popular. Tal como en El libro de piedra, Taboada utiliza en esta película una técnica eficiente para provocar más de un susto a lo largo de sus 90 minutos de duración: la sugestión. Este método, que quizá servía para compensar la escases de recursos técnicos que permitieran mostrar fantasmas convincentes, fue precisamente el que posicionó al director como un genio en el ámbito del terror, género poco explotado en México hasta ese momento, en el que demostró que no siempre son necesarios grandes efectos especiales para mantener cautivos a los seguidores de los filmes de fantasmas.   

Por otra parte, el director recurría a los clichés de las historias urbanas para crear sus guiones y los llevaba a la pantalla de forma magistral para su época. El cuento del espíritu que vaga en los colegios buscando concluir lo que no pudo completar en vida, es uno de los argumentos más socorridos de las cintas de terror y del folclor popular.  Sin embargo, pese a la gran cantidad de filmes con esta temática son muy pocos los que se salen de los estándares y logran darle una esencia real al ente malévolo que ronda en los pasillos, hasta volverlo tan creíble que tenemos que girar la cabeza de vez en cuando para garantizar que no esté detrás de nosotros. Taboada lo logró. 

Norma Lazareno en Hasta el viento tiene miedo (Carlos Taboada, 1968)

A través de la mezcla de sonido, la oscura iluminación, el enfoque de figuras misteriosas y los encuadres pertinentes a los escenarios fantasmagóricos, que se encargan de conducir el hilo del misterio, este director manifestó una técnica cinematográfica bastante convincente para su tiempo. 

El impacto de los trabajos de este director es tan apreciado que en 2007, Gustavo Moheno decidió recrear la historia de Taboada acoplándola a la nueva época. Para ello se valió de la ayuda de Mario P. Székely, Ángel Pulido y Alfonso Romero, para crear un guión nuevo a partir del original del 68. Las circunstancias eran prácticamente las mismas: un colegio, un fantasma vengativo, un grupo de chicas, etcétera. Mas, los guionistas consideraron que no era suficiente para que el filme fuese exitoso, y añadieron una serie de factores para volverlo más atractivo, convirtiendo la inocente historia del colegio de señoritas, en un filme de mujeres perturbadas y atrevidas que se encuentran internadas por tener problemas de anorexia, drogadicción o tendencias suicidas. 

Hasta el viento tiene miedo (Carlos Taboada, 1968)

Y por si todo esto no funcionaba agregaron un punto extra: el triángulo amoroso lésbico entre el fantasma, la psicóloga y la directora del internado. Todo ello con la participación de Martha Higareda, figura clave del nuevo cine mexicano, popular por su interpretación en cintas como Amarte duele (2002) y Niñas mal (2007), y Verónica Langer, actriz consolidada en cine y la televisión desde los años 90.

Aunque el triángulo lésbico era sin duda un giro interesante para la historia original, se enfocaron tanto en las escenas lésbicas y los conflictos emocionales de las chicas del colegio, que la historia del fantasma quedó de lado, y la película daba la impresión de ser más morbosa que terrorífica. No niego que existan remakes sorprendentes, que no sólo capturan la naturaleza de las cintas originales; sino que incluso le aportan a éstas elementos que las transforman en un nuevo material que adquiere valor por sí mismo. Pero tampoco puedo negar que la inocente historia de Taboada resultaba mucho más espeluznante que la versión de Moheno. Sin embargo, eso sólo usted, como público, lo puede decidir.    

Título: Hasta el viento tiene miedo; Director: Carlos Enrique Taboada; Guión: Carlos Enrique Taboada; Música: Raúl Lavista, Galdino Samperio, Eduardo Arjona; Reparto: Marga López, Maricruz Olivier, Alicia Bonet, Norma Lazareno, Renata Seydel, Elizabeth Dupeyrón, Rita Sabre Marroquín, Irma Castillón, Pamela Susana Hall; Año: 1968; Duración: 90 min

Doppelgänger

«Se cree que cuando ves a tu doble es que estás a punto de morir»

Por kurenai_alex

Existe una leyenda que cuenta que cuando ves a tu doble es que la muerte te acecha, pero, ¿qué pasaría si ni tú mismo sabes si el doble eres tú? 

Los fenómenos sobrenaturales, en los que se ven involucrados fantasmas, almas en pena o aparecidos, son uno de los temas favoritos de la literatura y el cine de terror. Pero claro, existen otro tipo de historias, aquellas en las que el protagonista no tiene forma de vencer el peligro que lo aqueja, porque el horror proviene de sí mismo. 

En el año 1886, Robert Louis Stevenson, escritor escocés, dio vida a una siniestra historia de suspenso, que con el paso de los años sería adaptada en más de una ocasión para su versión cinematográfica: El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde.  La historia es tan popular que hasta Silvestre y Piolín le dedicaron un capítulo en su serie, pero eso no es lo importante.  El caso es que la idea de mostrar el monstruo que vive en el interior de cada ser humano se convirtió en una nueva fuente de inspiración para los cineastas.  

Cintas como Psicosis de Alfred Hitchcock, A tale of Two Sisters de Kim Ji-woon, o Hide and Seek de John Polson, han retomado esta idea y han creado películas que te hacen sospechar hasta de tu sombra y ver con terror el espejo. En el año 2003, Kiyoshi Kurosawa, maestro del terror, creó una cinta bajo la misma temática, que rompía todos los esquemas planteados hasta el momento: Doppelgänger

Kôji Yakusho en Dopperugengâ de Kiyoshi Kurosawa, 2003

Protagonizada por su actor fetiche, Kôji Yakusho, Doppelgänger cuenta la historia de Michio Hayasaki, un científico con una mente capaz de crear cualquier cosa. Gracias a sus inventos revolucionarios, la compañía en la que trabaja se encuentra entre las mejores a nivel mundial, por ello le dan libertad al hombre para desarrollar sus arriesgados inventos. El último de éstos es una silla que sirve para ayudar a los discapacitados a realizar sus tareas cotidianas, supliendo sus músculos atrofiados con los instrumentos incluidos en la silla, al conectar directamente al cerebro con los receptores nerviosos de todo el cuerpo. 

Sin embargo, los niveles de estrés acumulados por el trabajo le impiden a Michio completar su tarea. Es gracias a este mismo estrés que la personalidad de Michio termina dividida en dos partes, su parte buena/reservada y su parte mala/atrevida, quien aparece para sacar a la primera de su estancamiento, sin importar que obstáculos tenga que eliminar en el proceso.

Kôji Yakusho en Dopperugengâ de Kiyoshi Kurosawa, 2003

Esta maravillosa creación de Kurosawa plantea desde todas las perspectivas existentes la múltiple naturaleza del ser humano, y tal como la novela de Stevenson, demuestra que muchas veces la parte que nos esforzamos por ocultar es mucho más real o consistente que la fachada que utilizamos para presentarnos al mundo, y en ocasiones sus intenciones son mucho menos siniestras que las que planteamos. Temas como la moral, los deseos ocultos, las frustraciones reprimidas, y la falta de conocimiento del yo destacan en la película al mezclarse con una excelente trama de suspenso. 

La cinta muestra una serie de giros inesperados que la transforman en una obra de arte del cine de suspenso, los personajes cambian y se acoplan a la maraña de confusión que surge, haciendo que nos preguntemos quién es el malo de la historia, mejor aún, si de verdad existe un malo en la historia. 

¡Y de las actuaciones ni hablar! Kôji Yakusho representa tan bien a las dos partes de su personaje, que deja claro porqué es el favorito del director para caracterizar a sus protagonistas. Tiene una capacidad desmedida para cambiar de estado en un segundo, arrastrándote a las entrañas de las pasiones más oscuras, y como siempre, ninguno de los personajes que interpreta son iguales. Todos cuentan con una personalidad distinta que sólo él, con sus décadas de experiencia en el cine, podría aportarles. 

Además de las actuaciones, Kurosawa, como de costumbre, no tiene reparo en mostrar escenas sangrientas aquí y allá, pero todas ellas justificadas y estéticas, sin halo de morbosidad insana. Su técnica cinematográfica vuelve a ser impecable como en trabajos anteriores en los que la fotografía y la música se unen para dar vida a un impenetrable universo de misterio.

Así que si estás buscando una cinta de suspenso, entretenida, diferente y que para variar te ponga a pensar un poco, no te puedes perder Doppelgänger de Kiyoshi Kurosawa. Créeme no te arrepentirás. 

Midsommar

Terror a la luz del día

Por @kurenai_alex

Definir propiamente al género de terror es una tarea compleja, sobre todo en la actualidad, momento en que los componentes cinematográficos se mezclan para adaptarse a las exigencias de los públicos. Así podemos encontrar historias de asesinos, enredos psicológicos, fantasmas siniestros, posesiones infernales, y un sin fin más de temáticas que se adhieren como parte del género, y que al mismo tiempo mezclan el drama, el thriller e incluso la comedia. Sin embargo son muy pocas las películas que logran consolidar una historia bien estructurada que no apele al clásico susto de sonido para impresionar al espectador, mantenerlo tenso y finalmente otorgarle lo que quiere: ser asustado.

Jack Reynor y Florence Pugh, Midsommar, Ari Aster, 2019

En algunas ocasiones, los directores realmente logran esa finalidad otorgando trabajos de calidad que generan una revolución en el género y aportan nuevas perspectivas de visualizarlo. Mas, casi por regla general, una vez que un contenido demuestra ser aceptado por el público comienza a ser explotado sin cesar hasta terminar por desgastarse, pues los momentos de susto se vuelven predecibles, reiterativos y cansados. Como muestras se encuentra por ejemplo Ringu (Hideo Nakata, 1998), película que sorprendió y aterrorizó al público gracias a su mezcla de elementos espirituales y tecnológicos como parte del argumento. Pero al ver que era una película eficaz, los productores no demoraron en hacer remakes, secuelas, y un montón de filmes tan similares, que el fantasma de cabellos largos y bata blanca terminó por aparecer hasta en las cajas de cereales.

El mismo fenómeno se desató con otras películas como Paranormal Activity (Oren Peli, 2009); Sinester, (Scott Derrickson, 2012) o The Conjuring (James Han, 2013). Cintas muy bien realizadas, que verdaderamente generaban miedo pero terminaron por convertirse en sagas eternas con universos alternos, spin off, secuelas y precuelas.

Con estos antecedentes ya comienza a resultar peligroso sorprenderse con una nueva película que genere terror; pues sabemos que casi de manera automática se transformará en una franquicia interminable que al final dará más risa que miedo. Debido a esta mal sana predisposición, si bien la llegada de Midsommar de Ari Aster me generó expectativa, ésta vino acompañada de miedo: ¿y si la nueva película era igual a la anterior?, ¿qué tal si al final resultaba no ser impresionante? Después de la salida de Hereditary, en 2018, Ari Aster ganó mucha popularidad, pero como dice el tío Ben de Spiderman: «un gran poder conlleva una gran responsabilidad», y la suya era entregar un trabajo tan bueno como el anterior o superior a él.

Midsommar, Ari Aster, 2019

En este caso, el director decidió tomar como primicia de su argumento la historia de una joven depresiva y dramática, Dani, quien después de una tragedia familiar decide ir de viaje con su novio Christian, y los amigos de éste, para festejar el equinoccio de verano en Suecia, en una comunidad apartada del resto de la población, que cuenta con costumbres bastante particulares.

Desde luego el tema de las sectas no es nuevo, existen cientos de ficciones y documentales que han utilizado el tema como punto de partida. Sin embargo la manera en que Aster lo retrata realmente supera por mucho a sus antecesoras. No sólo dejó de lado todos los sustos clásicos para concentrarse en guiarnos lentamente hacia un punto sin retorno; sino que además se dio el lujo de cambiar por completo la paleta de color a la que nos tienen acostumbradas las películas de terror o suspenso.

Toda la historia se desarrolla en medio de un ambiente pulcro de verdes, azules y amarillos intensos. En contraste, la ropa de los personajes, blanca e inmaculada desafía la idea de la oscuridad como factor de maldad. Existen algunos desperfectos técnicos en la película, como las hierbas demasiado digitales que crecen en las manos de la protagonista, o algunos cadáveres que no corresponden con el vivo original. Pero también cuenta con muchos aciertos técnicos que superan las imperfecciones, pues con la construcción de cuerpos orgánicos, e incendios reales se le otorgó viveza y realismo a la historia, situación fundamental para un argumento como este.

William Jackson Harper, Will Poulter, Florence Pugh, Jack Reynor, Midsommar, Ari Aster, 2019

Resulta interesante ver la representación de rituales asociados al enamoramiento, que parecen muy propios de las culturas donde predomina el pensamiento mágico religioso visualizados en el entorno de la cultura europea. Factores como el uso de números cabalísticos, sacrificios, danzas y comidas rituales, contribuyen también a la formación del ambiente de esta película, que cuenta con un diseño de producción impecable, runas, dibujos, grabados, hacen parte del decorado en todos los espacios cerrados. Lejos queda la necesidad de la casa siniestra y avejentada, porque en esta historia, las situaciones inquietantes no obedecen a la norma.

Desde luego si somos exigentes y negativos podemos decir que como en otras películas de viajes que terminan mal, los personajes cliché son identificables, pero en este caso cada uno de ellos encierra sorpresas y tratamientos que no suelen formar parte de los universos del género de terror. Aunque ya todos sabemos que en estas historias sólo habrá un sobreviviente (o menos que eso), ese término queda rebasado, pues en este caso no se trata de «supervivencia»; sino de adaptación.

Midsommar no se parece en absoluto a su antecesora, pertenece al mismo género pero crea una nueva forma de representar el terror: lo resignifica. No necesitó sonidos estridentes, espacios oscuros y cerrados, un fantasma de bata blanca, ni un asesino malvado. Porque no existe algo más terrorífico que la naturalidad frente al terror.

Ari Aster continúa apelando a la paciencia e inteligencia del espectador al construir otra historia en la que la suma de detalles conduce a una conclusión necesaria. Ninguna de las escenas fue metida a la fuerza, todas forman parte de un pequeño engranaje, son como gotitas de agua que se vierten sobre un vaso que termina por derramarse.

Las actuaciones son creíbles, sofocantes e inquietantes, hasta los extras, que cambian constantemente, se adaptaron perfectamente a las exigencias del argumento. Sin embargo lo más destacable es el diseño de producción y la mezcla de sonido.

Sólo existe una misteriosa situación que no he podido resolver, ¿porqué el trailer cuenta con escenas que no se ven en la película?, ¿habrá una versión del director cuando se lance en formato casero?, ¿fue censurada o editada de formas distintas para diferentes países? Existen dos escenas que nunca aparecieron en pantalla: una persona levitando, y el momento en que Dani decide escapar.

Tendré que esperar a que se estrene la versión casera para responder esas preguntas. Por el momento puedo decir que Midsommar es una excelente película que genera inquietud y desasosiego, que rompe los esquemas generales del terror creando una nueva forma de concebirlo.

Pd. Aunque yo siempre preferiré las de fantasmas.

Crazy Eights

Las malas también entretienen

Por @kurenai_alex

En años recientes la producción de películas de terror ha crecido exponencialmente. Sin embargo, con su explotación, los guiones, argumentos y actores se han ido deteriorando hasta dar paso a una mezcla tan extraña que muchas veces ya no sabemos si lo que vemos es comedia o terror. Desde luego este fenómeno no es privativo del género. Basta con echarle un vistazo a una de las últimas sagas de vampiros estrenada en cines para comprobar que dentro de la industria cinematográfica está ocurriendo un fenómeno extraño, en el que lejos quedan las poéticas escenas que nos otorgaron personajes del mundo del cine como Fritz Lang, Fedérico Fellini, Andrei Tarkovsky o Akira Kurosawa.

Pero ello no significa que todas las películas sean malas o que el buen cine esté desapareciendo. Simplemente que la industria está evolucionando de acuerdo a su contexto.  Mas con todo y sus defectos de producción, diseño, estructura, etcétera, estas películas no dejan de consumirse y de acrecentar los millones de dólares que percibe la industria, sobre todo si hablamos de cine hollywoodense. Después de todo y aunque le pese a muchos puristas que consideran que el cine debe ser arte y nada más, éste no deja de ser una gran empresa, y como tal, busca generar dinero, y si con ello hay que sacrificar un poco la estética o la lógica, para mostrar en pantallas una serie de imágenes que atrapen al público, definitivamente lo hará.

Ya podrán quejarse Jean Louis Comolli u otros, sobre la creación del cine que adormece al espectador, y no por ello desaparecerá. Por otra parte, cada cinta, sin importar qué tan absurda resulte para algunos es al final entretenimiento para otros. En términos prácticos: las malas también entretienen. Tal es el caso de Crazy Eights, y es que si hay una película que tenga material para criticar y reír a carcajadas es esta producción de James Koya.

La historia va así: después de 20 años, seis amigos se reencuentran, pero no para charlar y recordar; sino para el funeral de un séptimo, que misteriosamente ha dejado en su casa instrucciones precisas para llegar a la cápsula del tiempo que escondieron juntos cuando eran niños. Siguiendo los clichés clásicos todos deciden ir al lugar de sus pesadillas: una siniestra clínica en la que experimentaban con ellos en su infancia, sólo para recuperar la dichosa cápsula. Pero ahí el terror los aguarda.

Esta película, producida en 2006, cuenta con las actuaciones de Traci Lords (popular actriz porno del 84 al 86), Frank Whaley, Dina Meyer, Gabrielle Anwar, George Newbern, Dan DeLuca, Karen Berris, Michael Gabel, Joe Hansard y Jason King, y además cuenta también con todos y cada uno de los clichés de películas de terror. El carro que se descompone a la mitad del bosque; el fantasma del vestido blanco que por cierto, en un inicio, es el de una niña de siete u ocho años y al finalizar la película el de una mujer de 30 o 40; muertes sin sentido y lo mejor de todo ¡sangre que parece salsa de tomate! 

A cada paso la trama se vuelve más enredada, tanto que al final ya no sabes quién es el malo o si en realidad hubo un malo. Los errores de continuidad son más evidentes que los fraudes políticos, y cada nueva situación a la que se enfrentan los personajes es más inverosímil que la anterior. Esta es definitivamente, una película que no puede dejar pasar si busca convertirse en un crítico experto en buscar errores en los filmes, desde los movimientos de cámara hasta las actuaciones le dejaran una grata experiencia, puesto que cada elemento es digno de ser criticado y corregido. 

Claro que si usted es más bien del tipo que piensa que sólo hay que ver “buen cine”, primero comience por definir qué es “buen cine” y segundo no pierda su tiempo en esta cinta. Para finalizar basta decir que para poder reconocer entre una producción cinematográfica de calidad hay que tener bases de comparación de lo contrario los argumentos críticos pierden legitimidad. Y créame, sin importar qué sea lo que se vea, siempre aprenderá algo nuevo, en este caso, por lo menos aprenderá qué no se debe hacer en una película de terror.    

Noroi

Una película de terror que sí asusta

Por @kurenai_alex

«Los nombres de personas y organizaciones en esta película han sido parcialmente cambiados. Este video se considera perturbador para el espectador […] En 2004 Kobayashi realizó su último trabajo documental: The curse. Después de eso, el 12 de abril la casa de Kobayashi se incendió. Su esposa Keiko fue encontrada entre los escombros; sin embargo Kobayashi fue declarado desaparecido. Se desvaneció misteriosamente…»

Así es como empieza Noroi: The curse, de  Kôji Shiraishi, director japonés que ha incursionado en el género de terror creando películas de todos los estilos de esta categoría. Shiraishi nació en Fukuoka en el año de 1973. Su carrera comenzó como asistente de director para películas como:  Mizu no naka no hachigatsu  (Agosto en medio de la lluvia), de Gakuryū Ishii en 1995, y Waterboy de Shinobu Yaguchi en 2001. 

Desde el principio el trabajo de Shiraishi se vio influenciado por directores como John Carpenter, Brian De Palma, Abbas Kiarostami y Sam Raimi.   Partiendo de estos antecedentes él creó su propio estilo de cine, que se caracteriza primordialmente por combinar las cintas serie B con las clásicas historias de terror japonés y sus fantasmas surgidos de leyendas urbanas. Entre las cintas más importantes del director se encuentran: Ju-rei: The Uncanny en 2004, secuela de la famosa Ju-on mejor conocida como La maldición, y Carved en 2007, cinta que narra la leyenda del fantasma de una mujer que aterroriza un pequeño poblado en busca de venganza luego de haber sido desfigurada en vida. 

Marika Matsumoto en Noroi, 2005

Sin embargo, la película con la que Shiraishi logró condensar el terror y su fascinación por el género no es otra que Noroi: The curse, filmada en 2005. Utilizando el formato de falso documental, empleado en cintas como The Blair Witch Project (Daniel Myrick & Eduardo Sánchez, 1994), Noroi  cuenta la historia de Masafumi Kobayashi, un hombre que se dedica a investigar acontecimientos paranormales. 

Kobayashi es famoso por haber escrito libros acerca del tema y resuelto casos que van desde casa embrujadas hasta masacres familiares. Su técnica consiste en grabarlo todo para poder analizar detenidamente cada suceso sin que se le escape el menor detalle.  Un día Kobayashi es llamado por una mujer que asegura escuchar llanto de bebés provenientes de la casa de su vecina. El periodista asiste de inmediato al llamado pensando que es un caso común como a los que está acostumbrado en su profesión. 

Luego de realizar una ardua investigación, descubre que el asunto es mucho más problemático de lo que imaginaba puesto que éste comienza a ligarse de forma inexorable con otros sucesos de índole más compleja, que atrapan a Kobayashi en una telaraña de suspenso, intriga y situaciones que escapan de su comprensión y control.  

Pese a ser considerada demasiado larga para pertenecer al clásico cine de terror, la película se desarrolla de forma fluida y amena. La fórmula de Shiraishi fue utilizar una serie de fragmentos inconexos durante la primera parte de la película consiguiendo con ello descontextualizar al público para introducirlo después lentamente a la trama en la que cada escena y cada detalle cobra importancia. 

Marika Matsumoto y Jin Muraki en Noroi, 2005

Tras su estreno las críticas hacia la película y el formato se polarizaron. Si bien la cinta cumplía perfectamente con los estándares de J-Horror, género de ficción aportado por los japoneses y caracterizado por el uso de fantasmas y terror psicológico, se creía que la trama era demasiado complicada y por ello resultaba difícil de seguir. Sin embargo el público la aceptó. 

A diferencia de trabajos posteriores, como Carved (2007) o Grotesque (2009), en los que la historia parece forzada como pretexto para mostrar escenas de tipo gore, Shiraishi realizó en Noroi una película con diversos hilos narrativos que se conjuntan en una idea principal, y que lentamente se asocian entre sí envolviendo al público en la trama de la historia y obligándolo a mantener la atención en la pantalla durante los 115 minutos que dura la cinta. 

Como en todas las películas de J-Horror, los momentos en los que aparecerán las escenas de terror suelen ser predecibles. Sin embargo están tan bien trabajados que superan las expectativas, y generan una verdadera impresión que te hace saltar en el asiento, o por lo menos mirar hacia atrás para garantizar que estás solo.

Trailer de Noroi, 2005

Otro punto a favor de la película es que a pesar de que se grabó a modo de falso documental, los movimientos de cámara no resultan fatigosos como en el caso de otras cintas que han empleado la misma técnica. Por el contrario, las escenas son fáciles de seguir y no recurren a los clásicos encuadres desenfocados diseñadas para estresar al público.     

Para complementar el formato de falso documental y otorgarle realismo, Shiraishi consolidó un universo formado por falso material de archivo, grabaciones de programas televisivos al estilo japonés y una espléndida mezcla de sonidos aterradores y delirantes. Sin embargo, nunca descuidó el uso del lenguaje cinematográfico que logra que la película cuente con un ritmo fluido que no permite jamás que el espectador se aburra, pues nada de lo que se muestra en pantalla fue puesto ahí de manera improvisada.

Con un trabajo de producción tan plausible sólo las actuaciones podrían echar a perder este trabajo; mas no fue así. Todo el elenco mostró un exquisito trabajo actoral que al final hace que uno se pregunte si de verdad acaba de ver una película o un documental.

Sin duda alguna Noroi es una de las mejores películas de terror que existen en los anales del cine japonés, y me atrevo a decir en el cine mundial porque para variar logra asustar, y aunque sí recurre en un par de ocasiones al sonido como vía para hacer saltar al público, decide apostar también por la construcción de una trama paulatina en lugar de lanzar al fantasma directo a cámaras, o de finalizar abruptamente la película.

Debo confesar que después de ver esta película corrí al puesto de mi pirata de confianza (debido a que no se conseguían de forma legal en México) y compré TODO lo que encontré de Shiraishi para felicidad de mi proveedor. Al terminar de ver sus películas, descubrí que Noroi es su mejor trabajo, pues las otras contienen demasiados clichés, huecos argumentales, además de situaciones risibles.

Link a la película completa

Título Original: Noroi; Director: Kôji Shiraishi; Guión: Kôji Shiraishi, Naoyuki Yokota; Fotografía: Shozo Morishita; Reparto: Jin Muraki, Rio Kanno, Tomono Kuga, Maria Takagi; Año: 2005; País: Japón; Duración: 115 min.

IT

Una película bonita

Por @kurenai_alex

Llega el fin del ciclo escolar, el verano anuncia un sin fin de aventuras, casas embrujadas, misterios por resolver, romances inconclusos, todo acompañado de tu grupo de amigos, esos que están ahí cuando el abusón de la escuela trata de sobrepasarse, las chicas populares te ponen apodos y nadie más quiere firmar tu anuario. 

Fotograma, It, 2017

Visto así suena a argumento de película romántica para adolescentes, sorpresivamente no lo es. Nos encontramos frente a frente con una de las películas más bonitas del 2017. Sí, no hay otra palabra para definir a esta nueva adaptación de It, de Stephen King. 

En el año 1990 el director estadounidense Lawrence D. Cohen llevó a las pantallas la primera adaptación de It, novela del famoso «maestro del terror», como lo apodan algunos. La película marcó a generaciones completas de niños que tuvieron oportunidad de verla a lo largo de esa década. La idea de un ente siniestro capaz de transformarse en aquello que más nos aterra, y que a falta de forma material se caracterizaba a sí mismo como un payaso, causó sensación y terror. La mini serie tuvo un éxito brutal y creó, además, a uno de los personajes icónicos de la historia cinematográfica pese a ser un producto destinado a su transmisión televisiva. 

Fotograma, It, 1990

La caracterización de aquel primer Pennywise  quedó grabada en la memoria de miles de niños que no podían olvidar el contraste entre los colores brillantes de su traje, la extraña forma de su cráneo superior al promedio y su misteriosa actitud que lograba poner nervioso a cualquiera. Con ello como precedente, y en esta época de remakes y guiones calca, Warner Brothers, con su división en New Line Cinema, decidió apostar otra vez por la nostalgia del espectador y brindarle una nueva versión de la emblemática cinta. 

Con Andrés Muschietti como director y  guión de Chase Palmer, Cary Fukunaga, y Gary Dauberman, en 2017 se presentó It a nivel mundial. Las expectativas del público eran sumamente altas sobre todo después de la tremenda campaña de marketing, que logró generar interés incluso en aquellos que no conocían la primera versión adaptada de la historia. La campaña de expectativa inició casi en 2009 cuando los rumores de una nueva adaptación de la novela empezaron a ser filtrados. 

Como resultado de la promoción, la recaudación superó las expectativas. Y misteriosamente ha sido favorecida tanto por la crítica como por el propio Stephen King. 

Imagen promocional de It chapter 2, 2019

El argumento es de sobra conocido: en un pequeño pueblo se desatan una serie de desapariciones de niños. Nadie sabe que está pasando y la mejor solución que se les ocurre es poner un toque de queda para los infantes, hasta que un grupo de pequeños adolescentes, que distan mucho de ser los populares de la escuela, comienza a ser acechado por misteriosos acontecimientos inexplicables. Entonces deciden que es momento de tomar la situación en sus manos y averiguar qué es lo que está pasando realmente en el pueblo. 

Este filme es una adaptación bastante fiel a la novela. Aunque con la finalidad de lograr esa fidelidad, la introducción resulta un tanto larga, lo mismo que la película que con sus 135 minutos de duración supera el promedio destinado a los filmes del género de terror. Lo cierto es que esta adaptación dista mucho de apegarse a los criterios generales del terror como lo conocemos. En realidad apela mucho más a las construcciones clásicas, aquellas producciones que preferían por introducir al espectador en una atmósfera apremiante de manera lenta utilizando largas secuencias de construcción para darle forma y vida tanto a los personajes como a la historia. 

Aunado a ello recurre en más de una ocasión a hacer una interesante mezcla de música, así lo que al inicio parece ser parte del mundo extradiegético de la película se transforma de forma gradual en elemento diegético, logrando sumergir al espectador en distintos niveles de profundidad fílmica. 

Fotograma de It, 2017

Pese a todas las características positivas, el personaje de Pennywise se quedó un poco corto en su construcción, pues no alcanzó a desarrollar ese dejo de siniestro misterio tan característico de su antecesor. Asimismo la historia deja algunos vacíos argumentales bastante profundos, sobre todo al final en donde las explicaciones quedan veladas. Aunque ello quizá se justifique en la segunda parte de la saga, porque como era de esperarse resultaba imposible adaptar el libro en una sola entrega, sobre todo siguiendo la línea por la que optaron los guionistas, que es el desarrollo pleno de la psique de cada personaje para conseguir la identificación del público con los protagonistas. Sin contar con que es mucho más redituable crear dos películas. 

Este año se presentó finalmente el inmensamente largo trailer de la segunda entrega de It, el cual luce bastante más terrorífico que la primera parte de la película. Y esta semana llega finalmente a salas la película completa. Sólo tendremos que esperar y rogar para que esta nueva versión cumpla con las expectativas y para poder juzgar plenamente el desarrollo del producto final. 

Decepción es Lo que vino con el diablo

Along Came With The Devil

Por @kurenai_alex

Como fanática del cine de terror soy un blanco fácil de la publicidad que promociona estas películas; sobre todo si es a través de un trailer. Desde luego mi susceptibilidad se incrementa si además de presentar escenas de sustos inminentes aparece la leyenda «basada en hechos reales». No es extraño entonces que haya sido víctima de más de un fiasco cinematográfico.

En días recientes se presentó una película cuyo trailer contaba con todas las características de lo que llamo «una película que yo vería»: Along came with the Devil del director Jason DeVan. Desde luego esta no es una producción reciente, fue realizada en el año 2017, y sólo hasta el día de hoy que aparece en salas mexicanas distribuida por Cinemex.

Along came with the Devil narra la clásica historia de una sufridora adolescente con traumas infantiles que no ha podido superar la muerte de su madre. Tras la partida de su hermana a la universidad su tía decide adoptarla y llevarla así de vuelta a su pueblo de origen, en donde comienza a ser acecha por un ente siniestro que busca… bueno, realmente no sabemos que busca porque en los 89 minutos que dura la película nunca se decidieron a explicarnos si existía una motivación para que el demonio la acechara o sólo iba pasando por ahí y le pareció buena idea.

Fotograma de Along Came with the Devil

De principio a fin la producción está bastante cuidada. No hay errores de continuidad, las luces están bien distribuidas, el maquillaje nada despreciable y el demonio tan bien hecho que uno hasta empieza a creer que la película puede ofrecer algo; sin contar que incluye además escenas muy bien rodadas en lugares incómodos como el bosque, o tomas aéreas que dejan ver que incluso en un pueblo tranquilo y cotidiano pueden ocurrir los fenómenos menos esperados.

Fotograma de Along Came with the Devil

Por desgracia esos son todos los aciertos de la película, en la que podemos ver tantos huecos argumentales como baches en la carretera libre México-Puebla. Inicia con un extenso discurso en letras blancas que casi podría rezar «en una galaxia muy muy lejana», pero que no aporta nada a la trama, por el contrario elimina la capacidad del público de enarbolar sus propias hipótesis iniciales.

A continuación nos muestran una escena de maltrato infantil de la protagonista y en un salto inmediato somos transportados a la clásica película de adolescentes con «fogatas, juegos y todos esos malentendidos románticos» clásicos de todas esas películas que parecen folletines amorosos.

Claro que desde el inicio hay una o dos sombras del mal, y los típicos ruidos que te indican que sigues viendo una cinta de terror y no la última de Justin Tinberlake y Mila Kunis, pero nunca logra que de verdad se sienta la asfixia del fantasmal acoso o los momentos de tensión en los que uno sabe que debe saltar. A los cuarenta minutos de metraje uno de verdad comienza a preguntarse dónde está el exorcismo «como nunca se había visto antes» anunciado en el trailer.

Fotograma de Along Came with the Devil

Y cuando uno comienza a creer que algo se aproxima… ¡bam! aparecen los créditos finales en los que el nepotismo cinematográfico se puede ver en su máximo esplendor. No sólo es una producción de DeVan Clan, haciendo honor a ese nombre el apellido de la familia aparece en casi todos los espacios involucrados en la creación del filme.

A todas estas quejas debo agregar, además, las constantes, incesantes y repetitivas referencias a El exorcista (William Friedkin, 1973): diálogos, maquillaje, nombres y hasta la mención explícita de la película son parte de esta descarada muestra de fanatismo mal encaminado.

Tal como supusiera mi acompañante a la película, la idea de DeVan es crear una trilogía, por lo cual esta película no es más que el inicio de una historia que no aporta nada nuevo al género ni técnica ni argumentalmente.

Fotograma de Along Came with the Devil

Otro fenómeno que vale la pena destacar es la incorporación de la religión dentro de los filmes de este tipo. La últimas películas de terror que he visto, incluida esta, parecen más propaganda religiosa de esa que dice «si te portas mal te vas al infierno», «las señoritas visten de forma decente» o «sólo la fe en Dios te puede salvar». No importa el país del que provengan, simplemente que la idea de la religión como único camino de redención se encuentra tan evidente que no sé si estoy viendo la película en cuestión o la versión fílmica de la revista El Atalaya., Tampoco he logrado averiguar si están siendo producidas por personas religiosa, o sólo creen que es así como debe de ser un filme de terror. Claro que los elementos religiosos son una materia prima para la creación de argumentos, pero ya podría ser menos descarada la promoción.

Mientras logro averiguar qué es lo que ocurre, creo que en algún punto será necesario que deje de lado la ingenuidad de fanática del terror, en especial de los fenómenos paranormales, y comience a invertir el dinero de mi boleto en algo mucho más productivo.

Fotograma de Along Came with the Devil

Por el momento la película de DeVan continúa en cartelera, y yo sólo recomendaría verla con la finalidad de que Cinemex siga programando películas de terror, a la espera de que alguna logre realmente el cometido por el que fue creada al pertenecer a este género: asustar para variar.

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