Tokyo Sonata

El drama del maestro del terror

Por kurenai_alex

Si bien es cierto que la realidad suele superar a la ficción, también es verdad que existen ficciones que recrean esa realidad hasta en sus más pequeños detalles; logrando captar formas de comportamiento, contextos sociales, situaciones viscerales y dramas cotidianos. Dentro de este último ramo, hay películas, que por su asombrosa capacidad de retratar sin miramientos una realidad latente e ignorada al mismo tiempo, cautivan, enternecen y desgarran al público. 

En esta ocasión hablaré de un filme de Kiyoshi Kurosawa que cuenta con todas las características anteriormente mencionadas. Aunque la mayor parte de la filmografía de este director se ha enfocado al suspenso y el terror, él ha incursionado en casi todos los géneros cinematográficos, desarrollado historias de suspenso, con toques de ciencia ficción, terror psicológico u obras conmovedoras y entrañables tal como Tokyo Sonata.

Kyôko Koizumi y Kôji Yakusho en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Ryuhei Sasaki, su esposa Megumi, y sus dos hijos Takahashi y Kenji, viven en una zona de clase media de la ciudad de Tokio. Todo transcurre con orden y tranquilidad dentro de su monótona rutina. Ryuhei cuenta con un trabajo promedio que le permite solventar los gastos de su familia, y mantener una vida holgada hasta cierto punto. Megumi, por su parte, desempeña su papel de ama de casa ideal. En tanto Takahashi, el hijo mayor, y Kenji, el pequeño, son alumnos regulares en sus respectivos niveles escolares. Pero esto no es más que una fachada.

Detrás de toda esa perfección familiar se esconden todo tipo de conflictos. Ryuhei es un hombre sumamente cerrado, que no logra establecer comunicación con sus hijos; Megumi se comporta siempre de forma dócil y es incapaz de tomar decisiones sin su marido, además de vivir frustrada por la monotonía de su vida; Takahashi vive influenciado por la propaganda de guerra que le fomenta falsos ideales de un nacionalismo bastante arbitrario, y Kenji, quien desea más que cualquier otra cosa aprender a tocar el piano, se ve limitado por los intereses de su padre.

Las cosas empeoran cuando Ryuhei pierde su empleo, pues él considera que toda su autoridad dentro del hogar recae precisamente en que es el sostén económico de su familia. Es entonces que se tropieza con un viejo amigo, quien se encuentra en las mismas circunstancias que él, y juntos emprenden una larga trayectoria por todas las oficinas de Tokio en busca de empleo, hasta que la desesperación conduce al amigo al asesinato de su esposa y a su propio suicidio por envenenamiento de gas. 

Kai Inowaki, Kyôko Koizumi, Teruyuki Kagawa y Yû Koyanagi en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Por otra parte, mientras que Takahashi decide marcharse de su hogar para unirse al ejercito de Estados Unidos en una guerra con Medio Oriente;  Kenji comienza a ahorrar el dinero de su almuerzo para pagar sus lecciones de piano a espaldas de su padre. Allí conoce a Kaneko, la profesora de piano, que al ver su talento natural lo incita a continuar con sus aspiraciones musicales. 

Poco a poco Ryuhei comienza a desesperarse y ante la perspectiva de perder su lugar en el entorno familiar, comienza a trabajar como intendente en una tienda departamental. Mas, al creer que su trabajo es deshonroso, decide ocultarlo de su esposa. Es ahí en donde la vida le ofrece una nueva oportunidad que pondrá a prueba todos sus conceptos del bien y el mal.

Pero mientras él vive sus propios conflictos y su nueva doble vida, Megumi hace lo propio cuando es secuestrada por un ladrón que entra a su casa y la obliga a conducir hasta el mar, y con quien está dispuesta a escapar al sentir que le ofrece todo aquello de lo cual la vida familiar la ha privado. 

Lentamente cada una de las apariencias que encubren a la familia se van diluyendo, y pronto todos los fantasmas que los consumen terminan por envolverlos en una densa niebla de conflictos, que los conducen a un callejón sin salida aparente. 

Teruyuki Kagawa, Yû Koyanagi y Kyôko Koizumi en Tokyo Sonata (2008) de Kiyoshi Kurosawa

Esta película, cuyo hilo conductor es la familia Sasaki, es una obra maestra del cine dramático contemporáneo. En ella se reflejan de forma nítida las problemáticas más simples, y a la vez universales, a las que se enfrentan millones de familias en todo el mundo. 

La falta de comunicación, la imposición de roles, las marcadas diferencias sociales y de género, o la inconformidad frente a la rutina se puede apreciar en cada uno de los personajes, que fueron creados por el mismo director de una forma magistral, como sólo él sabe hacerlo. 

Existen, además, elementos que le añaden a la cinta un carácter propio como la música de Kazumasa Hashimoto, reconocido compositor japonés. Y desde luego la impecable fotografía que estuvo a cargo de  Akiko Ashizawa que a través de los encuadres abiertos refleja situaciones generales de ambiente, mientras que reserva los cerrados para especificar el cambio en la emoción de un personaje especifico. Y claro, no podía faltar la brillante participación de los actores, entre los que destaca Kôji Yakusho, en su papel de hombre desempleado que termina como ladrón y amante de Megumi. 

Si quieres ver una película interesante y lacrimógena que te haga reflexionar, esta es una excelente opción, lo mismo en el caso de que desees conocer una parte diferente del trabajo realizado por el maestro del J-Horror Kiyoshi Kurosawa.  

Título: Tokyo sonata; Director: Kiyoshi Kurosawa; Guión: Kiyoshi Kurosawa, Max Mannix, Sachiko Tanaka ; Música: Kazumasa Hashimoto; Reparto: Teruyuki Kagawa, Kyoko Koizumi, Yu Koyanagi, Inowaki Kai, Kôji Yakusho; Duración: 118 min; Año: 2008

Doppelgänger

«Se cree que cuando ves a tu doble es que estás a punto de morir»

Por kurenai_alex

Existe una leyenda que cuenta que cuando ves a tu doble es que la muerte te acecha, pero, ¿qué pasaría si ni tú mismo sabes si el doble eres tú? 

Los fenómenos sobrenaturales, en los que se ven involucrados fantasmas, almas en pena o aparecidos, son uno de los temas favoritos de la literatura y el cine de terror. Pero claro, existen otro tipo de historias, aquellas en las que el protagonista no tiene forma de vencer el peligro que lo aqueja, porque el horror proviene de sí mismo. 

En el año 1886, Robert Louis Stevenson, escritor escocés, dio vida a una siniestra historia de suspenso, que con el paso de los años sería adaptada en más de una ocasión para su versión cinematográfica: El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde.  La historia es tan popular que hasta Silvestre y Piolín le dedicaron un capítulo en su serie, pero eso no es lo importante.  El caso es que la idea de mostrar el monstruo que vive en el interior de cada ser humano se convirtió en una nueva fuente de inspiración para los cineastas.  

Cintas como Psicosis de Alfred Hitchcock, A tale of Two Sisters de Kim Ji-woon, o Hide and Seek de John Polson, han retomado esta idea y han creado películas que te hacen sospechar hasta de tu sombra y ver con terror el espejo. En el año 2003, Kiyoshi Kurosawa, maestro del terror, creó una cinta bajo la misma temática, que rompía todos los esquemas planteados hasta el momento: Doppelgänger

Kôji Yakusho en Dopperugengâ de Kiyoshi Kurosawa, 2003

Protagonizada por su actor fetiche, Kôji Yakusho, Doppelgänger cuenta la historia de Michio Hayasaki, un científico con una mente capaz de crear cualquier cosa. Gracias a sus inventos revolucionarios, la compañía en la que trabaja se encuentra entre las mejores a nivel mundial, por ello le dan libertad al hombre para desarrollar sus arriesgados inventos. El último de éstos es una silla que sirve para ayudar a los discapacitados a realizar sus tareas cotidianas, supliendo sus músculos atrofiados con los instrumentos incluidos en la silla, al conectar directamente al cerebro con los receptores nerviosos de todo el cuerpo. 

Sin embargo, los niveles de estrés acumulados por el trabajo le impiden a Michio completar su tarea. Es gracias a este mismo estrés que la personalidad de Michio termina dividida en dos partes, su parte buena/reservada y su parte mala/atrevida, quien aparece para sacar a la primera de su estancamiento, sin importar que obstáculos tenga que eliminar en el proceso.

Kôji Yakusho en Dopperugengâ de Kiyoshi Kurosawa, 2003

Esta maravillosa creación de Kurosawa plantea desde todas las perspectivas existentes la múltiple naturaleza del ser humano, y tal como la novela de Stevenson, demuestra que muchas veces la parte que nos esforzamos por ocultar es mucho más real o consistente que la fachada que utilizamos para presentarnos al mundo, y en ocasiones sus intenciones son mucho menos siniestras que las que planteamos. Temas como la moral, los deseos ocultos, las frustraciones reprimidas, y la falta de conocimiento del yo destacan en la película al mezclarse con una excelente trama de suspenso. 

La cinta muestra una serie de giros inesperados que la transforman en una obra de arte del cine de suspenso, los personajes cambian y se acoplan a la maraña de confusión que surge, haciendo que nos preguntemos quién es el malo de la historia, mejor aún, si de verdad existe un malo en la historia. 

¡Y de las actuaciones ni hablar! Kôji Yakusho representa tan bien a las dos partes de su personaje, que deja claro porqué es el favorito del director para caracterizar a sus protagonistas. Tiene una capacidad desmedida para cambiar de estado en un segundo, arrastrándote a las entrañas de las pasiones más oscuras, y como siempre, ninguno de los personajes que interpreta son iguales. Todos cuentan con una personalidad distinta que sólo él, con sus décadas de experiencia en el cine, podría aportarles. 

Además de las actuaciones, Kurosawa, como de costumbre, no tiene reparo en mostrar escenas sangrientas aquí y allá, pero todas ellas justificadas y estéticas, sin halo de morbosidad insana. Su técnica cinematográfica vuelve a ser impecable como en trabajos anteriores en los que la fotografía y la música se unen para dar vida a un impenetrable universo de misterio.

Así que si estás buscando una cinta de suspenso, entretenida, diferente y que para variar te ponga a pensar un poco, no te puedes perder Doppelgänger de Kiyoshi Kurosawa. Créeme no te arrepentirás. 

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