Naufragio

Conversando con… María Rojo

Por@kurenai_alex

«Cada cosa que hay en la película me trae un recuerdo, y pertenece a mi mundo» María Rojo

Como parte de las Conferencias magistrales organizadas por la Cineteca Nacional de México, se lleva acabo actualmente el ciclo Conversando con nuestros protagonistas, en el que, además de asistir a la presentación de la película, el público tiene la oportunidad de escuchar de voz de los propios participantes en las cintas las reflexiones sobre la creación, producción y actuación del cine mexicano.

A la izquierda el director Alejandro Pelayo, a la derecha la actriz María Rojo

Este jueves 5 de septiembre se realizó la presentación de Naufragio (1977), trabajo del director Jaime Humberto Hermosillo, protagonizado por María Rojo, quien asistió a la conferencia para exponer sus perspectivas del, en palabras del director de la Cineteca Alejandro Pelayo, «cine de autor financiado por el Estado».

Como parte de sus reflexiones la actriz destacó la trascendencia de este cine, que se encargaba de mostrar las condiciones sociales de la clase media contemporánea, sus conflictos, relaciones y vicisitudes. Además señaló a Hermosillo como uno de los mejores directores de su época, quien basado en la adaptación del cuento Mañana (1902) de Joseph Conrad, creó una historia que encapsuló la idea de la amistad entre dos mujeres.

Los trabajos de Hermosillo, en palabras de María Rojo, «exponen las costumbres sexuales de su época» y «analizan con la cámara, como una radiografía, a los personajes». La actriz también relató algunas anécdotas que muestran el escrupuloso trabajo que el director realizaba, la vinculación entre su visión y el desempeño de los actores, así como la labor de equipo que lograba hacer de estas películas un retrato de la realidad cotidiana de la clase media, ahogada en la monotonía de su vida cotidiana.

Mañana de Conrad narra la historia de el capitán Hagberd, marinero retirado, que pasa el tiempo hablando con su vecina Bessie, y amueblando su casa, mientras espera el retorno de su hijo que partió dos décadas atrás. Y aunque algunos tratan de convencerlo de que su espera es en vano, el sigue convencido de que, al más puro estilo de Shakespeare, su hijo llegará mañana, mañana y mañana…

Ana Ofelia Murguía y María Rojo en un fotograma de Naufragio (1977), de Jaime Humberto Hermosillo

Con Guión de José de la Colina, Hermosillo creó una historia en la que el capitán Hagberd es reemplazado por Amparito (Ana Ofelia Murguía), madre de familia, burócrata en oficinas del Departamento del Distrito Federal y habitante del edificio Sonora en Tlatelolco. Acompañada por su inquilina Leti, Amparo continúa su vida diaria a la espera de ver nuevamente a Miguel Ángel, su hijo, quien partió para convertirse en marinero dejando atrás el tedio de la vida de burócrata.

La única motivación de Amparo para seguir con su vida es volver a ver a su hijo, y en medio de su esperanzador delirio, termina por contagiar a Leti, que después de haber escuchado tantas historias de Miguel Ángel, cae perdidamente enamorada de la fantasía/recuerdo en la mente de Amparo y otros personajes, siempre dispuestos a narrar lo mejor de él.

Naufragio es un retrato fiel de la vida de los años 70, como tal se encargó de mostrar la vida de los empleados que ganaban «nada más 4200 pesos»; la economía estancada, puesto que el dólar estaba «a 20 pesos»; el papel de la mujer, que pese a encontrase en medio de la liberación sexual y contar ya con derecho al voto, seguía sufriendo acoso por parte de superiores y extraños. Muestra también los vestigios de una ciudad que se ha transformado con el paso del tiempo. Vemos un Zócalo capitalino lleno de jardineras con pastos verdes perfectamente podados, calles, avenidas y monumentos todavía en buen estado; y el metro, que a más de 40 años parece ser lo único que permanece constante: lleno a reventar, las mismas conversaciones, las mismas personas, o al menos los mismos personajes.

María Rojo en un fotograma de Naufragio (1977), de Jaime Humberto Hermosillo

La idealización, el acercamiento entre los personajes y sus más profundos deseos fueron capturados por la cámara de Rosalío Solano, a través de la cual nos adentramos en los momentos más íntimos de cada uno de ellos, visualizamos sus preocupaciones y caminamos por las mismas calles que transitan. Somos testigos del romance, la intriga, la desesperación y la necesidad de encontrar un motivo que le permita a los protagonistas continuar y al mismo tiempo soñar.

El diseño de arte, a cargo de Lucero Isaac, ayudó a que cada uno de los actores realmente se transfigurara para dar vida a sus personajes. La película se complementa con la música, añadiendo con ésta escenas realmente apasionantes, como el momento en que Leti baila al ritmo de Incertidumbre, alejada del tiempo y sus preocupaciones y se sumerge en la entonación de un instante perfecto. La melodía del mexicano Gonzalo Curiel, refleja perfectamente el momento que atraviesa Leti: inquietud que se mezcla con la emoción y la nostalgia de una situación realmente no vivida pero mucho tiempo anhelada.

Es necesario también destacar una de las escenas más impresionantes de la película, que de manera metafórica representa la conclusión a la que llega la historia: una ola monumental que se cuela en el departamento que Leti comparte con Amparito, y que arrastra todo consigo hasta llevarlo al mar.

Es preciso que continúen abriéndose espacios para la reflexión de trabajos como los de Hermosillo y sus contemporáneos, puesto que existe un vacío de conocimiento del cine mexicano, sobre todo de la época echeverrista, momento en el que como bien señalaron Alejandro Pelayo y María Rojo, surgió un grupo de artistas que decidían hacer cine «por la pasión de hacer cine», películas cercanas al público en el que los actores dejaban de ser figuras míticas e idealizadas para transformarse en seres reales, cercanos a su público.

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