Los confines

Cine estudiantil independiente

Por @kurenai_alex

«Ya lo único que le quedaba para cuidar era la vida, y ésta la conservaría a como diera lugar. No podía dejar que lo mataran. No podía. Mucho menos ahora. Pero para eso lo habían traído de allá, de Palo de Venado. No necesitaron amarrarlo para que los siguiera. Él anduvo solo, únicamente maniatado por el miedo. Ellos se dieron cuenta de que no podía correr con aquel cuerpo viejo, con aquellas piernas flacas como sicuas secas, acalambradas por el miedo de morir. Porque a eso iba. A morir. Se lo dijeron.» Diles que no me maten, Juan Rulfo

Basada en Diles que no me maten, Talpa y un fragmento de Pedro Páramo de Juan Rulfo, se presentó este jueves 19, en la Cineteca Nacional de México, Los confines, película de 1987 dirigida por el cineasta Mitl Valdez, como parte del ciclo Conversando con nuestros protagonistas, que en esta edición decidió proyectar trabajos de la actriz María Rojo.

La dirección de la conferencia estuvo a cargo del cineasta Juan Antonio de la Riva, quien junto a María Rojo, hizo un recuento de la trascendencia de la película, pues no sólo «refleja la esencia de Rulfo» como declaró el cineasta, sino «también representa esa nueva etapa del cine mexicano: el cine estudiantil», el cual, al igual que el cine de autor independiente, se oponía estética y argumentalmente al cine de ficheras, producido durante esas décadas. Esta película, de acuerdo con Rojo y De la Riva, fue la única reconocida por Rulfo como una adaptación fiel de sus trabajos, e incluso felicitó al director y le otorgó los derechos para realizar otra película basada en sus trabajos.

«Sólo a Rulfo se le cree que los muertos hablan […] Rulfo es el hombre que en una frase nos regala una historia» señaló María Rojo y añadió que Mitl Valdez ha sido el único capaz de transportar los paisajes de Rulfo y lograr que los actores encarnen a sus personajes, mostrando la sensualidad, el misterio, y los sentimientos más entrañables a través de un «ritmo cadencioso» a lo largo de toda la cinta, que permite «reconocer en pantalla nuestra propia forma de ser».

Juan Antonio de la Riva y María Rojo en la presentación de Los confines                     Foto: Manuel Pineda 

Al análisis se sumaron los datos curiosos de la película, que tuvo que ser detenida mientras se filmaba un fragmento de Talpa, debido al escaso presupuesto con el que contaba al ser un proyecto financiado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Asimismo, después de su rodaje tuvieron que pasar cinco años para llevar a cabo su estreno.

Juan Antonio de la Riva y María Rojo en la presentación de Los confines                     Foto: Manuel Pineda 

La película, mezcla de forma consistente tres universos de Rulfo, para llevarnos a experimentar «la culpa», en distintas situaciones. Todos los personajes que presenta Mitl Valdez viven siguiendo sus propios cánones, alejados de los juicios ajenos, pero al mismo tiempo son incapaces de liberarse de los sentimientos de culpabilidad que se ciernen sobre ellos. Y aunque la culpa es, quizá, el hilo conductor de las historias, existe otro sentimiento que se incrusta como cómplice y titiritero de los protagonistas de cada historia: la pasión.

Todos los personajes se dejan arrastrar por la pasión hasta llegar a un punto sin retorno, y tal como ocurre en el libro, después de cada arrebato pasional no les queda más que vivir las consecuencias que desatan dejandose caer al vacío. La culpa se hace presente entonces, ya sea de manera material o fantasmal, pero no abandona jamás ni al asesino, la pareja incestuosa, la esposa y el hermano que cometen adulterio, o el joven que llega a un pueblo en apariencia desierto en busca de un lugar para pasar la noche.

Ernesto Gómez Cruz en Los confines (Mitl Valdez, 1987)

La adaptación es bastante fiel a los textos de Rulfo, pues de manera ingeniosa nos muestra distintos niveles de profundidad, pues las narraciones se construyen a través de recuerdos en los recuerdos, y cuenta además con recursos técnicos muy bien empleados, sobre todo en el aspecto sonoro. Carlos Aguilar fue el encargado de este apartado y logró verdaderamente crear un ambiente de suspenso, al despertar un sentimiento muy cercano al miedo gracias a la mezcla de música incidental y sonidos ambientales.

Por otra parte, los discursos de los personajes son fieles a la obra del escritor, y aquellas escenas descritas perfectamente por Rulfo a través de las palabras, fueron capturadas con imágenes por el lente de Valdez.

Ana Ofelia Murguía y María Rojo en Los confines (Mitl Valdez, 1987)

Los actores son otro punto a favor de este trabajo. Con naturalidad interpretan a esos seres pasionales carcomidos por la culpa y la desesperación de no verse libres de ella. De manera soberbia Ernesto Gómez Cruz encarna a Juvencio Nava, (personaje de Diles que no me maten) sus gestos en pantalla se complementan con el monólogo interior en voz en off, de manera tan magistral que uno no puede menos que pedir que no lo maten.

Esta película es una muestra de calidad, no sólo por la forma de adaptar una obra literaria al lenguaje cinematográfico; sino también por la manera de crear un universo sólido incluso con recursos mínimos. Sin duda un material imperdible que debe ser puesto al alcance del público, y valorado por su riqueza fílmica. Además de demostrar que el cine mexicano tiene calidad técnica y personal con vocación para crear obras audiovisuales.

La víspera

«El cine independiente de los 80 es como decía Maryse Sistach «es un cine de tortas y chaparritas»» Alejandro Pelayo

Por @kurenai_alex

Este 12 de septiembre se presentó, en la Cineteca Nacional de México, La víspera (1982) del director Alejandro Pelayo, como parte del foro Conversando con nuestros protagonistas, que en esta ocasión han contado con la presencia de la actriz María Rojo. Dentro de la presentación, el director y la actriz, quienes colaboraron juntos en este trabajo, narraron las anécdotas que hicieron posible la creación de este filme que es, en palabras de la actriz «una de las mejores películas políticas que se han hecho en México».

Alejandro Pelayo y María Rojo en la presentación de La víspera (1982)

Durante la época que fue filmada la película, el cine se producía mayoritariamente en formato de 35 mm; mas, la ópera prima de Pelayo se grabó en formato de 16 mm a blanco y negro. Debido a la falta de presupuesto para realizar cine de autor en aquella década en la que las películas de ficheras y narcos llenaban las pantallas y televisores. Fue así que Pelayo aceptó la oferta de Federico Weingartshofer, quien tenía algunos rollos de una producción anterior y decidió donarlos para que el proyecto viera la luz.

Pero esta no es la única anécdota curiosa en torno a La víspera. La filmación duró únicamente 12 días, mientras que la construcción del guión se realizó en cuatro años. Asimismo, el director trató de volcar su fascinación por el cine de Fellini incluyendo una interpretación de Stormy weather, melodía utilizada en Le notti di Cabiria de 1957.

Stormy weather, Le notti di Cabiria, 1957, Federico Fellini

Otro dato curioso es que la película, además de contar con un excelente elenco frente a cámaras y otorgarle su primer papel protagónico a Ernesto Gómez Cruz, contó con la participación de un muy joven Alfonso Cuarón, quien tuvo a su cargo la tarea de sostener el boom con el micrófono.

«Cada película responde a su contexto, y esto era lo que se podía hacer en los años 80: era el cine independiente de esos años», declaró Pelayo para referirse a este trabajo que se realizó con un escaso presupuesto, a modo de colectivo y gracias a la participación y la pasión de un gran equipo de producción. De acuerdo con el director de la Cineteca , la forma más precisa para definir al cine independiente de los años 80 en México, es la explicación de la directora Maryse Sistach, quien se refirió a éste como un «cine de tortas y chaparritas», debido al escaso presupuesto con el que contaban los artistas para realizar sus obras y el nulo apoyo gubernamental.

Ernesto Gómez Cruz, La víspera, 1982

La víspera es un trabajo sorprendente por su calidad histriónica, su aprovechamiento de recursos técnicos, la novedad del tema que aborda y la madurez, proximidad y profundidad con la que se presenta, pues narra la historia del ingeniero Manuel Miranda un político, en medio de la transición presidencial, que espera con ansiedad recibir «la llamada, primero del secretario presidencial y después del mismo señor presidente» para comunicarle que ha sido seleccionado para formar parte del nuevo gabinete.

Aunque la interacción entre los actores es obvia y necesaria, muchos de los diálogos se componen como pequeños monólogos, generalmente tomados en big close up, en los que vemos claramente el reflejo de la nostalgia por el pasado, y al mismo tiempo la incertidumbre por el futuro de personajes que continúan anhelando las glorias, y el poder de antaño. Porque si hay un tema preponderante en toda la película es sin duda el ansia de poder.

Por medio de los diálogos se hace un recuento de la historia de la política mexicana, desde Adolfo Ruiz Cortines (presidente de 1952 a 1958) hasta la llegada de los tecnócratas al poder y la entrada del neoliberalismo, que reconfiguró la vida de millones de mexicanos. Existen frases agudas y breves que resumen la visión de los políticos mexicanos: «el problema de los funcionarios mexicanos es la credibilidad». Y otras frases se convierten en máximas: «muchos dicen que la historia se repite. Es mentira. La historia la escribe quien tiene el poder».

Ernesto Gómez Cruz , La víspera, 1982

Y mientras examinamos esa ansia que consume a todos los participantes y allegados al ingeniero Miranda, asistimos también a la formación y transformación de otros personajes, principalmente de Margarita (María Rojo), quien se queda a lado del ingeniero por el puro placer de su compañía, también es la que no desea volver al mundo de la política, y la única que acepta la realidad para dar paso a su propia evolución.

Ana Ofelia Murguía e Ignacio Retes, La víspera, 1982

Realmente es de agradecerse el esfuerzo del director y guionista por presentar una película plagada de diálogos inteligentes que apelen al razonamiento del espectador y no presentar una sátira simple de un tema mil veces tratado, pero pocas veces profundizado, como lo es la política.

A diferencia de otras películas como La sombra del caudillo (Julio Bracho, 1960), la cual sufrió censura y mutilación debido a la manera de exponer a los políticos de su época, La víspera corrió con la fortuna de no ser censurada pues como el mismo director señaló «no hubo censura porque no pasó por los circuitos comerciales», declaró Pelayo, sin embargo, ello impidió que se distribuyera a gran escala y pese a haber ganado cuatro premios Ariel, tuvo que ser distribuida tal como fue producida: de manera independiente.

Vale la pena revisar esta película, analizarla y disfrutarla como cinta, como testimonio audiovisual de la manera de producir cine independiente, y como un retrato de la humanización de la figura de los políticos que en muchas ocasiones terminan por olvidar que sin importar su puesto público continúan siendo personas.

Homenaje en corto

A Ernesto Gómez Cruz

Por@kurenai_alex

Paty chula (1991) de Francisco Murguía, Sístole Diástole (1997) de Carlos Cuarón, La luna de Antonio (2003) de Diana Cardozo e Inaudito (1999) de Agustín Calderón, fueron los cortometrajes seleccionados este lunes 9 de septiembre para rendirle homenaje a uno de los grandes actores del cine mexicano: Ernesto Gómez Cruz.

Jorge Magaña en la presentación del Homenaje a Ernesto Gómez Cruz

La ceremonia fue dirigida por Jorge Magaña, director de Shorts México, programa que como parte de su 14ª edición decidió realizar un merecido reconocimiento al actor proveniente de Veracruz, quien ha trabajado de la mano de grandes directores como Juan Ibáñez, Felipe Cazals, Jorge Fons, entre otros.

Ernesto Gómez Cruz agradeciendo el reconocimiento de Shorts México

Acompañado de actores como Tenoch Huerta, Mario Zaragoza y Roberto Sosa, quienes le dirigieron palabras de felicitación y agradecimiento por sus múltiples contribuciones al cine mexicano, Ernesto Gómez Cruz recibió con agrado el galardón y declaró seguir en activo, a la espera de continuar sus andares en el mundo de la cinematografía.

Paty chula (1991) Narra la historia de una joven oficinista de publicidad, estudiante de psicología de la Ibero, empeñada en lograr que un empresario de Guanajuato firme un contrato con su empresa. En su afán por lograrlo acepta una invitación poco formal para tener con él un encuentro privado en un restaurante de mariscos, en donde poco a poco, incitada por el empresario, se embriaga y pierde el control de sí misma. La película es una excelente muestra de técnica y lenguaje cinematográfico, pues mezcla encuadres muy rápidos con música tradicional mexicana que acelera el ritmo del argumento, haciéndolo mucho más fluido. Gracias a su estilo de comedia, el cortometraje introduce al espectador, de forma discreta y amena a la reflexión acerca de temas violentos que, por desgracia, siguen siendo parte de lo cotidiano: la discriminación, inseguridad, acoso y violación. El único defecto de este trabajo es que la moraleja fue introducida casi con calzador rompiendo el ritmo del resto del metraje.

Sístole Diástole (1997) En este trabajo dirigido por Carlos Cuarón y escrito por su hermano Alfonso, Gómez Cruz representa al clásico padre de familia de clase media. A lado de Salma Hayek, Evangelina Martínez, Roberto Sosa y otros actores, acudimos a un día de convivencia normal de una familia, que como todas, cuenta con sus secretos, problemas y muchas, muchas situaciones cómicas. Además del excelente trabajo de producción, los tintes humorísticos se desarrollaban perfectamente a lo largo del cortometraje sin abusar de la comedia para presentar la historia acompañada de algunas sorpresas argumentales que logran desatar las sinceras risas del espectador.

Salma Hayek en Sístole Diástole, 1997, de Carlos Cuarón

La luna de Antonio (2003) Es el año 1969 y la televisión finalmente ha llegado a una de las zonas rurales de la Ciudad de México, sin embargo Antonio (Ernesto Gómez Cruz), campesino dedicado a su trabajo y conocedor de los ciclos lunares, siente repudio frente al nuevo invento y sus falacias de modernidad, pues en él ve las promesas incumplidas del gobierno que promete caminatas lunares pero no es capaz de construir una carretera para que los pobladores no se llenen de lodo. Trabajado en blanco y negro, este cortometraje recrea una realidad, que pese a haber quedado en el pasado no deja de ser vigente hasta el día de hoy.

Fotograma de La luna de Antonio, 2003 de Diana Cardozo

Inaudito (1999) Una versión completamente distinta de Ernesto Gómez Cruz, aparece en este cortometraje de Agustín Calderón basado en un trabajo de Roald Dahl, una historia dramática con tintes de ciencia ficción.

Todos estos cortometrajes muestran la capacidad histriónica de Gómez Cruz, y parte de la variedad de papeles en los que ha incursionado a lo largo de su carrera. Todos los papeles representados son diferentes entre sí pero cada uno sigue teniendo la marca distintiva de un actor que ha sabido perpetuar su estancia en pantallas a través de su dedicación y profesionalismo.

Resulta encomiable el trabajo de Shorts Mexico para rescatar del olvido estos cortometrajes y presentarlos a un público en el que se conjugan una gran variedad de generaciones distintas. Aunque algunas de estas nuevas generaciones desconocían los trabajos presentados, en la sala se conjugaron las risas y exclamaciones tanto de quienes habían visto los cortos como de quienes los apreciaban por primera vez dejando claro que estos argumentos continúan generando empatía con el público a través de sus personajes y situaciones. Es una lástima que la organización del evento haya contado con una gran variedad de fallas desde la tardanza para iniciar con la ceremonia hasta los fallos técnicos antes de presentar el último cortometraje.

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