Danzón

«El cine es un juego de miradas» María Rojo

Por @kurenai_alex

Este jueves 10 de octubre se presentó en la Cineteca Nacional de México Danzón, película de 1991 dirigida por María Novaro. Con esta presentación se concluyó el ciclo Conversando con nuestros protagonistas, dedicado a María Rojo. La actriz, quien estuvo presente durante la exhibición de esta versión restaurada de la película, destacó la trascendencia de las producciones realizadas de manera independiente durante la época en que las ficheras seguían siendo el tipo de cine con mayor producción y presupuesto.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva, Conversando con nuestros protagonistas, 2019
Foto: Manuel Pineda

La actriz detalló además la manera en que María Novaro construyó la historia que logró ganarse a la crítica a nivel internacional, e incluso hacerlos pensar que la ciudad de Veracruz era un set, puesto que «no podía existir en México un lugar tan hermoso y pintoresco».

Danzón es realmente una película hermosa. Como parte de los aspectos técnicos destaca la precisión con la que la cámara se mueve en dos dimensiones, primero en encuadres muy abiertos que nos dejan ser parte de los escenarios y en segundo lugar, como una espía que se acerca lo más posible a los rostros de los personajes delatando los sentimientos que experimentan.

A través de la conjunción de esos movimientos cinematográficos y la música, que ocupa gran parte del metraje, conocemos a Julia, una telefonista que trabaja en el Distrito Federal comunicando llamadas de larga distancia. Su pasión más grande es el baile, sobre todo el danzón. A diferencia de sus compañeras de trabajo y su propia hija adolescente, Julia no desea entablar una relación ni sentimental ni sexual con algún sujeto, ella es feliz con Carmelo Benítez, un hombre en los cincuenta con quien se ha reunido por seis años para bailar. Todo parece perfecto para Julia hasta el día en que Carmelo no asiste al salón de baile.

Después de algunos días de esperarlo, y tras una serie de búsquedas infructuosas, Julia emprende un viaje rumbo a Veracruz con la finalidad de traer de vuelta a su pareja de baile. Pero ella no cuenta con que ese viaje le traerá muchas más aventuras de las que espera.

Aunque así podemos sintetizar la historia, una sinopsis no le hace justicia a esta película que de verdad logró crear un espacio diegético digno de análisis y halagos. Todo el trabajo se constituye con una mezcla perfecta entre la música, los diálogos y la imagen.

María Rojo y Daniel Rergis en Danzón (María Novaro, 1991)

Pero, aunque la música es fundamental para conducir el argumento, no presenciaremos aquí ningún número musical lleno de parafernalia, cortes rápidos y figuras populares, estilo acostumbrado durante la Época de oro del cine mexicano; por el contrario, la música aparece como personaje y se adentra de manera sutil, ya sea como parte de los salones de baile o como melodía entonada por Carmen Salinas, quien en esta película tuvo una participación encomiable, en la que deja de lado el estereotipo en que la sumergió la televisión mexicana, para mostrar una faceta diferente: una mujer con alto grado de empatía que no se deja arrastrar por los sufrimientos cotidianos; consejera, compañera y cómplice de quien en ella busca apoyo.

En este punto, los personajes se alejan de los clichés del cine mexicano, puesto que el universo que retrata Novaro no busca exhibir de manera naturalista los pesares de los menos favorecidos, o hacer uso de frases populares para lograr identificación; busca otorgarle fidelidad a la historia, ello desde luego conlleva la inserción de personajes tipo, pero éstos nunca caen en lo burdo o exagerado.

María Rojo y Tito Vasconcelos en Danzón (María Novaro, 1991)

En medio de esos personajes humanos y reales se encuentran también los leitmotiv: vinilos, zapatos de tacón, miradas esquivas y seductoras, sonrisas espontáneas y lágrimas vivas, que son acompañadas al ritmo de la música de Luis Arcaraz, Toña La Negra, Agustín Lara, Consuelo Velázquez, Felipe Pérez, Pepe Luis o las danzoneras Alma del Sotavento y Dimas de los Hermanos Pérez.

Además destaca el trabajo para hacer girar un sin número de subtemas alrededor de la historia principal: romance, traición, pasión, deseo sexual, introspección, búsqueda, prostitución, homosexualidad, todos ellos retratados sin reminiscencias lacrimógenas.

Este trabajo, por desgracia poco conocido en la actualidad, es realmente una muestra de fluidez, técnica, diseño de producción, musicalización y desempeño actoral desplegado en una historia entretenida que no requirió caer en clichés y estereotipos para lograr un universo sólido. En comparación con el cine mexicano actual que explota estereotipos para genera empatía, o utiliza lo contemplativo sin que este modelo aporte al argumento, Danzón aprovecha cada elemento que la compone para ser una obra cinematográfica completa.

María de mi corazón

«Hay amores cortos y hay amores largos», le dijo ella. Y concluyó sin misericordia: «Este fue corto» Sólo vine a hablar por teléfono, Gabriel García Márquez

Por kurenai_alex

Este jueves 26 de septiembre se exhibió en la Cineteca Nacional de México la película María de mi corazón (1979), del director Jaime Humberto Hermosillo. La presentación correspondió al ciclo Conversando con nuestros protagonistas, coordinado por el cineasta Juan Antonio de la Riva, que en esta ocasión presenta a María Rojo como protagonista de las charlas.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva en la presentación de María de mi corazón Foto de Manuel Pineda

María Rojo abrió la presentación de la película explicando que el mismo Gabriel García Márquez envió una carta al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) para pedir que se restaurara el negativo, pues consideraba que era la mejor adaptación de sus trabajos y uno de los filmes más importantes del cine mexicano. Asimismo apuntó la falta de apoyo con la que contaban este tipo de trabajos, pues la película fue más reconocida en el extranjero que en México, donde no se permitió su exhibición.

María Rojo destacó que este trabajo marcó un momento en que «los actores quisieron cambiar la historia», y crearon un Sindicato de Actores Independientes que buscaba obtener las condiciones sociales adecuadas para todos los miembros del gremio cinematográfico, una lucha todavía pendiente en México, donde «un actor retirado recibe una pensión de mil pesos al mes». De esta forma «la película fue, de alguna manera, la bandera del Sindicato de Actores Independientes» señaló Juan Antonio de la Riva, quien también colaboró con Hermosillo en la filmación. María de mi corazón forma parte del proyecto Preservación del cine mexicano, implementado en la Cineteca Nacional de México con la finalidad de rescatar el patrimonio fílmico para su exhibición y conservación.

La película, filmada en la colonia Portarles de la Ciudad de México en un formato de 16 mm, cuenta el trágico amor entre María Torres (María Rojo) y Héctor Roldán (Héctor Bonilla). Después de que Pepé deja a María plantada en la iglesia, ella decide regresar al único lugar constante en su vida: la casa de Héctor, ex novio al que ella misma dejó en el altar algunos años atrás. Aunque en un principio María se niega a retomar su relación pronto se deja llevar por la visceral atracción sexual que Héctor le genera y empiezan una nueva vida juntos. Sin embargo el hábito de Héctor, como ladrón, no parece agradarle mucho a la joven quien pronto decide que lo mejor es que ambos se dediquen al mundo del espectáculo como magos. Una vez que comienza a realizar giras sus vidas dan un vuelco.

María Rojo y Juan Antonio de la Riva en la presentación de María de mi corazón Foto de Manuel Pineda

Pese a las precarias condiciones de la producción, María de mi corazón cuenta con un nivel técnico destacado, los 16 mm en los que fue filmada no merman su calidad. Al inicio asistimos a la presentación de una película oscura, en la que los personajes son casi sombras que destacan con dificultad en el encuadre. Pero una vez que María sonríe por primera vez la iluminación cambia para otorgarnos una fotografía detallada de los ambientes en los que se mueven los personajes, adentrándonos en sus costumbres y su vida cotidiana por medio de cada uno de los elementos que componen el diseño de producción. La fotografía estuvo a cargo de Ángel Goded y el diseño de producción contó con la participación de Lucero Isaac, quien ya había trabajado anteriormente con Jaime Humberto Hermosillo de manera destacada.

La música es otro aspecto curioso del filme, se recurrió al uso de canciones preexistentes que ilustran situaciones específicas con la letra de la canción, por ejemplo mientras María se cambia el vestido de novia para desayunar con Héctor después de su reencuentro, éste hace sonar en el tocadiscos Viajera de Luis Arcaraz, lo mismo ocurre con el resto de las canciones de la película, que siempre aparecen como parte de la historia (música diegética) para describir los sentimientos de Héctor.

El guión, co-escrito por Gabriel García Márquez y Jaime Humberto Hermosillo, se aleja de las representaciones naturalistas del cine mexicano, retomando los elementos del realismo mágico característicos de los trabajos del escritor. De acuerdo con las declaraciones de Márquez en el diario El país (1981), https://elpais.com/diario/1981/05/05/opinion/357861609_850215.html la idea original partió de una historia que había escuchado en la vida real, de la cual surgiría también Sólo vine a hablar por teléfono, cuento incluido en la antología del autor Doce cuentos peregrinos.

María Rojo y Héctor Bonilla en María de mi corazón, Jaime Humberto Hermosillo, 1979

Destacan además las actuaciones de María Rojo, Héctor Bonilla, Salvador Sánchez, José Alonso, Evangelina Martínez, Dolores Beristáin, Óscar Chávez, Ana Ofelia Murguía y otra larga lista de actores y personalidades que participaron de marea altruista, incluso interpretando varios personajes que conservaban los nombres de pila de los interpretes, pues «la película fue escrita para ellos». Una de las mejores participaciones fue la de Xóchitl, actor mexicano conocido como «la reina travesti de México», quien interpretó tres papeles totalmente distintos: un judicial, un sacerdote y una enfermera del hospital psiquiátrico. En este último papel la voz del actor fue doblada para hacer contrastar su corpulenta imagen con una voz dulce y suave, lo más sorprendente es que el doblaje se realizó en directo y no en la post producción, y sólo hay una escena en la que el desfase es evidente.

En suma, María de mi corazón es un filme diferente, en el que vemos evolucionar a los personajes, adaptarse y transformarse a la par que el tono cómico se va deslavando para sumir los matices de la tragedia. Este 2019 se cumplen 40 años del estreno de este trabajo cuya filmación duró únicamente 93 días, y se realizó con un presupuesto mínimo, por lo cual los actores no recibieron una paga, pues su finalidad única era continuar con el desarrollo del cine nacional aún en contra de la censura.

La Cineteca Nacional ha realizado un excelente trabajo al restaurarla y ponerla nuevamente en exhibición, sólo esperemos que la difusión de estos trabajos continúe para permitir que cada vez más públicos puedan conocerlas y reconocerlas como parte trascendental de la cinematografía nacional.

Los confines

Cine estudiantil independiente

Por @kurenai_alex

«Ya lo único que le quedaba para cuidar era la vida, y ésta la conservaría a como diera lugar. No podía dejar que lo mataran. No podía. Mucho menos ahora. Pero para eso lo habían traído de allá, de Palo de Venado. No necesitaron amarrarlo para que los siguiera. Él anduvo solo, únicamente maniatado por el miedo. Ellos se dieron cuenta de que no podía correr con aquel cuerpo viejo, con aquellas piernas flacas como sicuas secas, acalambradas por el miedo de morir. Porque a eso iba. A morir. Se lo dijeron.» Diles que no me maten, Juan Rulfo

Basada en Diles que no me maten, Talpa y un fragmento de Pedro Páramo de Juan Rulfo, se presentó este jueves 19, en la Cineteca Nacional de México, Los confines, película de 1987 dirigida por el cineasta Mitl Valdez, como parte del ciclo Conversando con nuestros protagonistas, que en esta edición decidió proyectar trabajos de la actriz María Rojo.

La dirección de la conferencia estuvo a cargo del cineasta Juan Antonio de la Riva, quien junto a María Rojo, hizo un recuento de la trascendencia de la película, pues no sólo «refleja la esencia de Rulfo» como declaró el cineasta, sino «también representa esa nueva etapa del cine mexicano: el cine estudiantil», el cual, al igual que el cine de autor independiente, se oponía estética y argumentalmente al cine de ficheras, producido durante esas décadas. Esta película, de acuerdo con Rojo y De la Riva, fue la única reconocida por Rulfo como una adaptación fiel de sus trabajos, e incluso felicitó al director y le otorgó los derechos para realizar otra película basada en sus trabajos.

«Sólo a Rulfo se le cree que los muertos hablan […] Rulfo es el hombre que en una frase nos regala una historia» señaló María Rojo y añadió que Mitl Valdez ha sido el único capaz de transportar los paisajes de Rulfo y lograr que los actores encarnen a sus personajes, mostrando la sensualidad, el misterio, y los sentimientos más entrañables a través de un «ritmo cadencioso» a lo largo de toda la cinta, que permite «reconocer en pantalla nuestra propia forma de ser».

Juan Antonio de la Riva y María Rojo en la presentación de Los confines                     Foto: Manuel Pineda 

Al análisis se sumaron los datos curiosos de la película, que tuvo que ser detenida mientras se filmaba un fragmento de Talpa, debido al escaso presupuesto con el que contaba al ser un proyecto financiado por la Universidad Nacional Autónoma de México. Asimismo, después de su rodaje tuvieron que pasar cinco años para llevar a cabo su estreno.

Juan Antonio de la Riva y María Rojo en la presentación de Los confines                     Foto: Manuel Pineda 

La película, mezcla de forma consistente tres universos de Rulfo, para llevarnos a experimentar «la culpa», en distintas situaciones. Todos los personajes que presenta Mitl Valdez viven siguiendo sus propios cánones, alejados de los juicios ajenos, pero al mismo tiempo son incapaces de liberarse de los sentimientos de culpabilidad que se ciernen sobre ellos. Y aunque la culpa es, quizá, el hilo conductor de las historias, existe otro sentimiento que se incrusta como cómplice y titiritero de los protagonistas de cada historia: la pasión.

Todos los personajes se dejan arrastrar por la pasión hasta llegar a un punto sin retorno, y tal como ocurre en el libro, después de cada arrebato pasional no les queda más que vivir las consecuencias que desatan dejandose caer al vacío. La culpa se hace presente entonces, ya sea de manera material o fantasmal, pero no abandona jamás ni al asesino, la pareja incestuosa, la esposa y el hermano que cometen adulterio, o el joven que llega a un pueblo en apariencia desierto en busca de un lugar para pasar la noche.

Ernesto Gómez Cruz en Los confines (Mitl Valdez, 1987)

La adaptación es bastante fiel a los textos de Rulfo, pues de manera ingeniosa nos muestra distintos niveles de profundidad, pues las narraciones se construyen a través de recuerdos en los recuerdos, y cuenta además con recursos técnicos muy bien empleados, sobre todo en el aspecto sonoro. Carlos Aguilar fue el encargado de este apartado y logró verdaderamente crear un ambiente de suspenso, al despertar un sentimiento muy cercano al miedo gracias a la mezcla de música incidental y sonidos ambientales.

Por otra parte, los discursos de los personajes son fieles a la obra del escritor, y aquellas escenas descritas perfectamente por Rulfo a través de las palabras, fueron capturadas con imágenes por el lente de Valdez.

Ana Ofelia Murguía y María Rojo en Los confines (Mitl Valdez, 1987)

Los actores son otro punto a favor de este trabajo. Con naturalidad interpretan a esos seres pasionales carcomidos por la culpa y la desesperación de no verse libres de ella. De manera soberbia Ernesto Gómez Cruz encarna a Juvencio Nava, (personaje de Diles que no me maten) sus gestos en pantalla se complementan con el monólogo interior en voz en off, de manera tan magistral que uno no puede menos que pedir que no lo maten.

Esta película es una muestra de calidad, no sólo por la forma de adaptar una obra literaria al lenguaje cinematográfico; sino también por la manera de crear un universo sólido incluso con recursos mínimos. Sin duda un material imperdible que debe ser puesto al alcance del público, y valorado por su riqueza fílmica. Además de demostrar que el cine mexicano tiene calidad técnica y personal con vocación para crear obras audiovisuales.

La víspera

«El cine independiente de los 80 es como decía Maryse Sistach «es un cine de tortas y chaparritas»» Alejandro Pelayo

Por @kurenai_alex

Este 12 de septiembre se presentó, en la Cineteca Nacional de México, La víspera (1982) del director Alejandro Pelayo, como parte del foro Conversando con nuestros protagonistas, que en esta ocasión han contado con la presencia de la actriz María Rojo. Dentro de la presentación, el director y la actriz, quienes colaboraron juntos en este trabajo, narraron las anécdotas que hicieron posible la creación de este filme que es, en palabras de la actriz «una de las mejores películas políticas que se han hecho en México».

Alejandro Pelayo y María Rojo en la presentación de La víspera (1982)

Durante la época que fue filmada la película, el cine se producía mayoritariamente en formato de 35 mm; mas, la ópera prima de Pelayo se grabó en formato de 16 mm a blanco y negro. Debido a la falta de presupuesto para realizar cine de autor en aquella década en la que las películas de ficheras y narcos llenaban las pantallas y televisores. Fue así que Pelayo aceptó la oferta de Federico Weingartshofer, quien tenía algunos rollos de una producción anterior y decidió donarlos para que el proyecto viera la luz.

Pero esta no es la única anécdota curiosa en torno a La víspera. La filmación duró únicamente 12 días, mientras que la construcción del guión se realizó en cuatro años. Asimismo, el director trató de volcar su fascinación por el cine de Fellini incluyendo una interpretación de Stormy weather, melodía utilizada en Le notti di Cabiria de 1957.

Stormy weather, Le notti di Cabiria, 1957, Federico Fellini

Otro dato curioso es que la película, además de contar con un excelente elenco frente a cámaras y otorgarle su primer papel protagónico a Ernesto Gómez Cruz, contó con la participación de un muy joven Alfonso Cuarón, quien tuvo a su cargo la tarea de sostener el boom con el micrófono.

«Cada película responde a su contexto, y esto era lo que se podía hacer en los años 80: era el cine independiente de esos años», declaró Pelayo para referirse a este trabajo que se realizó con un escaso presupuesto, a modo de colectivo y gracias a la participación y la pasión de un gran equipo de producción. De acuerdo con el director de la Cineteca , la forma más precisa para definir al cine independiente de los años 80 en México, es la explicación de la directora Maryse Sistach, quien se refirió a éste como un «cine de tortas y chaparritas», debido al escaso presupuesto con el que contaban los artistas para realizar sus obras y el nulo apoyo gubernamental.

Ernesto Gómez Cruz, La víspera, 1982

La víspera es un trabajo sorprendente por su calidad histriónica, su aprovechamiento de recursos técnicos, la novedad del tema que aborda y la madurez, proximidad y profundidad con la que se presenta, pues narra la historia del ingeniero Manuel Miranda un político, en medio de la transición presidencial, que espera con ansiedad recibir «la llamada, primero del secretario presidencial y después del mismo señor presidente» para comunicarle que ha sido seleccionado para formar parte del nuevo gabinete.

Aunque la interacción entre los actores es obvia y necesaria, muchos de los diálogos se componen como pequeños monólogos, generalmente tomados en big close up, en los que vemos claramente el reflejo de la nostalgia por el pasado, y al mismo tiempo la incertidumbre por el futuro de personajes que continúan anhelando las glorias, y el poder de antaño. Porque si hay un tema preponderante en toda la película es sin duda el ansia de poder.

Por medio de los diálogos se hace un recuento de la historia de la política mexicana, desde Adolfo Ruiz Cortines (presidente de 1952 a 1958) hasta la llegada de los tecnócratas al poder y la entrada del neoliberalismo, que reconfiguró la vida de millones de mexicanos. Existen frases agudas y breves que resumen la visión de los políticos mexicanos: «el problema de los funcionarios mexicanos es la credibilidad». Y otras frases se convierten en máximas: «muchos dicen que la historia se repite. Es mentira. La historia la escribe quien tiene el poder».

Ernesto Gómez Cruz , La víspera, 1982

Y mientras examinamos esa ansia que consume a todos los participantes y allegados al ingeniero Miranda, asistimos también a la formación y transformación de otros personajes, principalmente de Margarita (María Rojo), quien se queda a lado del ingeniero por el puro placer de su compañía, también es la que no desea volver al mundo de la política, y la única que acepta la realidad para dar paso a su propia evolución.

Ana Ofelia Murguía e Ignacio Retes, La víspera, 1982

Realmente es de agradecerse el esfuerzo del director y guionista por presentar una película plagada de diálogos inteligentes que apelen al razonamiento del espectador y no presentar una sátira simple de un tema mil veces tratado, pero pocas veces profundizado, como lo es la política.

A diferencia de otras películas como La sombra del caudillo (Julio Bracho, 1960), la cual sufrió censura y mutilación debido a la manera de exponer a los políticos de su época, La víspera corrió con la fortuna de no ser censurada pues como el mismo director señaló «no hubo censura porque no pasó por los circuitos comerciales», declaró Pelayo, sin embargo, ello impidió que se distribuyera a gran escala y pese a haber ganado cuatro premios Ariel, tuvo que ser distribuida tal como fue producida: de manera independiente.

Vale la pena revisar esta película, analizarla y disfrutarla como cinta, como testimonio audiovisual de la manera de producir cine independiente, y como un retrato de la humanización de la figura de los políticos que en muchas ocasiones terminan por olvidar que sin importar su puesto público continúan siendo personas.

Naufragio

Conversando con… María Rojo

Por@kurenai_alex

«Cada cosa que hay en la película me trae un recuerdo, y pertenece a mi mundo» María Rojo

Como parte de las Conferencias magistrales organizadas por la Cineteca Nacional de México, se lleva acabo actualmente el ciclo Conversando con nuestros protagonistas, en el que, además de asistir a la presentación de la película, el público tiene la oportunidad de escuchar de voz de los propios participantes en las cintas las reflexiones sobre la creación, producción y actuación del cine mexicano.

A la izquierda el director Alejandro Pelayo, a la derecha la actriz María Rojo

Este jueves 5 de septiembre se realizó la presentación de Naufragio (1977), trabajo del director Jaime Humberto Hermosillo, protagonizado por María Rojo, quien asistió a la conferencia para exponer sus perspectivas del, en palabras del director de la Cineteca Alejandro Pelayo, «cine de autor financiado por el Estado».

Como parte de sus reflexiones la actriz destacó la trascendencia de este cine, que se encargaba de mostrar las condiciones sociales de la clase media contemporánea, sus conflictos, relaciones y vicisitudes. Además señaló a Hermosillo como uno de los mejores directores de su época, quien basado en la adaptación del cuento Mañana (1902) de Joseph Conrad, creó una historia que encapsuló la idea de la amistad entre dos mujeres.

Los trabajos de Hermosillo, en palabras de María Rojo, «exponen las costumbres sexuales de su época» y «analizan con la cámara, como una radiografía, a los personajes». La actriz también relató algunas anécdotas que muestran el escrupuloso trabajo que el director realizaba, la vinculación entre su visión y el desempeño de los actores, así como la labor de equipo que lograba hacer de estas películas un retrato de la realidad cotidiana de la clase media, ahogada en la monotonía de su vida cotidiana.

Mañana de Conrad narra la historia de el capitán Hagberd, marinero retirado, que pasa el tiempo hablando con su vecina Bessie, y amueblando su casa, mientras espera el retorno de su hijo que partió dos décadas atrás. Y aunque algunos tratan de convencerlo de que su espera es en vano, el sigue convencido de que, al más puro estilo de Shakespeare, su hijo llegará mañana, mañana y mañana…

Ana Ofelia Murguía y María Rojo en un fotograma de Naufragio (1977), de Jaime Humberto Hermosillo

Con Guión de José de la Colina, Hermosillo creó una historia en la que el capitán Hagberd es reemplazado por Amparito (Ana Ofelia Murguía), madre de familia, burócrata en oficinas del Departamento del Distrito Federal y habitante del edificio Sonora en Tlatelolco. Acompañada por su inquilina Leti, Amparo continúa su vida diaria a la espera de ver nuevamente a Miguel Ángel, su hijo, quien partió para convertirse en marinero dejando atrás el tedio de la vida de burócrata.

La única motivación de Amparo para seguir con su vida es volver a ver a su hijo, y en medio de su esperanzador delirio, termina por contagiar a Leti, que después de haber escuchado tantas historias de Miguel Ángel, cae perdidamente enamorada de la fantasía/recuerdo en la mente de Amparo y otros personajes, siempre dispuestos a narrar lo mejor de él.

Naufragio es un retrato fiel de la vida de los años 70, como tal se encargó de mostrar la vida de los empleados que ganaban «nada más 4200 pesos»; la economía estancada, puesto que el dólar estaba «a 20 pesos»; el papel de la mujer, que pese a encontrase en medio de la liberación sexual y contar ya con derecho al voto, seguía sufriendo acoso por parte de superiores y extraños. Muestra también los vestigios de una ciudad que se ha transformado con el paso del tiempo. Vemos un Zócalo capitalino lleno de jardineras con pastos verdes perfectamente podados, calles, avenidas y monumentos todavía en buen estado; y el metro, que a más de 40 años parece ser lo único que permanece constante: lleno a reventar, las mismas conversaciones, las mismas personas, o al menos los mismos personajes.

María Rojo en un fotograma de Naufragio (1977), de Jaime Humberto Hermosillo

La idealización, el acercamiento entre los personajes y sus más profundos deseos fueron capturados por la cámara de Rosalío Solano, a través de la cual nos adentramos en los momentos más íntimos de cada uno de ellos, visualizamos sus preocupaciones y caminamos por las mismas calles que transitan. Somos testigos del romance, la intriga, la desesperación y la necesidad de encontrar un motivo que le permita a los protagonistas continuar y al mismo tiempo soñar.

El diseño de arte, a cargo de Lucero Isaac, ayudó a que cada uno de los actores realmente se transfigurara para dar vida a sus personajes. La película se complementa con la música, añadiendo con ésta escenas realmente apasionantes, como el momento en que Leti baila al ritmo de Incertidumbre, alejada del tiempo y sus preocupaciones y se sumerge en la entonación de un instante perfecto. La melodía del mexicano Gonzalo Curiel, refleja perfectamente el momento que atraviesa Leti: inquietud que se mezcla con la emoción y la nostalgia de una situación realmente no vivida pero mucho tiempo anhelada.

Es necesario también destacar una de las escenas más impresionantes de la película, que de manera metafórica representa la conclusión a la que llega la historia: una ola monumental que se cuela en el departamento que Leti comparte con Amparito, y que arrastra todo consigo hasta llevarlo al mar.

Es preciso que continúen abriéndose espacios para la reflexión de trabajos como los de Hermosillo y sus contemporáneos, puesto que existe un vacío de conocimiento del cine mexicano, sobre todo de la época echeverrista, momento en el que como bien señalaron Alejandro Pelayo y María Rojo, surgió un grupo de artistas que decidían hacer cine «por la pasión de hacer cine», películas cercanas al público en el que los actores dejaban de ser figuras míticas e idealizadas para transformarse en seres reales, cercanos a su público.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar