Once upon a time in Hollywood

¿Qué hubiera pasado si…?

Por @kurenai_alex

Esta semana se estrenó en salas mexicanas Once upon a time in Hollywood del director Quentin Tarantino. No pasaron ni 24 horas antes de que en YouTube se publicaran los video de «El final explicado de…», «50 curiosidades de..» o las clásicas reseñas.

Screen Shot de Youtube

En general la película recibió críticas favorables y contó con el beneplácito del público; que espero no haya tenido la misma desventura que yo: sentarse frente a fanáticas de Brad Pitt que suspiraban y le lanzaban piropos cada vez que el actor aparecía en pantalla. Peor aún fue el momento en que Pitt se quitó la camisa para dejar ver sus bien formados pectorales, ahí los comentarios soeces que se escucharon casi me hicieron sonrojar.

Brad Pitt como Cliff Booth

Mas, lejos de la mala experiencia de ver la película en compañía de quien no respeta el derecho del resto de la audiencia a disfrutar del filme, lo cierto es que la novena película de Tarantino no aporta nada nuevo a la cinematografía.

La historia de Rick Dalton y su doble Cliff Booth, aunque bastante lenta al inicio, resulta cómica y entretenida. Al más puro estilo de los hermanos Coen en Hail Caesar!, Tarantino recrea de forma impresionante el Hollywood de los 60 y 70, al mismo tiempo que nos da un paseo por las calles de Los Ángeles.

Poster promocional de Hail, Caesar! de los hermanos Coen

Las bromas y las referencias al funcionamiento de la industria resultan sumamente entretenidas y lo mejor es desde luego la conjugación de las actuaciones de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio, que pese a su nulo parecido en cámaras, sí logran transmitir la afinidad de un equipo de trabajo entrañable, y una amistad que va más allá de los espacios de rodaje.

La estética de la película realmente logra transportar al público a otro punto de la historia, y genera además simpatía al ver la imitación de tantos afiches relacionados a la industria del cine. ¡Vamos! que es un buen espectáculo para los nostálgicos. Sin embargo todas estas bondades se pierden debido a la necesidad del director de meter con calzador la historia de Sharon Tate y compañía.

Poster promocional de Once Upon a time in Hollywood de Quentin Tarantino

No soy fanática del director, considero que gran parte de sus trabajos son sobrevalorados, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de sus argumentos son retomados de otras grandes historias del cine clásico italiano o japonés; sin embargo decidí ver esta cinta dejando de lado mis prejuicios en torno a su creador, y realmente disfruté gran parte de la película (pese a las fanáticas de Pitt), pero todos los elementos extraños que han posicionado a Tarantino dentro del gusto de un público específico, como la sangre gratuita, y su obsesiva necesidad de mostrar el «¿Qué hubiera pasado si…?» de situaciones de sobra conocidas (basta recordar Inglourious Basterds), terminan por demeritar un filme que pudo haber significado una gran evolución dentro de su carrera.

Desconozco si Tarantino tiene pensado lanzar una trilogía de historias alternativas a eventos históricos reales, o si es una venganza personal en contra de enemigos públicos, pero al final, aunque yo no encuentre sentido a su megalomanía cinematográfica, está en su derecho de presentar su propia visión de la vida, a través de su técnica fílmica.

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