Noruwei no mori

Del universo de Haruki Murakami

Por @kurenai_alex

«Tiempo atrás, cuando todavía era joven y mis recuerdos eran mucho más nítidos que ahora, intenté escribir varias veces sobre Naoko. Pero entonces fui incapaz de escribir una sola línea. Era consciente de que una vez brotara la primera frase, las restantes fluirían espontáneamente, pero ésta jamás brotó. Todo era demasiado nítido, y yo nunca supe cómo moldearlo. El mapa más detallado puede no servirnos en algunas ocasiones por esta misma razón. Pero ahora lo sé. En definitiva –así lo creo–, lo único que puedo verter en este receptáculo imperfecto que es un texto son recuerdos imperfectos, pensamientos imperfectos. Y cuanto más ha ido palideciendo el recuerdo de Naoko, más capaz he sido de comprenderla. Ahora sé por qué me pidió que no la olvidara. Por supuesto, ella intuía que mi memoria la borraría algún día. Por eso me lo pidió: «¿Te acordarás siempre de que existo y de que he estado a tu lado?»

»Este pensamiento me llena de una tristeza insoportable. Porque Naoko jamás me amó.»

Haruki Murakami es una de esa mentes capaces de dilucidar, a través de historias que pudieran parecer sencillas, las más grandes pasiones humanas, los conflictos psicológicos y las historias más entrañables. 

El escritor japonés comenzó su carrera con  Kaze no uta wo Kike (Oye cantar al viento), obra que inscribió en un concurso sin pensar en su selección, sin embargo resultó ganadora y fue publicada en 1979. El trabajo de Murakami es un vasto compendio de libros en los que se resume la complejidad humana general desde un punto de vista subjetivo. Después de Kaze no uta wo Kike, Murakami prosiguió con Pinball, Hitsuji wo meguro Bôken (La caza del carnero salvaje) y Sekai no owari to hādoboirudo wandārando (El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas). Pero no fue si no hasta 1987 que alcanzó una exorbitante fama con su novela Noruwei no mori, mejor conocida como Tokio Blues y editada, fuera de Japón, por Tusquets en 2005.    

Portada de Kaze no uta wo Kike (Oye cantar al viento)

Tokio Blues cuenta la historia, en primera persona, del trágico amor adolescente de Tôru Watanabe. A través de la narración del personaje se puede ver con claridad la atmósfera imperante en el Japón de los años 60, y su transición a la postmodernidad bajo la influencia de las tendencias occidentales que comenzaban a influir con mayor fuerza a Japón. Asimismo, deja ver el análisis del Watanabe maduro acerca de una serie de conflictos personales a los que no encontraba una solución sencilla mientras los enfrentaba.

El éxito de Tokio Blues se extendió a lo largo y ancho del planeta y ha sido traducida a diversos idiomas. Su popularidad creció hasta el punto de volverla material atractivo para adaptar a las pantallas. 

Rinko Kikuchi y Kenichi Matsuyama en Noruwei no mori de 2010

Más de 20 años después de que se publicara la novela, el vietnamita Anh Hung Tran, conocido por la dirección de películas como I come with the rain (2009) y Mùi đu đủ xanh (El aroma de la papaya verde) (1993), emprendió el proyecto para trasladar la historia de Tôru  al cine.  

La noticia generó grandes expectativas entre los fanáticos del libro, más aún cuando se anunció al elenco. Por una parte se encontraba nada menos que Rinko Kikuchi, quien acababa de participar en el filme de Iñárritu, Babel (2006), demostrando un gran talento actoral y que sería la encargada de representar el papel de Naoko. Y por otra parte se encontraba Kenichi Matsuyama: joven actor japonés con extensa trayectoria y un club de fans tan grande que muchos interpretes occidentales envidiarían. Su nombre ya era signo de éxito en el mundo oriental, y cada una de sus actuaciones habían sido impecables. Además se contaría también con Kiko Mizuhara para el papel de Midori y una lista de talentos para el resto de los papeles. 

Kiko Mizuhara y Kenichi Matsuyama en Noruwei no mori de 2010

Aunque, debido al costo legal de las licencias de The Beatles y otros grupos de la época, no se utilizaron todas las canciones mencionadas por Murakami, que forman parte trascendental de su argumento, y la música casi pasó a segundo plano; la atmósfera de rebeldía universitaria combinada con el ajetreo de los años 60 y las tendencias revolucionarías fueron bien ambientadas por Jonny Greenwood. Además la fotografía, de Mark Lee Ping-bing, plagada de hermosos planos generales en los que se muestra el paisaje, sin duda contribuía perfectamente a generar la visión de gigantismo que asediaba la mente de Watanabe en la novela. 

Sin embargo, como en la mayoría de las adaptaciones siempre existe un «pero», y en este caso es que la cinta jamás logró capturar la esencia del libro. 

Desde luego sería absurdo intentar comparar la cinta con la novela, por algo se llama «adaptación». Y peor sería que los fanáticos buscaran ver la película tal como la imaginaban mientras leían. Para ello cada lector tendría que realizar su propio filme. Mas, ciertamente y pese a los puntos a favor con los que cuenta Noruwei no mori en términos de producción, el guión de la película resultó en una serie de trozos mal hilados que impiden la identificación del público con los personajes. La historia principal se pierde por completo y en ocasiones no sabemos exactamente qué está pasando. 

Quedamos atrapados en la belleza visual del filme que no conecta con la historia, pues las innecesariamente extensas y contemplativas escenas no generan emoción alguna que hable de los sentimientos de los personajes. E incluso las interacciones parecen forzadas y distantes. Un claro ejemplo es la escena principal de sexo que no podía verse menos creíble, y es que pese a su gran actuación en Babel, Rinko Kikuchi no fue la mejor Naoko que podía haber tenido la película. Y aunque soy fanática de Matsuyama tampoco puedo festejar su fingida excitación durante el encuentro con Naoko.   

Rinko Kikuchi y Kenichi Matsuyama en Noruwei no mori de 2010

Eso no es todo, por principio nunca conocemos al Watanabe adulto, que se supone nos narra la historia, la aparición de personajes como Nagasawa (Tetsuji Tamayama), Reiko (Reika Kirishima), y hasta el propio Kizuki (Kengo Kora), quien funge como detonante de la trama en el filme, pasa sin pena ni gloria, y todos ellos, que con sus características personales conseguían darle profundidad a una historia común, se transforman en meros personajes ambientales para seguir el fallido amor de Watanabe y Naoko. 

Con todo el pasado e historia de los personajes secundarios eliminado de la trama, la película se convierte en una retahíla de suposiciones sin fundamento y situaciones inconexas, que exigen la lectura previa del libro para tratar de hilar los fragmentos de argumento. 

Enlace a la película completa

Al final, Noruwei no mori, con todo y su despliegue técnico, su selecto elenco e incluso su tráiler prometedor, se quedó simplemente en otra cinta para ver y olvidar. Esperemos que pronto algún inteligente productor (o sistema de streaming que no sea tacaño) se dé cuenta de las posibilidades que representa la historia y decida crear una serie que nos narre de manera más fiel las aventuras de Watanabe. 

Gantz

100 puntos a cambio de una vida

Por @kurenai_alex

Con la creciente popularización de las series orientales en occidente y la amplia demanda por parte de los seguidores de la animación japonesa, los productores se han visto obligados a explorar nuevas formas para complacer las exigencias de su público.  Una de éstas nuevas formas es el live action que si bien ya conocíamos, hasta los años noventa no satisfacían adecuadamente las necesidades del público y más que emoción provocaba risa ver, por ejemplo, a Goku de Dragon Ball con la peluca sostenida a duras penas mientras con movimientos ridículos intentaba lanzar su famoso Kame-Hame-Ha. Mas el nuevo siglo trajo consigo cambios sustanciales en esta área. 

Poster promocional de Gantz, 2011

Las producciones basadas en anime cuentan cada vez con mayor presupuesto, mejor dirección y claro con actores que encarnan con profesionalismo su personaje, logrando que la historia plasmada, primero en papel y posteriormente en dibujos animados, se vuelva realmente creíble. 

En esta ocasión hablaré de Gantz, un manga hecho por Hiroya Oku en el año 2000. La serie impresa cuenta con 304 capítulos divididos en tres faces: Gantz, del capítulo 1 al 237; Gantz: Catastrophe, 238 al 303; Gantz: Final, 304 en adelante. Debido a la popularidad del manga, en 2004 los estudios Gonzo decidieron realizar la versión animada de éste en 26 episodios bajo la dirección de Ichiro Itano. 

Pero no fue si no hasta el 20 de enero del 2011 que finalmente se dio el gran paso del papel a la pantalla con la película (live action) Gantz, dirigida por Shinsuke Sato.  

Fotograma de Gantz, 2011

La historia se centra básicamente en los primeros 104 capítulos del manga. Como toda adaptación cuenta con cambios para hacerla más fluida en pantalla, y aunque no existe una diferencia trascendental entre la primera adaptación, es decir la versión animada del 2006 y la película, sí se pierde un poco la esencia gótica que ésta transmitía. Además, la falta de exteriorización de los pensamientos de los personajes, que fungía en la versión animada como crítica social, se sacrifica en favor de brindarle más acción al espectador, reduciendo la película a una cinta de acción.          

El protagonista de la historia es Kei Kurono, que como de costumbre en las series de este tipo, es un estudiante normal y apático  preocupado únicamente por lo que pueda ocurrirle a él. Por otra parte, Katou Masaru, amigo de la infancia de  Kei, es su opuesto y vive pensando en el bienestar del prójimo. El reencuentro de ambos se da en una situación brusca e inesperada en la que Kei se ve obligado a salvar a una persona de ser arrollada por el tren.  Por fortuna, entre ambos chicos logran rescatar al hombre de las vías; sin embargo son ellos quienes mueren en el acto.

Inmediatamente son transportados a un apartamento en donde encuentran a otros que como ellos no saben qué está pasando.  A partir de ese momento se ven obligados a obedecer las órdenes de una misteriosa esfera llamada Gantz, que los obliga a concursar en las pruebas más sangrientas, luchando contra alienígenas y monstruos, para obtener puntos, pues quien obtenga 100 puntos, tiene derecho a salvar su vida o la de uno de sus compañeros. 

Después de cada misión, la esfera los deja relativamente libres hasta que llega el momento de enfrentarse con una nueva amenaza. En el transcurso de la historia, la personalidad de cada participante se desarrolla y muestra sus verdaderas características dejando ver qué tan monstruosas pueden llegar a ser las personas cuando se trata se sobrevivir e incluso de destacar.

Fotograma de Gantz, 2011

La historia de Gantz, pero sobre todo la forma en la que se plasmo en papel, dibujos animados y posteriormente en película, causó una gran controversia por la manera cruda y sangrienta de criticar el instinto y pensamientos, que si bien todos llegamos a tener en algún momento, no cualquiera exterioriza.

Pero la crítica se vio minimizada por la popularidad que alcanzó la serie, lo que permitió que en el mismo 2011 se realizara la segunda parte de la película con el título de: Gantz: Perfect answer, en la que se daba una conclusión a algunas de las interrogantes planteadas en la primera parte. 

Gantz es una muestra latente de la evolución del live action. Sus efectos especiales son presumibles, cada criatura y escenario fueron diseñados de forma meticulosa hasta conseguir una atmósfera casi idéntica a la de su homónima animada. Por otra parte, las actuaciones de Kazunari Ninomiya, en el papel de Kei; Yuriko Yoshitaka como Tae Kojima; Kanata Hongo, como joichiro Nishi; Natsuna Watanabe, como Kei Kishimoto; Tomorowo Taguchi como Yoshikazu Suzuki; Shunya Shiraishi interpretando a Hiroto Sakurai  pero sobre todo la increíble participación de Kenichi Matsuyama como Masaru Kato, realzan la credibilidad y perfeccionamiento de la industria cinematográfica de Japón en el aspecto de trasladar sus famosos mangas a la pantalla grande.

Fotograma de Gantz, 2011

Es una lástima que otras producciones como la muy reciente Shingeki no Kyôjin no hayan podido llegar al nivel de ésta, que sigue siendo un ejemplo de cómo deberían adaptarse las series a la pantalla grande: brindándole al espectador la capacidad de pensar y no (como en el live action de Gosth in the shell) recortando la historia para simplificarla. 

FICHA TÉCNICA 

Título: Gantz Live Action; Director: Shinsuke Sato; Reparto: Kazunari Ninomiya, Kenichi Matsuyama, Yuriko Yoshitaka, Kanata Hongo, Natsuna Watanabe, Tomorowo Taguchi, Shunya Shiraishi; Año: 2011; País: Japón; Duración: 130 min 

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