Rambo: Last Blood

Por fans y para fans

Por @kurenai_alex

Finalmente llegó a los cines la última entrega de Rambo, personaje icónico del cine cuya primera aparición ocurrió hace 37 años. Basado en la novela del escritor canadiense David Morrell, Ted Kotcheff dirigió este filme cuyos derechos fueron comprados por Warner el mismo año que se publicó el libro (1972) aunque tuvieron que pasar diez años para que finalmente el proyecto pudiera gestarse con ayuda de Carolco Pictures, entonces productora independiente.

Sylvester Stallone en Firsts Blood, Ted Kotcheff, 1982

Rambo (First Blood) es una película que marcó un antes y un después en cine de acción, pues se encargó de crear un nuevo estereotipo de héroe. Así, al mismo tiempo que nos mantenía entretenidos con el despliegue de incesante acción, luchas interminables, carreras feroces y explosiones por todas partes, mostraba también la frustración, los conflictos, y la discriminación sufrida por los soldados que regresaban de Vietnam sin un lugar que los recibiera: en el país al que volvían eran asesinos o perdedores. Kotcheff lo encapsuló magistralmente en el discurso final de First Blood y demostró que también el mal llamado cine comercial, podía mantener una postura crítica y política.

Debido a que lo más importante para la industria es vender productos, el libro de Morrell, y su personaje, fueron modificados drásticamente para generar empatía con el público. Ya en ese momento Stallone mostraba su capacidad para analizar al espectador en su papel de consumidor de cine, la cual lo ayudó a generar a ese personaje oscuro, agresivo y silencioso, pero al mismo tiempo justo y magnánimo, cuyas cualidades superan al promedio pero que siempre serán puestas en favor del inocente.

Con el éxito de First Blood, era obvio que las secuelas no se harían esperar: tres años más tarde apareció Rambo II, y otros tres años después Rambo III. Y en 2008, cuando parecía que Rambo ya sólo era parte de la historia, Sylvester Stallone sorprendió al mundo con Rambo IV: To Hell and Back, escrita, producida, dirigida y actuada por él mismo. Cada una de estas nuevas entregas, en las que el discurso de protesta fue radicalmente olvidado, se alejó poco a poco del personaje de Morrell y creó un universo propio, en el que el héroe, John J. Rambo, podía incendiar el mundo y seguía teniendo el apoyo de los espectadores. Cada una de las nuevas historias presentadas era un pretexto para ver el despliegue de talentos de Rambo en combate.

Sylvester Stallone en Rambo: Firsts Blood Part II, George P. Cosmatos 1985

Lo mismo podía combatir contra vietnamitas, rusos, o la junta militar, ya todos sabíamos que al final John Rambo terminaría desencadenando una guerra de uno contra cientos, ganaría pero terminaría nuevamente solo, con los fantasmas del pasado como única compañía. Esa fórmula funcionó en cada una de las secuelas de la película original.

Aún así, el anunció de Last Blood y la premisa de que esta vez el enemigo sería algún cartel mexicano, sorprendió a muchos, agradó a los fanáticos, desató críticas entre los detractores de la saga y hubo quien se quejó porque ya no existe una diferencia estilística entre Rambo, Rocky o Barney Ross.

A diferencia de otras películas como It (, Andy Muschietti, 2019), el estreno se realizó hasta el viernes y no con la clásica función de media noche. La película estuvo disponible este 20 de septiembre a partir de las 11:30 am, una excelente hora para acudir al cine si no gustas de lidiar con los demás espectadores. Sorprendentemente, pese a ser un día laboral por la mañana, la mitad de la sala estaba ocupada. Es todavía más increíble darse cuenta de que el público que asistió (por lo menos a la función que me tocó) se componía en su mayoría por personas de la tercera edad, que se emocionaban con cada uno de los intrépidos actos del protagonista y sufrían también sus desgracias. He de decir que ha sido el mejor público que me ha tocado este año en una función de cine.

Sylvester Stallone en Rambo: Firsts Blood Part II, Peter MacDonald, 1988

No puedo asegurar que esta sea la entrega final. Ese Stallone es capaz de hacer «Rambo contra la demencia senil» en su afán por perpetuar al personaje, obtener ganancias, seguir de moda ¡o qué sé yo! Sin embargo, es un cierre monumental para una franquicia que logró mantener cautivo al público por más de tres décadas le pese a quien le pese.

La historia cuenta con todos los clichés de las secuelas anteriores, John Rambo finalmente parece haber obtenido una relativa paz mental y estabilidad social cuando un acontecimiento inesperado vuelve a arrebatarle todo lo que posee y él, desde luego, desata una nueva guerra para vengarse de los culpables de su pérdida.

Pero con todos los clichés y el enorme preludio para llegar al punto álgido de la historia, esta película cuenta con una estructura y una producción digna de aplausos. Por principio, está creada de manera independiente: no es necesario conocer el resto de las películas para disfrutarla, sentir empatía por el protagonista o seguir el hilo de la historia. No existen huecos argumentales, todas las preguntas que podrían quedar al aire se resuelven con diálogos, imágenes, referencias o recuerdos. La inversión y el elevado presupuesto sobresalen desde la primera escena, tan bien elaborada que ya desde el inicio nos introduce al universo de Rambo y nos recuerda de lo que es capaz el personaje.

Sylvester Stallone en Rambo IV: To Hell and Back, Stallone, 2008

A excepción de un par de encuadres que hacen un horrible zoom in para acercarse a los objetivos que filman, el resto de la fotografía fue cuidado, ilustrativo, y limpio. La música, a cargo de Brian Tyler, retoma el tema principal de la película original compuesto por Jerry Goldsmith como leitmotiv que nos recuerda que pese al paso del tiempo, a quien acompañamos en esta nueva aventura es nada menos que JOHN J. RAMBO, veterano de Vietnam, ex Boina Verde. Se construyeron otros leitmotiv para distintas situaciones de la película, pero éstos no generan la misma sensación de cercanía que el tema de Goldsmith y se limitan a cumplir con la misión de ambientar las escenas. La música preexistente también hizo su aparición, la mejor de todas las canciones empleadas es sin duda alguna Five to One de The Doors, la cual aparece en dos ocasiones y enmarca un acto de introspección para el personaje.

Esta película incluye algunas sorpresas argumentales, al contrario de Rambo II, III, y IV, la justificación para desatar la ira del personaje realmente se fundamentó apelando a los lazos sentimentales más que a su visceral personalidad. Pero no sólo él se configuró como un personaje más complejo, sino que incluso los enemigos adquirieron un nuevo nivel de profundidad, una personalidad que permite detestarlos y ver con buenos ojos cada uno de los siniestros actos del protagonista. Al mismo tiempo es la película más sangrienta de la saga y la más agresiva. No hay manera de no quedar sorprendido con los diálogos o acciones de los malos. Sobre todo frente al descaro de mostrar la colusión entre autoridades y traficantes de blancas de manera directa.

La experiencia de Adrian Grunberg como director de la segunda unidad de la serie Narcos: México, fue aprovechada perfectamente por Stallone en esta entrega, pues los diálogos y secuencias en las que los malos aparecen resultan siniestramente creíbles y reales.

En los dos últimos años de mi vida me he dedicado a crear una tesis completa que aborda la creación del personaje en todos sus universos a través de la hermenéutica, y puedo asegurar que esta es la mejor secuela realizada. Desde luego no se acerca ni por asomo al precedente que creó First Blood, pero cumple con ser una película entretenida, con actuaciones destacables, y producción favorable. Si este fuese el final, no podría haber mejor forma de terminar. Ahora, esperemos que de verdad sea el final y que no nos sorprendan con la aventuras animadas de Gasparían versión Rambo o algo semejante.

Rocky

La leyenda continúa

Por @kurenai_alex

No hay duda de que Sylvester Stallone es una de las figuras más grandes del cine hollywoodense de acción. Su participación en el ámbito cinematográfico va desde guionista hasta protagónico de sus propias películas, y las de muchos directores más. 

Sylvester Stallone en Rocky (Avildsen, 1976)

Su carrera como actor comenzó en el ámbito considerado el patito feo del cine: el porno. Pero su empeño y dedicación lo llevaron pronto por rumbos distintos. Para 1975 había participado por lo menos en nueve cintas, entre ellas Bananas (1971) de Woody Allen, pero fue hasta 1976 cuando su carrera despuntó. La película que lo colocó en la cima del éxito, y en la mira de directores como Bruce Malmuth o John Huston, no es otra que Rocky, la famosa historia del boxeador italo-estadounidense que de buenas a primeras consigue triunfar en el mundo del boxeo americano.

Fue en 1976, cuando un joven Sylvester, inspirado por la pelea entre Chuck Wepner, un boxeador prácticamente desconocido entonces, y el ídolo Muhammad Ali, se dio a la tarea de escribir el guión para realizar una película. Pero una vez que tuvo el guión, conseguir una casa productora que decidiera financiarlo no fue sencillo. El problema principal era que Stallone estaba decidido a encarnar el papel principal de la historia. 

Aunque el guión era llamativo, especialmente por su final un tanto inesperado que iba en contra de los cánones tradicionales del final triunfal, motivo por el que Avildsen decidió dirigir la cinta, los productores no creían conveniente poner a un desconocido en pantallas. Buscaban, como siempre, la fórmula ya probada de utilizar un rostro conocido para captar de inmediato a la audiencia. Sin embargo, Stallone se negó rotundamente. 

Después de una serie de dificultades, y con un presupuesto ridículo de 950,000 mil dólares, finalmente el rodaje de Rocky comenzó. El final de la historia todos lo conocemos, la película fue, y sigue siendo un éxito mundial, cuenta con siete secuelas y un sin fin de fans; todo esto sin hablar de la banda sonora, a cargo de Bill Conti, que se quedó grabada en la memoria de toda una generación, y de los múltiples premios que recibió la cinta, entre ellos el de Mejor película en los Óscares. 

Sylvester Stallone y Talia Shire en Rocky (Avildsen, 1976)

El argumento del filme es de sobra conocido, aun así haré un pequeño resumen. Rocky Balboa es un boxeador italo-estadounidense, que vive en los barrios bajos de Filadelfia. Para ganarse la vida se dedica a cobrar las deudas de Gazzo, amedrentando a los morosos que no pagan, además de participar en peleas de boxeo para aficionados. Por desgracia no le va bien ni en lo uno ni en lo otro. Por una parte, Rocky no es capaz de golpear por las buenas a los deudores, y por otra, su carrera como boxeador va en picada. La vida de Rocky se estanca y él mismo comienza a considerarse un fracasado. Ni siquiera su muy reciente relación con Adrian, hermana de su mejor amigo, lo rescata del abismo en el que se hunde lentamente.  

Sin embargo, Estados Unidos es la tierra de las oportunidades, al menos eso dice la película, y por azares del destino Rocky es invitado a competir por el campeonato mundial de pesos pesados contra el campeón Apolo Creed. Y ahí, la vida de Rocky comienza de nuevo…

Sylvester Stallone y Carl Weathers en Rocky (Avildsen, 1976)

Este es sólo el inicio de lo que sería una de las sagas más exitosas de la historia del cine comercial de Hollywood. Y no es que Rocky sea una obra de arte, simplemente es una cinta con un buen argumento y un trabajo actoral bastante decente. 

Lo que sí no se le puede negar es que cada una de las escenas de la película es un retrato del viciado mundo del boxeo en sus diferentes niveles. Y lejos de requerir un sobre análisis en busca de un significado oculto, de los simbolismos o el mensaje de superación, la película lanza de forma clara y quizá hasta involuntaria mensajes bastante directos. 

Haya sido o no la intención de su guionista, en la cinta se aprecian una serie de circunstancias sobre las que valdría la pena reflexionar. Vemos a los entrenadores tratar a sus estrellas como meros trozos de carne, lanzándolos a un ring con el único fin de conseguir dinero; a la multitud aplaudiendo el salvaje espectáculo; al hombre frustrado por la monotonía y el estancamiento, producto de los roles que desempeña en una sociedad en la que lo que importa es el mote que llevas, y una gran lista de circunstancias que no son ajenas a la realidad. Incluso hay un par de diálogos que pueden ponerte a pensar: «no te recordarán sino por tu reputación» o «tienes que ser imbécil para querer ser boxeador». 

Sylvester Stallone en Rocky (Avildsen, 1976)

Haciendo a un lado todas las posibles interpretaciones que pueda tener la cinta, Rocky es una de esas películas que cumple su cometido. No sólo es entretenida; sino que logra la identificación del protagonista con el público, a tal grado que no importa cuántas veces la hayas visto, en todas tienes la esperanza de que El semental italiano remonte la pelea y salga victorioso (y créanme, no importa cuánto grites nunca gana). Sin embargo, aunque lógicamente Rocky pierda en cada ocasión que ves el filme, no resulta decepcionante. Por el contrario, te deja esa extraña sensación de final de Champions League, en la que aunque muy merecidamente gane el Bayern, te sientes satisfecho porque su contrincante dio todo en el encuentro. 

Aunado a ello, es una de esas películas que puedes ver tantas veces como quieras sin cansarte. Se encuentra filmada de forma dinámica y durante los combates utiliza el mismo lenguaje de cámaras que se visualiza en las peleas de box hasta la actualidad, lo cual es un punto  a su favor. Si ya viste Rocky, no importa, ¡puedes verla otra vez! Y si no la has visto, es momento de que lo hagas. Y recuerda no importa que sea cine comercial, cine de arte, cine de autor, cine de culto, etcétera, porque al final el nombre que se le da no es más que una clasificación, una denominación que tiene sentido sólo para las fichas técnicas. Lo importante es disfrutar de las cintas, aprender de ellas, sean buenas o malas desde nuestra perspectiva, y ver de todo, porque finalmente es así como formamos un criterio propio en torno a cualquier tema ya sea arte, cultura, e incluso la vida cotidiana.    

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar